Ahonda investigador en el baile gay de los 41

En lo que es un hito para la historia de la homosexualidad en México, es la primera ocasión en que los nombres de los detenidos en la famosa redada del Baile de los 41 Maricones, ocurrida la madrugada del 17 de noviembre de 1901, aparecen en un documento oficial, más allá de las notas periodísticas que los difundieron entonces

Santos Queer: El baile de los cuarenta y uno (Santos Queer)

POR Antonio Bertrán

En lo que es un hito para la historia de la homosexualidad en México, es la primera ocasión en que los nombres de los detenidos en la famosa redada del Baile de los 41 Maricones, ocurrida la madrugada del 17 de noviembre de 1901, aparecen en un documento oficial, más allá de las notas periodísticas que los difundieron entonces

Siete de los detenidos en la famosa redada del Baile de los 41 Maricones, ocurrida la madrugada del 17 de noviembre de 1901, se ampararon contra la “conscripción forzada” a la que fueron condenados y recibieron, en todos los casos, una resolución a favor por parte de los Tribunales de Distrito de la Ciudad de México.

Juan Carlos Harris, un abogado que se autodefine como “historiador frustrado”, localizó dichos oficios en el Archivo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y dio a conocer su hallazgo el 9 de noviembre en el IX Seminario de Historia LGBT de Archivos y Memorias Diver-sas.

Se trata de un hito para la historia de la homosexualidad en México, ya que es la primera ocasión en que los nombres de los detenidos aparecen en un documento oficial, más allá de las notas periodísticas que los difundieron entonces.

Los nombres de los siete amparados son Pascual Barrón, Felipe Martínez, Joaquín Moreno, Alejandro Pérez, Saúl Revilla, Juan B. Sandoval y Jesús Solórzano.

Harris señala que los amparos permiten establecer que, incluso en su época, fue ilegal el castigo de la leva por el cargo de “faltas a la moral” que recibieron esos varones tras haber sido sorprendidos –la mitad travestidos de mujer— mientras se divertían aquel domingo de hace 115 años en una “accesoria de la cuarta calle de La Paz (hoy Ezequiel Montes, colonia Tabacalera)”, de acuerdo con periódicos como El Imparcial y La Patria.

“Los amparos también nos permiten tener la certeza de que esos siete nombres son verdaderos, porque sin duda los más hábiles declararon nombres falsos”, explica el abogado en derecho corporativo. “Algunos admiten haber estado vestidos de mujer pero se justifican diciendo que se trataba de un baile de disfraces”.

Uno de los que dio su nombre real, aunque no se amparó, fue Enrique Poupard, cuya historia ha podido rastrear el investigador a través de una sobrina bisnieta: Ivonne Poupard Larreategui.

“Cuando me ratificó que era su pariente y le dije, con mucho tacto, que había estado en el famoso Baile de los 41, se sorprendió pero positivamente, y me contó que ahora entendía por qué contaba su abuela que, a pesar de pertenecer a una familia con recursos y ser educado, el tío se había ido a trabajar como obrero del carbón a Estados Unidos; sonaba a destierro y a una especie de escarmiento”, explica Harris.

Un año tomó al investigador “armar el rompecabezas” sobre este suceso histórico, emblemático de la discriminación y el acoso hacia los gays porque el 41 se volvió, en palabras de Carlos Monsiváis, “la señal del choteo, la parodia, la descalificación sarcástica”.

El hilo de la madeja apareció cuando leyó en un diario de la época que a uno de los condenados le llegó el amparo cuando ya iba como soldado camino de Yucatán.

“Me negaba a pensar que yo fuera el único al que se le había ocurrido buscar en archivos judiciales, pero me hice a la tarea, un poco por ensayo y error, centrándome en los casos penales hasta que aparecieron los de conscripción forzada; de pronto cayó el primer nombre y luego, como racimo, los otros seis”.

Tras la redada del baile, en el que siempre se rumoró que estuvo Ignacio de la Torre, yerno de Porfirio Díaz, a quien se dejó escapar, los 22 que iban vestidos de hombre fueron remitidos al 24 Batallón, donde se les cortó el pelo, y los 19 en trajes femeninos llegaron a las barracas de “la Montada”.

“Quien ordenó que barrieran las calles de la ciudad vestidos de mujer, para exponerlos a las burlas públicas, fue el gobernador del Distrito Federal (Ramón Corral, después vicepresidente de Díaz), una pena que decidió por sus pistolas”, añade Harris.

Los también llamados lagartijos o jotitos que pertenecían a familias influyentes lograron evadirse, pero debido al revuelo popular, el proceso que se les siguió a los que no pudieron comprar su libertad tuvo “una velocidad inusual para la época”.

Cinco días después de la redada, el 22 de noviembre, fueron subidos a un tren y enviados a Veracruz por orden del inspector de Policía, Eduardo Veláz-quez, para luego embarcarlos con destino a Yucatán para combatir a los mayas.

“¿Cómo que el inspector de Policía da la orden, y por un asunto administrativo que eran las faltas a la moral son reclutados como leva? Fue un proceso con muchas irregularidades”, explica Harris.

Abunda que planea publicar en un libro sus pesquisas sobre los 41, y adelanta que espera constatar algunos datos y poder corroborar que son reales otros dos nombres.

Tomado de: El Sur. Periódico de Guerrero. Agencia Reforma. Diciembre 17, 2016.