Melancolía y la tarde solitaria de José María Álvarez

Cada quien tiene una relación distinta con las palabras que emplea a diario. Ya sean habladas o escritas, porque si una valiosa lección nos da la escritura es que sólo se trata del arduo ejercicio de pasar en papel lo que pensamos con palabras. Por eso a muchos se les dificulta escribir, se entiende, no consiguen poner en orden sus pensamientos

Suicide: depression, loneliness, worthlessness and isolation (Dherbs)

POR Óscar Garduño Nájera

Cada quien tiene una relación distinta con las palabras que emplea a diario. Ya sean habladas o escritas, porque si una valiosa lección nos da la escritura es que sólo se trata del arduo ejercicio de pasar en papel lo que pensamos con palabras. Por eso a muchos se les dificulta escribir, se entiende, no consiguen poner en orden sus pensamientos

Melancolía. En realidad no recuerdo el momento exacto en que di con esta palabra. Tampoco sé si son las palabras las que dan contigo o si es al revés. En todo caso pudo haber sido con una de las tantas lecturas que hice de Freud durante mi adolescencia. Aunque también pudo haber sido con la Anatomía de la melancolía de Robert Burton, publicada en 1621 y cuya lectura recomendaba ampliamente Jorge Luis Borges.

A veces ocurre que vas por el mundo y repentinamente das con palabras de las que ya no consigues zafarte. Y no es que signifiquen una carga. De hecho, hasta disfrutas el peso que pueden tener. Todas las palabras construyen su propio peso y para ello se valen de su sonoridad, desde ahí imponen su respeto. No es lo mismo cuando se pronuncian en silencio que cuando lo haces en voz alta. De ahí la musicalidad de la prosa de muchos autores. Por eso es importante admirarlas. No soy de los que creen que hay que faltarles al respeto. Ni el mismo Octavio Paz lo consiguió (y sí consiguió poemas desastrosos). Si aprecias el valor que tiene cada palabra puede que consigas dominarlas, empresa ésta casi imposible. Por eso hay tan pocos autores que valen realmente la pena. Me queda claro que escriben. También que publican como si el mercado editorial realmente demandara sus libros. Pero su musicalidad es desastrosa.

Melancolía. Un punto más allá de la vulgar tristeza. Eso lo sabían los antiguos y no dudaron en calificarla como una enfermedad del alma. Melancolía. Antes de la genial película de Lars Von Trier. Aceptemos que cada quien tiene una relación distinta con las palabras que emplea a diario. Ya sean habladas o escritas, porque si una valiosa lección nos da la escritura es que tan sólo se trata del arduo ejercicio de pasar en papel lo que pensamos con palabras. Por eso a muchos se les dificulta escribir, se entiende, no consiguen poner en orden sus pensamientos. Me incluyo.

Mi relación con la palabra “melancolía” se asocia en parte a un bello poema del poeta español José María Álvarez:

“La tarde solitaria

me está poniendo pantalones cortos”

Y punto. Desde José Juan Tablada, hasta Antonio Porchia o Nicanor Parra, en la tradición poética latinoamericana nos han enseñado que pueden existir versos tan simples y tan hermosos, como cuando sale el sol tras una tormenta. En este caso no necesitamos más y el propio Álvarez lo sabe. Acaso el suyo es uno de los poemas más sencillos de la lengua hispana. A mí me gusta su contundencia: quien habla nos da a conocer su sentir en un verso cortado a rajatabla. Es redondo como el mejor de los círculos y perfecto como el mejor bolillo sobre la charola negruzca a las seis de la tarde. Inmediatamente asocio los pantalones cortos con el frío, y aunque sé que es una de las asociaciones más sencillas y elementales no me importa dar explicaciones.

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José María Álvarez, furia, pasión y lujo (Luis Antonio de Villena)

Ahora vamos al significado que adquiere la tarde en el poema. Esto es algo mucho más complicado. ¿Se han preguntado por qué José María Álvarez no opta por la mañana o por la noche? Porque habría cambiado completamente la intención del poema. Quienes dominan de tal manera el lenguaje saben que no es lo mismo la mañana o la noche. Cada palabra parece encerrar su significado y desde ahí construir su comprensión. En cualquier poema se vale la apreciación personal y el de José María Álvarez tiene la mía. De alguna manera yo asocio lo solitario con las parejas. Es decir, antes no existió lo solitario, por eso es que destaca tanto justo cuando cae la tarde. No en la noche. Para mí es en la noche donde las historias de amor culminan. O se desarrollan cuerpo a cuerpo. Pero es en la tarde cuando los amantes se encuentran, se reconocen o se separan. Creo que no hay una buena historia de amor que no tenga una buena pizca de melancolía. Me gusta creer que es así. De aquí mi relación con la palabra.

Debía tener unos 20 años cuando di con el poema de José María Álvarez, incluido en el poemario Museo de cera, libro que para entonces era inconseguible y tuve que pedir desde España. Con esto quiero decir que hasta antes de este libro y de este poema yo ignoraba la obra poética del maestro José Luis Álvarez. Es más: ahora mismo me surgen mis dudas y no recuerdo si fue en un cuento o en una antología de Eusebio Ruvalcaba donde di con el poema, quien lo utilizaba a manera de epígrafe. A Eusebio muchos de mi generación le debemos algo. Ya sea porque siempre aprendes de la estructura de sus cuentos casi perfectos. Ya sea porque Eusebio es de los pocos escritores mexicanos que escriben desde una honestidad y una integridad que hoy día son difíciles de encontrar. A mi parecer Eusebio tenía las herramientas suficientes para destacar y opto por los caminos lowrianos de los excesos y de una escritura cuyas obsesiones temáticas terminaron por volverse repetitivas y por lo tanto anodinas.

Melancolía_3José María Álvarez, Mares de decadencia (Luis Antonio de Villena)

La tarde solitaria, nos dice Álvarez. Y agrega lo de los pantalones cortos para darnos a entender una desnudez que sólo puede ser del corazón. Me gusta pensar en las tardes solitarias. Ignoro por qué, pero además de asociar la tarde con los amantes la asocio con las despedidas. En mis películas las mejores escenas se desarrollan en la tarde. La discusión con aquella mujer que se dejó de amar. La despedida a gritos con aquella mujer con la que se compartió tanto y cuyo destino quiso llevarse lejos de tu vida. Eso también lo sabe Álvarez. Basta leer su obra completa. Las mejores borracheras comienzan en la tarde. Pero los amantes. Han llegado hasta ahí gracias a su empeño y cuando cae la tarde parece que el amor se les desmorona entre las manos. “La tarde solitaria me está poniendo pantalones cortos”. Qué sencillez. No hay mensajes cifrados ni significados de esos con los que los lingüistas creen entender la poesía. Una sola acción. De ahí mi relación con la melancolía. Para mí una tarde solitaria es una tarde melancólica. Estoy acostumbrado a tardes así. Ese momento donde algo dentro de ti se quiebra, como aseguró otro gran maestro, Rubén Bonifaz Nuño. También estoy acostumbrado a las despedidas en la tarde. Supongo que por eso me gusta tanto el poema de Álvarez. De cualquier manera una tarde solitaria también nos puede dejar un enorme aprendizaje. Lo pienso en estos momentos mientras me acerco a la ventana y suspiro. Lo hago como si trajera pantalones cortos, aunque seguramente yo me vería más ridículo que el mismo José María Álvarez. Cierro las cortinas. Estoy desnudo.