¿Son las viudas de escritores unas brujas?

María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges (EFE/Román Ríos)

POR Alberto Olmos

La viuda de Roberto Bolaño parece haber entrado en una espiral de animadversión similar a la de María Kodama, viuda de Borges,. Mientras que Max Brod, aquel que no quemó obra inédita de Kafka a pesar de que Kafka se lo pidió, es considerado un santo, toda viuda literaria es catalogada de inmediato como una bruja

Para qué engañarnos: siempre hemos odiado a María Kodama. La viuda de Borges es la encargada de gestionar los derechos de su obra, una de las más leídas, codiciadas, imitadas y estudiadas del siglo XX. Borges es de todos y María Kodama nos lo quiere quitar, pensamos. Es sólo una groupie que se coló de rondón en la historia de la literatura. El modo en el que se enseñorea de obra ajena nos resulta verdaderamente miserable. Como esas enfermeras que son amables con los ancianos en el geriátrico y luego heredan un millón de euros.

Dos casos recientes apuntalan nuestra animadversión, siempre necesitada de argumentos. Uno fue la amenaza de denuncia que hizo que Alfaguara retirara El Hacedor de Borges (Remake) de Agustín Fernández Mallo. El autor gallego tomaba el índice de este libro misceláneo de Borges y lo llenaba con sus cosas postmodernas. A Kodama no le gustó.

Menos todavía le agradó El aleph engordado, segundo caso. El argentino Pablo Kadchatjian añadió varios cientos de palabras al relato más famoso de su canónico compatriota y lo publicó con su firma. Esta vez la denuncia se hizo efectiva y, a falta de sentencia firme, el joven autor se enfrenta a una aplastante multa.

¿Cómo no odiar a Kodama?

Sin embargo, a lo mejor la odiamos de más.

La viuda y el albacea

Ha sido el cruce de artículos y pullas entre Ignacio Echevarría y Carolina López, viuda de Bolaño, a cuenta de la obra de éste, la que me ha puesto sobre la pista de un posible prejuicio: a lo mejor Kodama, y ahora López, viudas literarias, no son verdaderamente mezquinas ni manipuladoras; a lo mejor de lo que estamos hablando aquí es de simple, llana, típica y recalcitrante misoginia.

Kodama conoció a Borges cuando ella tenía 16 años. Desde entonces vivió en primera fila su carrera literaria, por dentro, por fuera y en diagonal. No puede decirse que no sea la persona más idónea para indicarnos, post mortem, qué le hubiera gustado a Borges que pasara con sus cuentos, si acaso le haría gracia que los versionaran, los tradujeran, los reeditaran o los adaptaran al cine. Como legataria de los derechos de autor, Kodama, no sólo puede, sino que debe realizar con rigor y coherencia una importante labor. Sin embargo, todos hemos creído siempre que nos estaba jodiendo a Borges.

Algo parecido, una maldición similar, está cayendo –están echando, más bien— sobre Carolina López. ¡Qué mala es!, parecen decirnos todos los que, motu proprio, se arrogan en paralelo algún derecho sobre la gestión de la obra de su difunto marido.

En el caso de Bolaño, hay hijos de por medio, lo cual nos lleva a preguntarnos si la viuda del autor, y madre de sus hijos, no estará haciendo muy exactamente lo que Bolaño querría que hiciera: velar por un corpus y asegurarse de que repercuta económicamente en beneficio de la prole.

Yo nunca había visto, en toda la historia de la literatura, que un crítico reconocido pretendiera poner en cada edición de la obra de un autor muerto un cartelón así de grande que anunciara a todo lector posible y probable lo siguiente: ¡había otra mujer en la vida de Bolaño!; que es precisamente lo que parece estar haciendo Ignacio Echevarría (albacea en excedencia de la obra del chileno), convirtiendo la salida de cada nuevo libro de Bolaño en una batalla de bajezas verdaderamente bochornosa.

Mientras que Max Brod, aquel que no quemó obra inédita de Kafka a pesar de que Kafka se lo pidió, es considerado un santo, toda viuda literaria es catalogada de inmediato como una bruja. Cabe preguntarse qué pensaríamos de un Max Brod que fuera –travistamos—  Maximiliana Brod, viuda de Kafka. A lo mejor lo que en Brod nos parece sensato y plausible, en Maximiliana lo hubiéramos juzgado impropio y subversivo. ¡Si tu marido te dice que enciendas un fuego, enciende un fuego, mujer!

Homenaje

Brujas_2Carolina López y Roberto Bolaño, en una fotografía de 2002

La actualidad ha querido poner a prueba mi re-consideración de la figura de María Kodama haciéndola coincidir con la publicación de Homenaje a Borges (Lumen), recopilación de las conferencias que la viuda del autor de El aleph lleva años dando por todo el mundo. Son interesantes.

Lo primero que hace Kodama es no llamar a Jorge Luis Borges, su marido, Jorge Luis, como hubieran hecho muchos en su misma situación. Llamando Borges a Borges consigue que nos la tomemos en serio.

Tampoco abundan –hay apenas dos momentos— las aclaraciones sobre la relación que mantuvo con el genio, ocultamiento que juzgo feliz.

Las conferencias se titulan casi todas Borges más algo; Borges y el tiempo, y la memoria, y la traducción… Kodama elige un tema y espiga decenas de citas de entre todo lo que escribió Borges y con eso ya tiene la conferencia y el sueldo justificados. Es simple, pero siempre es un gusto leer extractos intencionados (sobre todo de Borges).

La viuda se pone más sectaria al pretender en todo momento que su marido fue un modelo de caridad y de morigeración política. No encontraremos citas en este Homenaje como las que reunió hace años Esteban Peicovich en Borges, el palabrista. Cosas como éstas: “Los negros no han servido para otra cosa que para ser esclavos”; “Lorca era un andaluz profesional”; o sobre Eva Perón: “No me interesan las prostitutas.”

A Kodama no le gustan esos titulares.

Además, la autora afirma que Borges siempre respetó y siguió la obra de Julio Cortázar, desde que le publicó su primer cuento, “Casa tomada”, en la revista Los Anales de Buenos Aires.

Bueno, lo cierto es que en Sobre la escritura, conversaciones con Jorge Luis Borges (Fuentetaja) nuestro autor afirma no haber leído nada de Julio Cortázar después de aquel primer relato, afirmación que se me hace bastante más verosímil, vista la sombra que le iba haciendo el joven rayuelo y la miseria que se estilo en el mundo editorial.

La poesía de Borges es muy citada por Kodama. Francisco Umbral nunca perdonó a Unamuno que, en un poema, hiciera rimar Salamanca con palanca. Este gusto por la rima tonta es también muy de Borges, que tiene el cuajo de hacer rimar Buenos Aires con… aire, y universo con (adivinen) ¡verso!

Todo lo cual me inspira un legítimo ripio que abroche este artículo: yo, por las dudas, / me quedo con las viudas.

Tomado de: “Mala Fama”. El Confidencial. Diciembre 14, 2016.