Autómatas, robots e inteligencia artificial

El progreso cultural del Renacimiento en el siglo XV, los avances tecnológicos de la Revolución Industrial en el siglo XVIII, el auge de la literatura de fantasía y ciencia ficción a partir del siglo XIX, el nacimiento de las ciencias de la computación en la primera mitad del siglo XX contribuyeron a consolidar la idea de robot

La recepcionista Kodomoroid, uno de los androides más realistas del mundo, capaz de leer noticias (Plastiques Photography, cortesía del Science Museum)

POR Daniel G. Aparicio

El progreso cultural del Renacimiento en el siglo XV, los avances tecnológicos de la Revolución Industrial en el siglo XVIII, el auge de la literatura de fantasía y ciencia ficción a partir del siglo XIX, el nacimiento de las ciencias de la computación en la primera mitad del siglo XX contribuyeron a consolidar la idea de robot

Desde los albores de la civilización, uno de los grandes sueños del ser humano ha sido la obtención del poder para crear vida de forma artificial, la capacidad de insuflar energía vital a seres inanimados. Ese anhelo es el que dio pie en numerosas mitologías a la figura del autómata, estatuas o criaturas mecánicas que, gracias a artes mágicas o técnicas, se convertían casi en seres vivos.

De acuerdo con la mitología clásica, el inventor Dédalo construyó a Talos, un gigante de bronce que protegía la isla de Creta, En otras versiones, su creador era el dios herrero Hefesto, quien también fabricó otros sirvientes mecánicos. La tradición judía habla del Golem, un ser vivo de arcilla o piedra, y la cultura inuit, la de los esquimales, tiene a Tupilaq, una especie de monstruo de Frankenstein vengador.

Pero el hombre rara vez se ha conformado con la fantasía y no tardó en intentar que estos cuentos se hicieran realidad. Ya en la antigua China, la antigua Grecia y el Egipto ptolemaico, algunos ingenieros dieron vida a los primeros autómatas, ingenios mecánicos accionados por aire, agua o vapor. En el mundo musulmán destacó la figura de Al Jazari, matemático, ingeniero y escritor, considerado el padre de los primeros autómatas humanoides programables, cuatro músicos a bordo de un bote que, mediante accionamiento hidráulico, interpretaban melodías sobre un lago para entretener a los huéspedes durante las fiestas del rey.

El progreso cultural que llegó con el Renacimiento en el siglo XV, los avances tecnológicos que trajo la Revolución Industrial en el siglo XVIII, el auge de la literatura de fantasía y ciencia ficción a partir del siglo XIX, el nacimiento de las ciencias de la computación en la primera mitad del siglo XX y la expansión de la cultura popular en todos sus formas (cine, televisión, cómics, publicidad…) a lo largo de ese mismo siglo contribuyeron a consolidar la idea de robot, que en el siglo XXI afronta su siguiente gran salto evolutivo gracias a los ambiciosos desarrollos de inteligencia artificial.

La mezcla de tecnología y ficción han convertido a los robots en un elemento habitual de nuestro mundo globalizado, hiperconectado, obsesionado con la tecnología y saturado de estímulos pop. Todo el mundo conoce a C-3PO y R2D2, Terminator es un icono del concepto de la rebelión de las máquinas, las tres leyes de la robótica de Isaac Asimov son un credo para los aficionados a la ciencia ficción, el discurso final del replicante Roy Batty en Blade Runner es historia del cine, todo el mundo ha visto a ASIMO —el robot de Honda—, caminar, subir escaleras y también caerse, Sony lleva casi dos décadas perfeccionando a su perro robótico AIBO, la foca robot Paro es todo un fenómeno en Japón y ahora los seriéfilos andan fascinados con los realistas autómatas de Westworld. La lista de robots célebres, tanto reales como de ficción, podría ser muchísimo más larga.

Conscientes de la relevancia que han adquirido estos ingenios en nuestra sociedad y en nuestra cultura, y la previsible evolución que experimentarán a lo largo de este siglo, los responsables del Museo de la Ciencia de Londres han decidido dedicarles una gran exposición. La muestra, titulada Robots (término en realidad muy reciente, ya que nació en 1920 en una obra del dramaturgo checo Karel Čapek), recorre la evolución de estas máquinas desde el siglo XVI hasta nuestros días.

La exposición, que permanecerá instalada en el museo hasta el próximo 3 de septiembre, momento en el que iniciará una gira por Reino Unido, da la oportunidad a los visitantes de admirar el ingenio del hombre, capaz de realizar proezas técnicas con recursos a veces muy básicos, enfrentarse al temido uncanny valley o valle inquietante (el rechazo que producen las figuras antropomórficas excesivamente realistas y parecidas al ser humano) y asomarse a los prodigios que llegarán en las próximas décadas fruto de los desarrollos en robótica, inteligencia artificial y computación afectiva. La pregunta final es inevitable, ¿no será este un paso más en el camino hacia la profecía autocumplida?

Tomado de: 20minutos.es. Febrero 13, 2017.