La estética turbulenta de la Gran Depresión

Óleo de Edward Hopper pintado en 1940 (The Museum of Modern Art, New York/Scala, Florence)

POR: José Ángel González

La exposición Después de la caída muestra el turbulento clima estético que dominó la década siguiente al Wall Street Crash de 1929. En la muestra podrá verse, por vez primera fuera de Estados Unidos, la pareja dos campesinos pintada por Grant Wood. Es un repaso a la pintura estadounidense de la década de la crisis de los años 30

Durante la década de los años 30 del siglo XX, Estados Unidos vivió al borde del precipicio. Los efectos del crac de la bolsa de Nueva York de octubre de 1929 dejaron al país al borde del colapso: en 1933 la mitad de los bancos y 50 mil empresas cerraron y las acciones sólo valían 20 por ciento de su cotización. La población del país resultó dramáticamente salpicada: 15 millones de personas perdieron el trabajo, 30 por ciento de la de mano de obra.

¿Cómo respondió a la situación el arte de la década posterior al crac? La exposición America After the Fall: Painting in the 1930s es una panorámica sobre la respuesta de los creadores plásticos del país al turbulento clima económico, político y estético que dominó la década siguiente, escenario de la Gran Depresión, la más larga, de mayor profundidad y la que afectó a mayor número de países en el siglo XX.

La muestra, en la Royal Academy of Arts de Londres del 25 de febrero al 4 de junio, despliega casi medio centenar de pinturas seminales firmadas por algunos de los artistas más renombrados de la década, entre ellos Thomas Hart Benton, Georgia O’Keefe, Philip Guston, Edward Hopper, Alice Neel y Jackson Pollock.

Quizás la obra más conocida y desde luego el mayor atractivo de la exposición sea American Gothic, el retrato de dos granjeros impávidos y dramáticos de una zona rural de Iowa, pintado en 1930 por Grant Wood. Es la primera vez que el cuadro, muchas veces citado en la cultura popular del siglo, sale de las fronteras de Estados Unidos –es propiedad del Instituto de Arte de Chicago— para ser exhibido en el extranjero.

La pintura al óleo, de pequeño tamaño (78 por 65 centímetros), fue adquirida por el museo de Chicago tras la convocatoria de un premio dotado con 300 dólares. Wood (1891-1942), natural de la zona, pretendía que el retrato –una pareja de granjeros, padre e hija, posando sin emociones palpables en el rostro ante un granero— fuese una afirmación positiva sobre los valores rurales, una imagen de tranquilidad en un momento de gran dislocación y desilusión.

Supervivientes

Grant Wood, American Gothic, 1930 (The Art Institute of Chicago)

“El hombre y la mujer, en su mundo sólido y bien elaborado, con todas sus fuerzas y debilidades, representan a los supervivientes”, afirmaba el pintor, que utilizó como modelos a su hermana y el dentista que atendía a la familia.

El estilo de alto detalle y la rígida frontalidad de las figuras, inspiradas en el estilo de los artistas de la edad de oro del renacimiento flamenco que Wood admiró en un viaje por Europa, convirtió la pieza en un comentario plástico de carácter editorial sobre el carácter y la forma de ser de los habitantes del inmenso Midwest estadounidense. Centenares de veces parodiado y reinterpretado, en cine, televisión, publicidad, animación y otros soportes, el retrato sólo ha salido una vez de Estados Unidos, en 1949, para una exposición en Canadá.

Idílica y distópica al mismo tiempo

Desde la pinacoteca de Chicago explican que la obra de Wood conserva una interpretación abierta. “Ha sido vista como idílica y distópica al mismo tiempo”, porque, con una cualidad abierta que sólo contienen algunos cuadros, el espectador no puede estar seguro si se trata de una soflama tradicionalista y de honradez ciudadana, un anhelo nostálgico o una advertencia por la pérdida de un estilo de vida.

Tal como sucede con el óleo de Wood, una imagen que sido incorporada a la cultura popular estadounidense porque de ella emanan los sentimientos de desgracia, final de los buenos tiempos y un mutismo receloso y serio como respuesta, los artistas de la época se tomaron muy en serio lo crucial del momento para preguntarse, como dicen desde el museo, “¿qué es el arte estadounidense?” A la severa recesión económica del país y la creciente amenaza del fascismo en Europa y Asia, los pintores “aplicaron sus visiones personales sobre la nación para volver a plantear la modernidad”.

Identidad nacional

La deplorable situación social y la práctica quiebra financiera del Estado, empujado por la irresponsabilidad bancaria y los especuladores, fue un acicate para “forjar un nuevo arte sobre la identidad nacional”. Las 50 obras que reúne America After the Fall son de algunos de los pintores más valientes y personales de la primera mitad del siglo XX, entre ellos las dos rutilantes figuras de Hopper y O’Keeffe.

Las obras componen un recorrido estético que también es político y filosófico. Este “revelador retrato de la evolución de la psique de Estados Unidos” incluye la melancolía reflexiva de Hopper, uno de los primeros artistas en mostrar la soledad contundente de la vida en el siglo XX, pero también el audaz romanticismo de Thomas Hart Benton y sus compañeros regionalistas, que buscaban crear un arte nacional que glorificase al país como acicate para salir de la amargura.

Contra las políticas de la época

Thomas Hart Benton, Cotton Pickers, 1945 (© Benton Testamentary Trusts/UMB Bank Trustee/VAGA, NY/DACS, London 2016)

Pintores como Philip Evergood y Ben Shahn optaron por el realismo social y el activismo para protestar contra las políticas de la época, destacando las apremiantes necesidades de los aparceros nómadas, los inmigrantes judíos y otros miembros marginados de la sociedad. Los problemas raciales también salieron a la luz: Joe Jones representa de forma escalofriante el linchamiento de un negro y Aaron Douglas añade una visión más inclusiva de la cultura afroamericana en la epopeya estadounidense.

Otros creadores presentes son el realista Charles Sheeler; el grupo de cubistas de Park Avenue, que se dejaron llevar por los ecos vanguardistas que llegaban de Europa para presentar una realidad quebrada, y Paul Cadmus, que añadió a la crítica social un componente homoerótico novedoso en el país.

Los organizadores de la muestra opinan que ofrece una “mirada pionera” hacia la “turbulencia” en el mundo económico y político y, como prolongación, un “proceso de crítica y dinámica estética” que llevó a los principales artistas estadounidenses de la época a “repensar la modernidad” tras el “impacto devastador” de la Gran Depresión.

Un país en reconstrucción

Durante la década de los 30 las consecuencias de la inseguridad económica y las dificultades sociales, impulsadas por la urbanización masiva, la industrialización y la inmigración, repercutieron en un país que intentaba la reconstrucción y, en un plano más profundo, “redefinir su identidad”.

Los artistas experimentaron con estilos que van de la abstracción al regionalismo y el surrealismo, para abordar temas como el populismo, el trabajo y la protesta social. Con independencia del estilo, deseaban “ayudar a reparar una democracia dañada por el caos económico y político”.

Tomado de: 20 Minutos (España). Febrero 14, 2017.