Antoine de Saint-Exupéry: “A cielo abierto”

Antonio Iturbe en la Fundación Infante de Orleans (Copy Anna Turón)

POR Laura G. Torres

A cielo abierto describe no sólo el nacimiento de la aviación comercial con la conversión de la Aeropostal en la futura Air France, sino todo el contexto socio-político del final de la Primera Guerra Mundial y el nacimiento del nazismo y el fascismo que culminarán en la Segunda Guerra Mundial, en la que perderían la vida como piloto el autor de El principito

Francia, 1918, se crea la Sociedad de las Líneas Latécoère, una línea de correo postal que sólo acepta a los mejores pilotos. La empresa, luego bautizada como la Aeropostal y comandada con brazo firme por Didier Daurat, su director de operaciones y piloto de guerra durante la Primera Guerra Mundial, marcará importantes hitos en la historia de la aviación como realizar el primer vuelo nocturno o cruzar por primera vez la cordillera de los Andes y el Océano Atlántico. Y todo ello gracias a heroicos pilotos, pioneros de la aviación, como Henri Guillamet, Jean Mermoz y Antoine de Saint-Exupéry, a la postre autor del libro en francés más leído y vendido de todos los tiempos: El principito (1943).

Estos tres héroes y sus increíbles hazañas son los protagonistas de la épica A cielo abierto (Seix Barral), la obra del escritor y periodista Antonio Iturbe que sale ahora a la venta avalada por el Premio Biblioteca Breve 2017.

Iturbe (Zaragoza, 1967) fue uno de los muchos niños que quedó “fascinado” tras leer El principito con 12 años, pero siguió “tirando del hilo” y descubrió las “interesantes” novelas aéreas del piloto y escritor, como Correo del Sur (1928), Vuelo nocturno (1931) y Tierra de hombres (1939), obras que lamenta que no conozca más público: “En Tierra de hombres Saint-Exupéry brilla especialmente, porque era un gran contador de historias de sobremesa, y esa oralidad está maravillosamente retratada. Muchísima gente sólo conoce El principito, y es una pena que haya eclipsado una obra tan interesante”, explica el autor, fascinado con el mundo de la aviación.

“Siempre me ha gustado mucho leer sobre aviadores, como Amelia Earhart o Breyl Markha, y no sé muy bien por qué. Igual es porque soy muy cobardica y me admira mucho esa gente tan valiente que se sube a esos cacharros y se echan a volar”, señala.

Así, el autor de A cielo abierto se sirve de Exupéry, de Mermoz y Guillamet y de su amistad y amor por el oficio para “visualizar la panorámica de cómo aquellos pioneros encararon el inicio de la aviación civil”, en un libro que describe no sólo el nacimiento de la aviación comercial con la conversión de la Aeropostal en la futura Air France, sino todo el contexto socio-político del final de la Primera Guerra Mundial y el nacimiento del nazismo y el fascismo que culminarán en la Segunda Guerra Mundial, en la que perderían la vida como pilotos el autor de El principito y Guillamet –Mermoz murió antes en un vuelo transoceánico.

Iturbe ha necesitado cuatro años de trabajo para documentarse y construir esta historia con personajes reales y que tiene a priori “80 por ciento de realidad y 20 por ciento de ficción”, con momentos que se encuentran documentados y otros en los que el autor utiliza su imaginación, “pero una imaginación que intenta ser documentada y no alocada, como una especie de ensoñación”. Este mismo recurso lo ha empleado también para dibujar la personalidad de Saint-Exupéry, que ha construido “un poco empujado por lo que he leído y por los años que he estado acompañado por él” hasta el punto de convertirse en una especie de “amistad de la ficción de la literatura”.

Volar sin haber pilotado

Fondation Antoine de Saint-Exupéry (IWC.com)

Resulta increíble que el autor de A cielo abierto no haya pilotado jamás, e incluso que padezca de vértigo, por la forma tan fidedigna en la que describe la experiencia de estos pioneros de la aviación, aunque sí superó sus temores y dio el paso necesario para montarse en un Bücker de 1930, un biplano descabinado parecido a los Breguet que ellos pilotaban.

“Fue una experiencia estupenda. No son tan inestables como puede parecer y no tuve nada de vértigo. Es una sensación más parecida al vuelo de un pájaro, sientes que la flotabilidad del avión es como un corcho en el agua. Lo sientes seguro porque te parece que no va a caer, se integra muy bien en las corrientes de aire y me sirvió mucho para trasladar la sensación del pilotaje”, explica.

La novela también traslada fielmente cómo evolucionan los aparatos y la forma de volar en la considerada edad de oro de la aviación, es decir, cómo “lo que era aventura se convierte en un negocio” y cómo esto deja “descolocados” a estos pioneros pertenecientes a una época “en la que las cosas se hacían de forma más casera”. “Luego te das cuenta de que no es en vano, no es tiempo malgastado o una epopeya malograda, todo eso es una base. De la reunión de esas pequeñas compañías como la Aeropostal, nace Air France, y ese es el gran trampolín de la aviación de pasajeros europea y mundial. Aunque desapareciera ese tipo de vuelo de manera tan casera y peligrosa, fue un cimiento fundamental para la aviación que ahora conocemos”, añade el también director de la revista Librújula.

Esa evolución, que el periodista asemeja a la sufrida por el periodismo con la llegada de Internet, acabó también con la figura del héroe del aire, valientes que en el mundo actual podrían encontrarse en esos “héroes anónimos que hacen cada día cosas por la sociedad civil a las que no les damos demasiada importancia pero hacen posible que el mundo cada mañana levante la persiana”.

Guiños a El principito

Nunca sabremos cómo murió Saint-Exupéry (Vivelohoy)

A cielo abierto está plagada de guiños a El principito, desde el encuentro fortuito de Saint-Exupéry con un farolero hasta la noche en que desvelado comienza a dibujar una boa que ha engullido un elefante, un “juego” que Iturbe ha disfrutado mucho. “Para escribir pasas muchas horas solo y a veces es cansado y fatigoso, pero también te lo pasas muy bien y por eso escribimos porque lo cierto es que disfrutamos mucho. Aunque nos quejemos y lloremos somos unos privilegiados”, afirma.

Y sobre el oficio de escritor también reflexiona en la novela a través de su protagonista, una “tentación un poco inevitable” para cualquier autor. No obstante, matiza que su nueva novela versa sobre un Saint-Exupéry que escribió libros pero fundamentalmente era piloto: “Odio las novelas protagonizadas por escritores. Me parece de una pereza mental no tomarte la molestia ni en buscar algo. El hacer como un espejo de ti mismo me parece una vagancia absoluta. Aunque sí que es verdad que es inevitable a veces destilar un poco algo de eso que te da vueltas en la cabeza porque uno lleva muchos años escribiendo y a veces se pregunta por qué. Nunca encuentras una respuesta pero sigues escribiendo. Yo no sé porque las bicicletas no se caen, pero sigues pedaleando y al final te da el viento y lo pasas bien; pues seguiré pedaleando”, señala.

También “contagiado” por el escritor francés, al igual que El principito es mucho más que un libro infantil, A cielo abierto quiere también reflexionar sobre la naturaleza humana y el sentido de la vida porque Iturbe concibe la literatura como “algo que te lleve a alguna parte y que te cambie” para reflexionar sobre “cuál es nuestro lugar en el mundo”.

En esta línea, vuelve a centrarse en una historia basada en hechos reales, al igual que hizo con su anterior novela, La bibliotecaria de Auschwitz (2012), lo que obedece, por un lado, a que prefiere “contar vidas realmente mucho mejores que la mía, más ricas y variadas” y, por otro, a que cada vez se siente “más atraído por la fuerza de lo vivido”, y, de hecho, personalmente lee menos novela y más ensayo.

Y, ¿qué cree que opinaría Saint-Exupéry de su novela?: “Puff –resopla Iturbe. Lo primero que diría es que es muy larga. Tenía una frase que decía algo así como “la escritura perfecta no es cuando has puesto todo lo que podías poner, sino cuando has quitado todo lo que podías quitar”. Era un gran rompedor de hojas y de hecho sus libros son muy breves, incluso en exceso, porque creo que quitaba tantas hojas que a veces son un poco deslavazados y cuesta un poco seguir el hilo. Luego no sé si se vería a sí mismo retratado, porque es muy difícil cuando nos retratan los demás. Pero mi libro es un homenaje, está hecho con mucha ternura, mucho cariño y admiración. Yo espero que le hubiese agradado porque lo he hecho con el mayor afecto posible”.

Tomado de: RTVE.es. Marzo 9, 2017.