Virginia, nuevo escenario de homicidio serial

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POR José Luis Durán King

Las crónicas de la época señalan que el asesino de mujeres Harry Powers subió al patíbulo, lo hizo con una tranquilidad hasta entonces inédita en cualquier otro condenado. Al ver el buen arreglo con el que el criminal se presentó a su ejecución, un testigo exclamó con ironía: “Hasta parece que va a pedir la mano de su novia”

Con un bajo perfil, lejos de los reflectores mediáticos, el estado de Virginia (EUA) no ha estado exento de casos de homicidio reiterativo, un fenómeno criminal extendido en la Unión Americana.

En los años 30 del siglo XX; por ejemplo, un vendedor que ofrecía alfombras de puerta en puerta resultó ser el asesino de al menos cinco personas, entre ellas dos mujeres y tres menores. Harry Powers consiguió sus presas femeninas a través de anuncios en las páginas de corazones solitarios de diarios y revistas.

Powers fue ejecutado en la horca. En las crónicas de la época se lee que el hombre subió al patíbulo con una tranquilidad hasta entonces inédita en cualquier otro condenado. Al ver el buen arreglo con el que el asesino se presentó a su ejecución, un testigo exclamó con ironía: “Hasta parece que va a pedir la mano de su novia”.

Entre 1986 y 1989, un homicida entró a escena en Colonial Parkway. En ese lapso, tres parejas fueron asesinadas y de una más jamás se descubrió el paradero de Cassandra Lee Hailey y Richard Keith Call, desaparecidos el 9 de abril de 1988, después de haber asistido juntos a una fiesta de la universidad en la que estudiaban.

En ese episodio de violencia, una pareja de lesbianas –Cathleen Thomas, de 27 años, y Rebecca Ann Dowski, de 21— fue encontrada asesinada al interior de un automóvil. Los cuerpos de las víctimas presentaban huellas de quemaduras en cuello y muñecas, además de que fueron estranguladas y ambas sufrieron tajos profundos en la garganta.

El asesino o los asesinos no fueron atrapados.

El 22 de septiembre de 1987, los cuerpos de David Knobling, de 20 años, y Robin Edwards, de 14, fueron hallados en el interior de un refugio. Habían ido a acampar. La camioneta en que viajaban fue hallada tres días antes de que los cadáveres fueran descubiertos.

El 10 de febrero de 2014, la policía de Alexandria, anunció que había lanzado una cacería humana para hallar a un presunto asesino de dos personas. El sujeto ha sido descrito por algunos testigos como un hombre de la tercera edad, medianamente calvo, de cabello y barba blanca.

El 6 de febrero pasado, Ruthanne Lodato, de 59 años, fue a abrir la puerta de su casa después de que oyó sonar el timbre. La mujer no tuvo tiempo siquiera de sorprenderse. Fue abatida a tiros en cuanto se asomó.

El homicidio de Lodato, una maestra de música, sacudió ese distrito de Washington, D.C., habitado por una mayoría de trabajadores de cuello blanco, además de que alberga las oficinas centrales del Ejército de Salvación.

En noviembre de 2013, Ron Kirby, oficial de transporte, fue asesinado a balazos en el interior de su domicilio. Las investigaciones arrojaron que ni puertas ni ventanas fueron forzadas para facilitar el acceso del agresor.

Aunque las autoridades locales han mostrado cautela y evitado señalar que enfrentan las acciones de un homicida serial, los medios han desempolvado el caso de Nancy Dunning, una agente estatal, que también fue baleada en el interior de su domicilio en 2003.

Los tres homicidios comparten algunas similitudes –como la utilización del arma de fuego—, además de que los crímenes ocurrieron en un radio de aproximadamente cuatro kilómetros uno de otro.

Al tiempo que la policía busca un común denominador más consistente en los sacrificios, ha pedido a la comunidad que extreme precauciones, que utilice mirillas en las puertas o que averigüe desde alguna ventana quién toca la puerta.

El experimentado agente del FBI Brad Garrett no descarta que el criminal sea un homicida reiterativo. “¿Es posible que un solo tipo sea responsable de los tres homicidios?”, pregunta. Y él mismo señala: “La respuesta es sí”.