Black Mountain College: cuna del avant-garde americano

The Short Life and Long Legacy of Black Mountain College (The New York Times)

POR Patricia Martín

Durante los años 30 del siglo pasado, cuando el fascismo se hizo del poder, los humanistas europeos se dispersaron por el mundo buscando otras instituciones donde enseñar; así Josef y Anni Albers se mudaron a Estados Unidos, y fueron clave en llevar del modernismo europeo, especialmente el asociado con el Bauhaus, al continente americano

Josef Albers, conocido por sus cuadros Homenaje al cuadrado, una serie de más de mil variaciones de un mismo patrón geométrico, despojado de todo simbolismo para experimentar con la relatividad del color y su percepción; y por Interactuando con el color, uno de los manuales clave, hasta la fecha, en el análisis y la compresión del color, marcó profundamente el desarrollo del arte moderno en los años 50 y 60.

Josef Albers nació el 19 de marzo de 1888 en Alemania, trabajó como maestro de escuela antes de estudiar en varias academias de arte. En 1922 se inscribió en la famosa academia del Bauhaus, donde estudió vitrales antes de convertirse en profesor para esa institución, colaborando con artistas como Oskar Schlemmer, Wassily Kandisnky y Paul Klee. Cuando en 1933 los nazis cerraron el Bauhaus, Albers y su esposa Anni, una de las artistas textiles más importantes, se fueron a trabajar al mítico Black Mountain College, en Carolina del Norte.

El Black Mountain College fue establecido en 1933 como una escuela de arte de cuatro años, y cerró en 1956. Fue creado como un experimento de “educación democrática”, a partir de la idea de que la educación artística es igual de importante que las responsabilidades comunes para el desarrollo artístico. Al principio la escuela funcionó sin salarios y sin una administración ni un consejo, es decir, que los profesores eran libres de enseñar lo que quisieran, y los alumnos podían escoger el currículo que querían estudiar, anteponiéndose al sistema universitario clientelar de Estados Unidos.

El aprendizaje y el modo de vida estaban intricados; la educación era gratuita, los estudiantes y los profesores, además de las clases, tenían que realizar trabajos comunitarios en la granja, en la construcción del edificio, en la preparación de los alimentos, etcétera. El college se convirtió en la cuna del avant-garde americano, con alumnos como Willen de Kooning, John Cage, Merce Cunningham, Robert Rauschenberg o Cy Tombly, entre muchos otros que tuvieron un gran impacto en la música, la danza y la poesía.

Los Albers –probablemente más por iniciativa de Anni— fueron grandes viajantes, y durante los años 30 y 60 realizaron 14 viajes a México, país que recorrieron extensamente. Fueron grandes coleccionistas de arte prehispánico y amigos de Barragán; sus visitas a las pirámides reforzaron el cosmos geométrico de Josef, y Anni introdujo más color en sus piezas; Josef dio un curso en la UNAM y Anni hizo piezas para Legorreta. En 1935, Albers le escribió una carta a Kandinski diciendo que México era la tierra prometida del arte porque llevaba tanto tiempo existiendo aquí.

Josef declaró una vez: “Aunque la técnica es una palabra importante para mí, nunca enseñé cómo pintar. Todo mi quehacer impulsa a la gente a aprender a ver. En vez de arte enseñé filosofía”.

¿Cómo se convirtió una escuela operada como una granja, basada en Carolina del Norte al final de la Gran Depresión, en un parteaguas de la creación artística del siglo XX? Este establecimiento se benefició de su situación periférica al mundo del arte y, sobre todo, de su dinámica de cooperación e intercambio con profesores y alumnos extranjeros.

Por la naturaleza de nuestra economía, cada vez nos convertimos más en una sociedad de ideas y de conocimiento. El poder humano proviene de la cooperación, de la habilidad de simpatizar y entender al prójimo, de ponernos de acuerdo, y ese intercambio se dará cada vez más, a pesar de los muros, a pesar de réplicas de formas de fascismo.

Tomado de: El Financiero. Marzo 23, 2017.