Historias de miedo para contar en la oscuridad

Llega a México “Historias de miedo para contar en la oscuridad (Periódico Enfoque)

 

POR Óscar Garduño Nájera

Historias de miedo para contar en la oscuridad (Océano, Gran Travesía 2017) son de esos libros que deberían traer impreso en la portada: léase bajo su propio riesgo. Lo que se nos presenta a través de sus páginas son distintos ejercicios narrativos seleccionados por Alvin Schwartz y bellamente (macabramente) ilustrados por Brett Helquist

No soy fiel lector de historias de terror y susto, y no porque las crea fantasiosas, sino porque me dan miedo. Es la pura verdad. Sin embargo, sí sé que las historias de este tipo tienen sus propios mecanismos de funcionamiento, que constituyen por sí solas un género literario que goza de mucha fama entre los jóvenes. No me pregunten por qué. Eso sí: durante mi formación como lector pasé, como la mayoría, por Horacio Quiroga, Edgard Allan Poe y Guy de Maupassant, tan sólo para citar a los que a mi juicio son algunos de los más representativos de dicho género.

Historias de miedo para contar en la oscuridad (Océano, Gran Travesía 2017) son de esos libros que deberían traer impreso en la portada: léase bajo su propio riesgo. Lo que se nos presenta a través de sus páginas son distintos ejercicios narrativos seleccionados por Alvin Schwartz y bellamente (macabramente) ilustrados por Brett Helquist. Ustedes encontrarán desde relatos recogidos desde el folklore tradicional de terror, hasta cuentos breves y leyendas de todo tipo, algunas de ellas incluso con un buen toque de humor.

Se agradece tanto la selección como el cuidado que se puso a la edición: letra a muy buen tamaño, justo para ser leída, como su título lo indica, para contar en la oscuridad. Presiento que es un libro de acercamiento cuya temática llevará a más de un joven a dar no sólo con su primera grandiosa lectura, sino a ir por más, pues al final nos proporcionan una muy buena documentada bibliografía. Recomendable para todo tipo de edades, eso si es que no son tan miedosos como el que esto escribe.

El espíritu de la Ciencia Ficción

POR Óscar Garduño Nájera

Algo ocurre cada que sale un nuevo libro de Bolaño. Pareciera que no está muerto, que se nos vendió el cuento pero que continúa escribiendo prolíficamente desde alguna covacha de la Roma. En esta ocasión se trata de una novela inédita que Alfagura publica luego de adquirir los derechos de la totalidad de la obra literaria de Roberto Bolaño. Se trata de una de sus primeras novelas y de entrada hay que verla como tal.

Si bien es cierto que observamos una prosa mucho más fresca y original del autor chileno, también podemos comprobar algunos de los vicios que habrían de permear su obra en su totalidad. Algunos no han dudado en señalar que El espíritu… se trata de una novela iniciática y me parece que en algunos puntos sí lo es; no obstante, casi al llegar a la mitad la historia se vuelve demasiado predecible y, sobre todo, agotadora: hay a mi parecer un excesivo uso de recursos narrativos para una novela que en realidad es breve. Insisto: es como si Roberto Bolaño escribiera más para causar un efecto en el lector, sin que por ello realmente se interese en la historia que nos está contando.

Carece, además, de personajes cuya originalidad quizá sí la encontramos en, por ejemplo, Los detectives salvajes (1998), toda una novela de culto que todo admirador de Roberto Bolaño debe tener en el altarcito. La novela no es de ninguna manera mala, de hecho, se admira que este primer Bolaño tenga ya tan claros los elementos narrativos de cualquier novelista que apenas da sus primeros pasos; pero se vuelven repetitivos, dejan de sorprendernos, caen en el tedio, y de una historia grandiosa que parecía nos presentaba al inicio de la novela no queda sino el intento de una novela, por más que Christopher Domínguez Michael, quien escribe el prólogo, la llene de halagos con una solemnidad propia de un enterrador y no de un crítico literario.

¿Recomendaría El espíritu de la Ciencia Ficción de Roberto Bolaño? Para los admiradores de Bolaño, que parecen multiplicarse a la par que los de Murakami, es una lectura indispensable, ya que, sea mala o buena, ellos son incondicionales con su ídolo, le perdonan todo, le justifican todo, y cuando alguien les hace notar que están equivocados en sus apreciaciones nada objetivas se ponen justo como se pondrían los admiradores de Murakami si les dijeran que sus novelas parecen hechas con un enorme machote donde por un lado metes las palabras, las ideas, y por el otro, como máquina para hacer tortillas, te sale la novela ya hecha, lista para venderse como splenda entre los diabéticos.