Imágenes rescatan colección de cerebros de un hospital mental

(Adam Voorhes y Alex Hannaford)

 POR Helena Celdrán

Un libro reúne imágenes de los cerebros procedentes de pacientes que murieron entre los años 50 y 80 en el Hospital Estatal de Austin. El fotógrafo Adam Voorhes documenta las texturas y particularidades de los órganos y el periodista Alex Hannaford indaga en las historias y diagnósticos

Hay cerebros que delatan la anomalía con sólo mirarlos, como el del paciente con lisencefalia, una patología que causa la ausencia de los pliegues normales en el órgano. El tamaño también indica que se trata de un niño: muchos de los pacientes con lisencefalia mueren antes de cumplir los dos años. No todos revelan un trastorno grave, también hay ejemplares destinados al aprendizaje, a veces conservados unos sobre otros en formol, en la misma jarra de cristal.

El fotógrafo Adam Voorhes se fijó en 2011 en la colección de cerebros de la Universidad de Texas, a pesar de su extensión y variedad, pasada por alto por docentes e investigadores. Se obsesionó con la idea de documentar los especímenes de cerca, en fotos de gran formato que revelaran las texturas y las particularidades. Ansioso por saber más de la procedencia de cada uno, se alió con el periodista Alex Hannaford, que se encargó de recolectar historias y diagnósticos.

Malformed: Forgotten Brains of the Texas State Mental Hospital –editado por la neoyorquina PowerHouse Books— es un tomo con el trabajo del dúo estadounidense. Las imágenes de Voorher se completan con ensayos de Hannaford y forman un archivo de ejemplares de pacientes de entre los años 50 y mediados de los 80. El responsable de la colección fue el doctor Coleman de Chenar, patólogo y médico residente del Hospital Estatal de Austin.

Batalla por los cerebros

Cuando De Chenar murió en 1985, el centro ya tenía 200 cerebros a su disposición, pero parece que eran demasiados y había interés por encontrar otra institución que los aprovechara. Hannaford se refiere a artículos de prensa de la época, que hablaban de una “batalla por los cerebros” entre universidades de todo el país. Al final, el Hospital mental estatal de Texas, que pertenece a la Universidad de Texas, se hizo con ellos en 1986.

De manera inexplicable, el centro almacenó la colección y apenas hizo uso de ella hasta ahora, incluso durante un largo periodo de tiempo se traspapeló y se dio por perdida. El trabajo documental de Voorher y Hannaford ha revivido el interés, ha captado la atención de las revistas médicas y ahora la institución planea hacer tomografías por resonancia magnética para ampliar conocimientos sobre los trastornos relacionados con uno de los órganos más desconocidos de nuestra anatomía.

Piezas abstractas

Algunos no están en un estado idóneo, es necesario cambiar el formol cada cierto tiempo y muchas jarras muestran el líquido opaco e incluso amarronado o las etiquetas (escritas a máquina) ya ilegibles por haber estado expuestas a la humedad en los almacenes.

Voorher retrata cada cerebro con dedicación, los saca del letargo del recipiente y los coloca sobre gasas médicas o en un cristal donde se reflejan como en exquisitos bodegones.

“Al principio, sentí que era muy importante permanecer objetivo y tratar la colección con el mayor de los respetos. Sentí que la disciplina era necesaria para documentar y catalogar (…). En la segunda sesión fotográfica, rompí con ese corsé. Necesitaba relajarme. Empecé a estudiar la forma y las texturas, tan notables en algunas jarras. El resultado fue una pequeña serie de piezas abstractas”, dice el artista.

Tomado de: 20minutos.es. Diciembre 26, 2014.