Puto país, putos ciudadanos

No hay futuro. En ningún partido político. En ningún líder. Todos están cortados con la misma tijera y muchos de ellos quisieran estar en las circunstancias propicias para llevarse su buen fajo de ganancias. Perdimos al país. Lo estamos perdiendo con tantas muertes. Y lo que es ahora sólo es un aviso de lo que nos espera en los próximos años

En México falla todo y parece no haber una luz: Javier Valdez (SinEmbargo MX)

POR Óscar Garduño Nájera

No hay futuro. En ningún partido político. En ningún líder. Todos están cortados con la misma tijera y muchos de ellos quisieran estar en las circunstancias propicias para llevarse su buen fajo de ganancias. Perdimos al país. Lo estamos perdiendo con tantas muertes. Y lo que es ahora sólo es un aviso de lo que nos espera en los próximos años

  1. Me tengo que incluir. Hoy he protestado a través de Facebook. Lo he hecho por popularidad. No es que me sienta un líder de opinión, pero de alguna forma hay que ser políticamente correcto. Ya saben. Publicaciones del tipo: Chingo de muertes. Ni una más. Otro periodista asesinado. Hasta compartí algún recuerdo que ni siquiera tenía con el periodista muerto pero que bien tuve a inventarlo, ¡total!, no creo que vaya a protestar. Ya no. Resultado: obtuve muchas caritas, de esas rojas, de esas que te hacen pensar que del otro lado de la pantalla realmente están encabronados. De esas que simulan una rabia apagada y vergonzosa. Algunas de mis amistades hasta compartieron el contenido. Muchas de ellas almas rebeldes de naturaleza indómita que lo mismo comparten un video de Metallica que un post de Chomsky o de Bakunin. Otras de mis amistades les dieron likes a mis publicaciones. Me gusta. Sé que ustedes no lo ven como un mero acto de exhibicionismo sino como un acto de absoluta protesta que lo mismo va contra EPN que contra el alza en la tarifa del transporte público. Gracias a mis amistades de Facebook. Me voy a la cama un poco animado. Las cosas no están tan mal cuando lees tantas protestas en Facebook. De eso se trata de unos años a la fecha. La indignación dura lo que queremos que dure la publicación en nuestros muros. Pero, ¡chin!, siempre hay algo nuevo que publicar y es cuando damos vuelta a la página. Fotografías. Presumir logros laborales. Logros personales. Llevo una semana sin fumar. Hoy me di cuenta que ya bajé cuatro kilos gracias a las manzanas rojas. Lo caro del aguacate. Fotografías con el novio o con la novia. Caritas idiotas y chingo de likes. ¡Hacen tan bonita pareja! ¡Deberían pensar en el casorio! Lo saben quienes pretenden imponer el terror de salir a la calle o el terror de que tengas que cuidar lo que escribes porque te puede cargar la chingada. Hasta hace poco asociar las palabras con la chingada nos traía ecos de Octavio Paz; hoy nos trae cadáveres bien fotografiados a plena luz del día. Lo saben quienes destruyen el futuro de las generaciones que vienen. Qué jodido país. Puto país.
  2.  El nivel de complicidad que tenemos sobre nuestros hombros se remonta a lo que ya divisábamos hace algunos años. Porque de alguna manera sabíamos que el país se estaba yendo a la mismísima mierda. Es más: en algunas ocasiones hasta sabíamos quiénes eran los que se encargaban de conducir el barco al desastre. Salimos a las calles con pancartas y gritos. Quién sabe cuántas marchas hubo. Seguro alguno de los tantos combativos lleva la cuenta. Luego volvíamos a nuestras casas, tranquilos. O en ocasiones, si las marchas finalizaban en el Zócalo, y con las altas temperaturas, nos dábamos la oportunidad de pasar a una cervecería y emborracharnos en nombre de la protesta de ese día. Putos ciudadanos.
  3. La estructura es la del terror. Una política del terror que busca imponer su miedo en todos los ciudadanos. Ya no puedes salir sin el riesgo a que te asalten. Hoy, por ejemplo, tan sólo hoy, me enteré de tres amigos a los que les robaron su celular. La paradoja es que de los objetos más robados estén los celulares en un país que en ocasiones padece la peor de las incomunicaciones no porque falten periodistas valientes, sino porque los grupos de delincuencia organizada, en contubernio con las autoridades, se encargan de callar ahuevo a quien quiera hablar. Y si no bala. Total, unos cuantos días y todo vuelve a la normalidad. Estamos en el país de pasa todo, pero todo se olvida. Puto país.

Peña Nieto condena el asesinato del periodista Javier Valdez (Periódico am)

  1. De acuerdo con una nota del periódico El Universal, con el asesinato de Javier Valdez se posiciona a México como uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. He aquí el macabro recuento:

*El 2 de marzo mataron a Cecilio Pineda Brito, un periodista independiente en el estado sureño de Guerrero.

*El 19 del mismo mes, en Veracruz, mataron al columnista Ricardo Monlui.

Cuatro días más tarde ejecutaron a Miroslava Breach, reportera del periódico La Jornada, a balazos frente a su casa en la ciudad norteña de Chihuahua.

*El 14 de abril mataron en la ciudad de La Paz a Maximino Rodríguez, periodista de un medio local de Baja California.

*El 2 de mayo a Filiberto Álvarez, reportero de una radio de Morelos.

La nota asegura que «el Comité para la protección de los Periodistas (CPJ por sus siglas en inglés) señaló en un informe este mes de mayo que ‘la impunidad endémica permite a los grupos criminales, los funcionarios corruptos y los cárteles de la droga silenciar a sus críticos”. A manera de ignominia lo más estúpido que uno puede escuchar es: “Pues es que se meten en broncas”. “Pues es que quién sabe en qué líos andaban metidos”. “Seguramente nos les llegaron al precio”. Putos ciudadanos.

  1. En una de sus últimas declaraciones al periódico español El País, Javier Valdez le pide disculpas al periodista, “las cosas están muy cabronas”. Puto país.
  2. La indignación ciudadana es directamente proporcional a las protestas mediáticas que se realizan en las distintas redes sociales. Ciudadanos de a pie, ¿suponemos que con eso basta, que eso será suficiente para parar el asesinato de periodistas en el país o, por el contrario, es una discreta manera de indignarnos, emoticones de enojo, compartir notas, el universo de las redes es tan amplio como cerrado, no les parece? Alguien saca tajada de lo que ocurre. Llámese crimen organizado. Llámese gobiernos y autoridades corruptas. Alguien se ríe cada que salen a pararse frente a la Secretaría de Gobernación para exigir el alto al asesinato de los periodistas. “Sí, ajá, lo que ustedes pidan”. ¿Y luego? ¿Cuántos son los periodistas que en este momento viven al borde del terror, que prefieren no escribir lo que saben no por miedo, que en oficio es lo que menos se tiene, sino porque tienen familia, porque han recibido amenazas de muerte, porque no hay mejor amenaza que la que va acompañada de una ilustración o de una muerte, “te puede tocar a ti, hijo de la chingada”, delete al texto en la pantalla de la computadora, no te quieres volver a acordar de él, a partir del día siguiente escribes reseñas de hoteles cinco estrellas. Putos ciudadanos.
  3. La fórmula es muy clara y terrorífica: mientras más avance el crimen organizado, mientras más compre a las autoridades, más periodistas asesinados habrá. El silencio de las balas, como en la Revolución. El silencio contra el miedo que impone un cuarto poder que ha dejado de serlo. El silencio para que no publiques lo que sabes. Perdimos la batalla. Puto país.

8. No hay futuro. En ningún partido político. En ningún líder. Todos están cortados con la misma tijera y muchos de ellos quisieran estar en las circunstancias propicias para llevarse su buen fajo de ganancias. Perdimos al país. Lo estamos perdiendo con tantas muertes. Y lo que es ahora sólo es un aviso de lo que nos espera en los próximos años. Para que lo sepan, lo que viene será lo mismo, sólo que peor. Reviso mi Facebook. Qué lindo es ver a los ciudadanos encabronados. Habrá una manifestación frente a la Secretaría de Gobernación dentro de algunas horas. Hay que ir y pensar en lo revolucionario que resulta tomar o tomarte fotografías en medio de las protestas. Que no se diga que eres un mexicano inconsciente. A la mierda.