Los mapas-dogma: cartografía y mensaje religioso

(Kartografie a Geoinformatika)

POR Carlos Prego Meleiro

Para los autores cristianos lo importante no era elaborar planos rigurosos sino sacar el máximo provecho a la cartografía como un instrumento al servicio de la religión. Ese enfoque se aprecia lo mismo en las referencias a escenarios bíblicos que en la concepción del orbe, que se ajusta de forma literal a lo que recogen las Sagradas Escrituras

Empapados de teología cristiana, supersticiones y una rica narrativa fantástica, los europeos del Medioevo desarrollaron lo que algunos autores han bautizado como “mapas-dogma”: mapamundis en los que el relato bíblico desempeña un papel crucial. Tanto, que en ellos no es extraño encontrar representados el Paraíso Terrenal, la Torre de Babel o el temido pueblo de Magog. Su objetivo no era ubicar de forma precisa dónde se encontraban esos escenarios e hitos bíblicos. Ni siquiera importaba diferenciar claramente lo real de lo irreal. Lo crucial en esos planos era inculcar un mensaje religioso, “reconocer en la realidad aquello que la imaginación y la tradición daban por cierto”, en palabras del profesor Jesús Ma. Porro Gutiérrez

Como muchas otras ramas del saber, la cartografía disfrutó de un importante impulso al amparo de las civilizaciones helénica y romana. En el Mileto del siglo VI a de C. nació la Geografía como ciencia. Sabios como Tales, Anaximandro o Hecateo –autor este último del que se considera el primer ejemplo “moderno” de cartografía— le dieron un impulso crucial. Sin embargo, al igual que otras tantas disciplinas científicas y artísticas, todo ese desarrollo se frenó en seco tras la caída del Imperio Romano y la expansión de los pueblos germanos. El cambio de era removió los cimientos del saber cartográfico. Como recuerda Porro Gutiérrez, el auge del cristianismo durante los primeros años del Medioevo llevó a cuestionarse el principio mismo de la esfericidad terrestre: “El concepto de una tierra plana, apoyada en las aguas inferiores y cubierta por las de la bóveda superior, encima de los cielos, fue muy sugerente para los primitivos padres de la Iglesia por su simbolismo religioso”. Los autores europeos vuelven así a las crónicas de Solino, Macrobio o Marciano Capella, con pasajes que promueven una “visión geográfica sobrenatural”.

Las descripciones físicas precisas y la búsqueda del detalle exacto pierden interés en favor de consideraciones simbólicas. Para los autores cristianos lo importante no es elaborar planos rigurosos, sino sacar el máximo provecho a la cartografía como un instrumento al servicio de la religión. Ese enfoque no sólo se aprecia en las referencias a escenarios bíblicos –como el Arca de Noé, la Torre de Babel o Gog y Magog— sino en la misma concepción del orbe, que se ajusta de forma literal a lo que recogen las Sagradas Escrituras.

Dos ejemplos: fiel al pasaje del profeta Ezequiel 5:5 (“Esto dice el Señor Dios: ‘Todo esto se refiere a Jerusalén. La establecí en medio de las naciones, rodeada de países’”) Jerusalén se situaba en el centro de los mapamundis, que se representaban con una circunferencia. Del mismo modo, para respetar el versículo del Génesis 2:8 (“El Señor plantó un jardín al Este en el Edén”), el Paraíso Terrenal se dibujaba en el Este, en la parte superior del orbe. En el interior de esa circunferencia se fijaban tres grandes masas de tierra: Europa, África y Asia –los continentes asignados a los hijos de Noé: Sem, Cam y Japhet. Cada una de ellas permanecía delimitada por tres mares. Asia estaba separada de África por el Nilo y de Europa por el Don (Tanais). Ambos ríos formaban la parte superior de una letra “T” imaginaria, mientras el Mediterráneo, que mantenía alejados Europa y África, componía su segmento vertical. La “O” en la que se enmarcaba esa “T” horizontal la formaba el Océano exterior, que se dibujaba como un gran círculo. Por esa peculiar composición estos mapas se conocen como “Mapa de T en O”, “Mapa de rueda” o “discarios”. Ese modelo “tripartito”, con los tres continentes, ya era empleado en la antigüedad greco-romana. Norman J.W. Thower recuerda que su estructura cartográfica recoge conceptos como las nociones ejemplificadas por Crates. El detalle que caracteriza las elaboraciones medievales es su profunda y elaborada carga teológica, lo que les lleva –entre otras cuestiones— a fijar a Jerusalén en su mismo centro.

Extracto de: Mapas medievales para no perderse en la búsqueda del Edén. e-ciencia. Junio 6, 2017.