El creador de la Naranja Mecánica

Anthony Burgess Stock Photos and Pictures (Getty Images)

POR José Carlos Bermejo

La trascendencia de Burgess como escritor es consecuencia de la adaptación que Stanley Kubrick realizó de La Naranja Mecánica, diez años después de su publicación. La historia nos intenta convencer de que la vida tiene aspectos de optimismo al saber que cualquier elemento subversivo de la sociedad puede ser reconducido

John Anthony Burgess ha pasado a la historia de la literatura por ser el creador de La Naranja Mecánica, violenta y polémica novela luego popularizada para el séptimo arte por Stanley Kubrick. Pero Burgess escribió una vasta, extensa obra, empujado por un único y noble objetivo.

Un diagnóstico erróneo

En 1959, cuando Burgess contaba con 42 años, un médico, por error, le diagnosticó un tumor cerebral irreversible. Ante la fatídica noticia y con todo el optimismo que pudo reunir, pensó que lo mejor sería aprovechar el tiempo que le restaba de vida para escribir, lapso que, por otro lado, tampoco parecía conceder un futuro demasiado amplio y esperanzador.

El objetivo del escritor no era otro que conseguir de esta manera que su mujer no viviera en la indigencia al faltar él, o, al menos, poder ayudarla con el trabajo hecho en vida proporcionándole ingresos en el oscuro porvenir gracias a los derechos de autor de sus obras.

En cualquier caso, hasta esa fecha Burgess no había sido aclamado más que por algunos sectores muy concretos de la crítica, que no del público, por lo que los derechos de autor que generaran esas novelas, escritas desde la enfermedad y hasta el último estertor, tampoco auguraban la tranquilidad total para la futura viuda de Burgess.

Pero los facultativos médicos, esta vez, cometieron un estruendoso error, porque, por suerte para el escritor, no padecía ninguna enfermedad que, a medio plazo, amenazara su vida, y mucho menos un tumor cerebral maligno.

El escritor no sólo vivió 35 años más desde el desatinado diagnóstico médico sino que además sobrevivió a su mujer, que murió en 1968, con v26 años menos que él.

Producción frenética

Desde que le fue comunicada la mala noticia hasta que recibió, imaginamos que con gran alborozo, la buena nueva, Burgess escribió sin descanso y sin desánimo. Cuando se repuso y recompuso, siguió escribiendo con parecido empeño, al menos escribía un libro por año. Se supone que, llevado por la inercia creativa, dejó que las cosas siguieran su curso, llenando de títulos su bibliografía.

Pero antes de que todo esto aconteciera, Burgess pensaba que no ganaría dinero escribiendo, por eso se dedicó a la escritura como si fuera un hobby, como una afición más sin ánimo de lucro.

Eso sucedió al principio, cuando la literatura no le reportaba un gran beneficio, sólo como válvula de escape y como una propensión natural de su formación académica.

Burgess, que había estudiado filología, se alistó en el ejército de 1940 a 1946, ingresando en el Cuerpo Médico.

Acabada su corta carrera militar, y habiendo contraído matrimonio con Llewela Isherwood Jones, Burgess ingresó como profesor en la Universidad de Birmingham, aunque la docencia apenas ocupó su tiempo durante dos años, ya que a continuación comenzó a trabajar para el Ministerio de Educación británico.

Por ese motivo, marchó hasta la Isla de Borneo, donde fue responsable educativo del Servicio Colonial, aunque también fue en Borneo donde comenzó a escribir la que sería su trilogía malaya, sus tres primeras novelas.

Otros géneros literarios

La naranja mecánica (1971)/ Stanley Kubrick (cinestonia – blogger)

Además de la novela, Burgess, practicó otros géneros con acierto, como una obra crítica sobre James Joyce o las biografías de Ernest Hemingway o D. H. Lawrence. A todo lo anterior unió dos títulos autobiográficos: El pequeño Wilson y el buen Dios (1987) y Has tenido tu ocasión (1990).

La trascendencia de Burgess como escritor es consecuencia directa de la adaptación que Stanley Kubrick realizó de La Naranja Mecánica, diez años después de su publicación. Interpretada para el cine por Malcolm McDowell, la historia nos intenta convencer de que la vida tiene aspectos de optimismo al saber que cualquier elemento subversivo de la sociedad puede ser reconducido.

La escena más salvaje

Hasta la más enrevesada y viciada personalidad del ser más despiadado de la Tierra puede cambiar, y hacerlo para bien. Esta posibilidad es la que plantea o pretendió plantear Burgess cuando añadió un final más dulcificado a su novela.

Curiosidades

Capítulo que más tarde amputó su editor estadounidense, dejando la historia tal y como sucede en la versión cinematográfica, pues el guión está basado en la narración de acuerdo con la edición norteamericana. Es decir, una narración incompleta.

Para el escritor, el ser humano, por definición, está dotado de  libre albedrío, es decir, puede hacer lo que mejor le parezca, puede tomar decisiones ante los problemas que le plantea la vida. El planteamiento se reduce a que en una sociedad que esté perfectamente organizada, la única forma de ejercer ese libre albedrío, esa libertad, es a través de la violencia.

La misma que ejerce el protagonista y la banda que lidera y que con el paso de las décadas se ha hecho más próxima a nuestra actualidad, donde es posible encontrar brotes de violencia comparables a los narrados por la ficción.

Quizás por esta misma razón, por esconderse dentro del argumento de lo que no parece otra cosa que una novela de inusitada violencia, en el prólogo de La Naranja Mecánica Burgess, se despide cordialmente de sus lectores diciendo textualmente: “Coman esta porción dulce o escúpanla. Son libres”.

Tomado de: actuallynotes.com. Noviembre 13, 2016.