El puto amor

Q&A: Merritt Tierce on her book, “Love Me Back” (Lakewood Advocate)

POR Óscar Garduño Nájera

El ritmo narrativo de Merritt es vertiginoso. Una lectura sabrosa que si bien no viene a mostrarnos nada nuevo bajo el sol sí lo hace de manera original, terminas la lectura de la novela e inevitablemente ya te has enamorado de Marie, quien a su vez se ha enamorado y desenamorado de cuantos hombres le sea posible

Puesto que es una novela que no trata de historias de amor cursis no debería titularse Que me quieras (Blackie Books 2017), o quizás sí: atendemos el íntimo llamado femenino, la voz desesperada y atascada de angustia de la protagonista, Marie, de esta primera novela de Merritt Tierce, quien en entrevista para el periódico español El País señala que “este libro sale de mi vida y lo escribí pensando en ella y en las experiencias que he tenido”.

He aquí nuestras dos primeras luminosas señales, de esas que las piensas un buen rato, las utilizas durante días como separadores del libro y te las llevas al altarcito: literatura, vida y experiencias, parecería la receta perfecta para un buen cóctel molotov, y Merritt lo sabe. Como en su momento lo supo Marcel Proust. Como lo sabe en la actualidad el narrador noruego Karl Ove, quien también escribe desde las entrañas de sus experiencias de vida. Basta aventarlo. El cóctel. Admirar cómo una vida se puede ir a la mierda y regodearse de ello. Sin complacencias. Sin censura. Una versión femenina que en pleno siglo XXI le patea el trasero a las santurronas que se persignan antes de chupársela a cualquiera luego de dejarse chupar.

Por ejemplo, si ustedes gustan de los poemas de Rosario Castellanos, aquellos donde sufre y sufre (como Demóstenes el de Don Gato) mientras prepara el desayuno en la cocina y aprende a usar correctamente los calificativos (puta, secretaria, ama de casa, etcétera), esta novela no les conviene.

Aquí, Marie no se avergüenza ni estigmatiza de ser una puta; al contrario, traslada tal “virtud” a los abismos insondables del hedonismo y goza una y otra vez, así le vaya la vida en ello, porque una gran lección es  que Merritt escribe sin ningún tipo de pretensión literaria, tan sólo por el hecho de liberarse de una historia que “traía arrastrando desde el seno de una familia extremadamente católica”.

No deberíamos escandalizarnos. Aunque en buena parte la literatura está hecha por cowboys machitos que montan en las llanuras a la espera de que sus señoras les cambien los pañales, entre las autoras hoy por hoy hay honrosas excepciones dignas de festejarse en grande, y el caso de Merritt Tierce es una de ellas; de hecho, si el libro viniera con un instructivo de lectura al inicio, tal vez la autora pediría al lector leer la novela como le venga en gana, pero dejar atrás todos los prejuicios que se tienen respecto a la mujer.

Y quiero dejar bien claro que no se trata de feminismo ni sandeces por el estilo. Es literatura. Simplemente eso. Y el ritmo narrativo que tiene Merritt es vertiginoso, nos lleva de una situación a otra con una sorprendente facilidad. Una lectura sabrosa que si bien no viene a mostrarnos nada nuevo bajo el sol sí lo hace de manera original, terminas la lectura de la novela e inevitablemente ya te has enamorado de Marie, quien a su vez se ha enamorado y desenamorado de cuantos hombres le sea posible, y está bien que así sea.

Sin embargo, encendemos las alarmas del jodido andamiaje literario porque cómo es posible que una mujer nos hable en el mismo tono narrativo de Bukowski o de Hunter S. Thompson, ¿no se supone que las mujeres deben ser putas, salir en las fotografías en un segundo plano, inspirar horrorosos poemas, vivir sus historias de cocina y tejido y no destacar en la literatura más allá de cuentitos o novelitas cachondas (decimos de “cuarentonas” o de “cincuentonas”) que más tardan en salir que nosotros, machitos al fin y al cabo, de descalificar bajo argumentos tan estúpidos como creer que como es mujer no tiene mucho que contar?

A mi juicio, buena parte de las propuestas literarias actuales que vale la pena leer proviene de mujeres, y esta novela es buen ejemplo de ello. Hay que divertirse de vez en cuando con la literatura, restarle ese tonito mamón de solemnidad en el que la hemos puesto y dejarnos encantar con una historia bien contada y mejor llevada.