Enciclopedia freak: el lado B de la historia

Without Sherlock Holmes There’s No Comic Con (Inverse)

POR Bruno Lazzaro

Para leer hay que operar con una sana dosis de escepticismo. Pero siempre hay que privilegiar las fuentes de prestigio y a los especialistas en lugar de a los generalistas. Para saber de Einstein hay que ir a varias biografías sobre él y no recurrir a libros que hablen de la teoría de la relatividad”, explica Joaquín Barañao

Sherlock Holmes, uno de los personajes más inteligentes de la literatura universal, no estaba al tanto de que la tierra gira alrededor del sol. Así lo describe Arthur Conan Doyle, su creador, en un cruce de antología en el que John Watson, su efecto colateral, no comprende cómo su jefe no es capaz de retener ese tipo de información. “La cabeza es una bodega que se va llenando en la que sólo hay que guardar las cosas importantes, Watson. Por eso, ahora procuraré olvidar esa información”.

El chileno Joaquín Barañao hizo el camino inverso. Cumplió el mandato, se recibió de ingeniero civil, pero se dio cuenta de que aquello que le despertaba mayor pasión no estaba en la construcción de puentes y sino en la proliferación de canales para lograr un mejor camino hacia la memoria.

Así nació www.datosfreak.org, la página donde a diario cuelga una información curiosa y que, a modo de línea temporal, lo llevó a editar dos libros de Historia universal freak, un repaso por los datos más impresionantes y desconocidos que dejó el tiempo desde la prehistoria hasta la modernidad.

De este modo se suceden –y también seducen— revelaciones claves como que gracias a Napoleón –quien era más alto que el francés medio— existen las comidas enlatadas, que hubo una guerra entre Zanzíbar y el Reino Unido que duró 38 minutos, que el juego de mesa Monopoly fue creado en 1904 con el fin de evidenciar la “perversión del capitalismo”, que para la construcción de rascacielos en Nueva York se contrató a indígenas y que Hitler ingería 28 tipos de drogas diferentes al mismo tiempo.

“Era una persona muy extravagante”, señala Barañao. Y agrega que además, el Führer “se inyectaba semen de toro para incrementar su libido, consultaba a un astrólogo para tomar decisiones y hasta se quedó dormido en la hora previa al desembarco de Normandía, lo que provocó que ningún general se atreviera a despertarlo, lo que produjo una pérdida enorme de vidas”.

En relación a porqué la historia tradicional eliminó estos datos, Barañao asegura que “está bien que se cuente lo esencial, pero creo que esta información forja al personaje y ayuda a recordar los temas más importantes. Son atajos”. Una forma de narrar la historia que podría ser elemental para que los más chicos puedan ir, de a poco, interesándose en la materia.

“Para aprender de un libro es condición necesaria que sea leído. Estos datos de color son memorables. Pero muchas veces los datos son freak porque el mundo cambió. Nos parecen raras cosas que la gente hacía antes y en realidad son cuestiones claras para entender procesos económicos”. Y cita un ejemplo: “En el siglo XVIII, en el Reino Unido, el azúcar era cara. Y a la gente que podía darse el lujo de ingerirla, se le ponían los dientes negros. Increíblemente, las personas que no podían comprar azúcar, se teñían los dientes para aparentar. Este dato te habla de cuestiones de mercado”.

Mucha de la información que Barañao muestra en el libro, parece extraída de leyendas urbanas. Pero hay una explicación. “Google Books lleva años escaneando bibliotecas. Se puede corroborar información de manera rápida. Para leer hay que operar con una sana dosis de escepticismo y partir de la premisa de que al ser humano le gusta creer que este tipo de historias son ciertas. Pero siempre hay que privilegiar las fuentes de prestigio y a los especialistas en lugar de a los generalistas. Para saber de Einstein hay que ir a varias biografías sobre él y no recurrir a libros que hablen de la teoría de la relatividad”, explica el hombre nacido en Santiago de Chile que pese a que gana menos dinero que como ingeniero, dice ser “más feliz”.

Y para concluir, deja su historia preferida: “Durante el año 41, Alemania bombardea Londres. En ese momento, los británicos trabajaban muy duro para crear un radar liviano para montarlo en los aviones. Una vez que lo lograron, no lo dieron a conocer por temor a que se filtre. Cuando los aviones alemanes comenzaron a caer, la gente se empezó a preguntar por qué les estaba yendo tan bien. Entonces, el ministerio de guerra británico engañó a su propia población y les dijo que los pilotos ingleses estaban comiendo mucha zanahoria y que eso les hacía bien a la vista. Al día de hoy, la gente sigue creyendo que la zanahoria es vital para ver mejor”.

Tomado de: ámbito.com. Julio 23, 2017.