George Orwell: poesía completa

A lo largo de su vida, aunque muy circunstancialmente y de forma poco sistemática –pues no publicó ningún poemario—, Orwell fue escribiendo y dando a luz diversas composiciones poéticas, que no empezarían a tener ciertas cualidades destacables hasta después de su estancia en Birmania y los posteriores acontecimientos relatados

Jot Down Cultural Magazine (Jot Down)

POR Inmaculada Lergo Martín

A lo largo de su vida, aunque muy circunstancialmente y de forma poco sistemática –pues no publicó ningún poemario—, Orwell fue escribiendo y dando a luz diversas composiciones poéticas, que no empezarían a tener ciertas cualidades destacables hasta después de su estancia en Birmania y los posteriores acontecimientos relatados

Para muchos lectores será curioso acceder a una faceta, la poética, casi desconocida de un autor tan afamado y notable como George Orwell. El impacto que causaron sus dos últimas novelas, Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1949), sumado al prestigio con que ya contaban sus títulos anteriores –ficción y ensayo—, y su labor periodística, lo colocaron definitiva y merecidamente en la historia de la literatura universal. Orwell tuvo una vida aunque no muy larga sí muy activa, impulsiva, comprometida y azarosa. Fue miembro de la Policía Imperial India durante cinco años, siendo aún muy joven; recorrió las regiones industriales del norte de Inglaterra, quedando impresionado por las duras condiciones de los obreros y mineros; y participó activamente en la Guerra Civil española, afiliado al troskista POUM; y actuó en contra del estalinismo y del nazismo. Su sello identificativo fue su postura crítica contra todo tipo de totalitarismo y régimen tiránico, ya fuera el colonialismo de su propio país, ya el capitalismo, o los regímenes políticos e ideológicos que lo justificaban bajo la pretensión del bienestar común. Todo lo cual vemos en el conjunto de su obra y también, aunque en menor medida, asomando en su poesía.

A lo largo de su vida, aunque muy circunstancialmente y de forma poco sistemática –pues no publicó ningún poemario—, Orwell fue escribiendo y dando a luz diversas composiciones poéticas, que no empezarían a tener ciertas cualidades destacables hasta después de su estancia en Birmania y los posteriores acontecimientos relatados. El poder contar con todo este material en español sería el valor de la apuesta de esta edición bilingüe. Su recopilación en lengua original inglesa es también reciente, George Orwell, The Complete Poetry (2015), a cargo de Dione Venable, de la que parte el compilador de la presente para Visor, que es también su traductor. La cuestión, en este caso, es que las versiones en español son más bien pobres, ajustándose en exceso al sentido literal y olvidando que la poesía requiere serlo en su tono y musicalidad, además de otras muchas cuestiones; como bien ha observado en su comentario la escritora Ariadna G. García, en la única reseña que encuentro que se ajusta a una lectura detenida del texto y no a la simple repetición de los comentarios de la contracubierta o la introducción, sea buena o mala. En definitiva, veo una buena iniciativa con un resultado frustrado y frustrante.

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Volviendo a Orwell, comprobamos que lo más subrayable en sus composiciones corre paralelo a lo que también lo fue en su obra narrativa y ensayística: su denuncia social (“Todos piensan: ‘¡Ya está aquí el invierno!/ ¡Dios mío, que no pierda mi empleo este año!’/ Y, pesarosos, mientras el frío, cual lanza helada,/ les atraviesa las entrañas,/ piensan en el alquiler, los impuestos, los abonos de temporada,/ en los seguros, la calefacción, el sueldo de la criada,/ en los zapatos, los colegios y en la siguiente letra/ de las dos camas de los almacenes Drage”); su antiimperialismo (“cuando el último solitario inglés muera/ en las pintadas torres hindúes,/ bajo diez mil ojos ardientes/ en una lluvia de flores sangrientas, o de nuevo/ yéndose más al oeste a la tierra que conocemos,/ cuando la gente haya conquistado sus sueños,/ y bajado la bandera del tirano”…); y su visión sombría de un futuro sin voluntades ni libertades, todo ello con su genial aunque desoladora ironía (“¡Qué feliz párroco podría haber sido/ hace doscientos años!,/ para predicar sobre la perdición eterna/ y ganarme las habichuelas;// pero ¡ay!, en malos tiempos nacido,/ perdí ese dulce refugio/ pues ya tengo pelo por encima del labio/ y todo el clero va bien afeitado […] Está prohibido soñar de nuevo;/ mutilamos nuestros gozos o los escondemos;/ los caballos están hechos de acero cromado/ que montados serán por hombrecillos gordos”).

El poema que más llama la atención, por su violenta dureza, y quizá el más conocido también por haber sido respuesta a otro, “Letter to an American Visitor”, del pacifista Alex Confort (que firma como Obadiah Hornbooke) es “De un no combatiente a otro (Carta de Obadiah Hornbooke)”, donde arremete contra él por no apoyar la participación activa contra los alemanes en la II Guerra Mundial: “Tienes las manos tan limpias como las de Poncio Pilatos” –le dice— “mejor será/ para la salud ser un objetor de conciencia que combatiente,/ para marcar la acera no hacen falta agallas,/ vale con ser escritor y quedarse en casa/ mientras otros talentos se marchitan en los barracones Nissen”… Aunque sin duda el más conseguido es “Memorias de Blitz”, ya de 1945, en el que recuerda los bombardeos nazis sobre Londres del 43 para, con tono burlesco e irónico, compararlos con la situación presente, con los alemanes ya replegados; en donde “el zepelín lleva un parche en el morro”, “sólo el fantasma y el gato/ duermen en el refugio antiaéreo” y “es sólo un matojo de adelfas/ donde comparto mis penas con la abandonada bañera/ y el bígamo gorrión”.

Tomado de: El Imparcial. Agosto 13, 2017.