El secreto encanto de las mujeres fatales

El estereotipo de mujeres fatales que las relaciona con la sensualidad, la seducción, la manipulación, la ambición y la utilización de sus encantos para el logro de sus objetivos es un invento masculino que encontramos ya en los textos sagrados, así como en la mitología, la literatura, la pintura y, especialmente, en el cine

Después de su divorcio, Angelina Jolie se transformó en “una ama de casa” (TN.com)

POR Patricia Lasca

El estereotipo de mujeres fatales que las relaciona con la sensualidad, la seducción, la manipulación, la ambición y la utilización de sus encantos para el logro de sus objetivos es un invento masculino que encontramos ya en los textos sagrados, así como en la mitología, la literatura, la pintura y, especialmente, en el cine

Pasaron a la historia por hechos que marcaron de manera fatal el destino de los hombres. Desde Eva hasta Madonna, algunas mujeres quedaron atrapadas bajo el estereotipo de “mujeres fatales”.

El estereotipo de mujeres fatales que las relaciona con la sensualidad, la seducción, la manipulación, la ambición y la utilización de sus encantos para el logro de sus objetivos es un invento masculino que encontramos ya en los textos sagrados, así como en la mitología, la literatura, la pintura y –especialmente— en el cine, que inmortalizó sus rostros y las representó casi como deidades humanas.

Reconocemos la existencia de mujeres fatales en la Biblia, cuando Eva, por su curiosidad y rebeldía, incita a Adán a probar de la fruta prohibida recibiendo como sanción la expulsión del jardín del Edén.

En sentido similar, la mitología griega presenta a Pandora como la primera mujer terrenal: modelada por orden del dios Zeus a imagen de las diosas del Olimpo como una hermosa doncella, combinaba gracia y sensualidad con seducción y un carácter inconstante. Su irresistible curiosidad al abrir el ánfora liberó toda clase de males, revelando al mundo la finitud de la vida, dejando sólo la esperanza como templanza del espíritu.

Tanto el relato mítico como el bíblico son creaciones de la cultura occidental, responsables de rotular a la mujer como alguien sospechoso y poco confiable. Se trata de una clasificación superficial construida desde la cultura, que lleva a “encasillar” a las personas y separar, por ejemplo, a las “fatales” de “las demás”. Estas creencias nos limitan y, para poder crecer y expandirse, es necesario derribar tales estereotipos.

Encantar hasta la locura

Exotic dancer, prostitute, second-rate spy… (South China Morning Post)

Un referente clásico de la mujer fatal que usa los encantos de su sexo para lograr sus objetivos es la famosa Mata Hari. Su verdadero nombre era Margaretha Geertruida Zelle, bailarina de danzas exóticas y dueña de una belleza exuberante. Los hombres de París sucumbían ante sus bailes, se agotaban los asientos de las primeras filas. Todos querían verla de cerca mientras se insinuaba casi desnuda.

Se había enamorado de un joven oficial ruso durante la Primera Guerra Mundial, quien le pidió que hiciera por encargo algo que ella sabía hacer muy bien por naturaleza: encantar hasta la locura a los hombres. El destinatario era el embajador alemán en Madrid. La misión consistía en seducirlo y luego, como en las películas del cine negro, extraer toda la información posible para entregar al gobierno francés. Parece que la hermosa espía, por algún motivo, tuvo un desliz: reveló información de movimientos franceses al alemán. Los franceses la detuvieron y fue condenada a morir fusilada.

Mucho más que una actriz

¿Quién no diría que la hermosa y sensual Angelina Jolie no es una mujer fatal? Al menos es la imagen que nos llega desde la pantalla grande. Sin embargo, su gran labor humanitaria con los refugiados y los más necesitados nos muestra una mujer que no quedó atrapada en el radar de los estereotipos. Representa, en cambio, el arquetipo de la mujer empoderada: su lucha por la igualdad de género ayuda a que seamos “nosotras”: las bisexuales, las heterosexuales, las homosexuales, las acosadas, las que acosamos, las que ganamos más, las que ganamos menos.

Más allá de su belleza multicultural, supo trascender el destino que, con una fuerza invisible pero feroz, imponen con frecuencia las corrientes culturales sobre el rol de las “mujeres fatales”.

El pecado original

La curiosidad y la desobediencia –dos marcas de nacimiento que desde el inicio de la humanidad nos puso bajo sospecha— resultaron ser, paradójicamente, dos pilares fundamentales para los valiosos aportes que haríamos las mujeres a lo largo del tiempo. La curiosidad llevó a que muchísimas mujeres hicieran grandes descubrimientos en distintos ámbitos, así como la desobediencia hizo que cuestionáramos mandatos y reglas establecidas.

Desde la construcción banal de roles prejuiciosos al arquetipo de la mujer empoderada, existe un trayecto que se remonta al siglo XV con Christine de la Pisan. Esta escritora demostró su creencia firme de que las mujeres no son inferiores a los hombres sólo por pertenecer al “sexo débil”.

Durante la Revolución Francesa, la escritora y filósofa Olimpia de Gouges reclamó para las mujeres los mismos derechos que los hombres y redactó la Declaración de Derechos de la Mujer y la Ciudadana. Considerada enemiga de la Revolución, fue guillotinada. A mediados del siglo XIX surge el movimiento de las sufragistas, que reclama la igualdad en todos los aspectos (políticos, sociales y económicos). El movimiento feminista abarca los anteriores a la vez que se involucra en todos los aspectos globales de la actualidad.

Miles de mujeres reconocidas y anónimas desafiaron el orden establecido por los hombres. No tuvieron miedo o, si lo tuvieron, lo superaron en beneficio de las convicciones.

En palabras de Marie Curie: “En la vida no hay nada que temer sólo hay cosas que comprender”.

Tomado de: Clarín. Julio 19, 2017.