Los robots son sólo el inicio

Drones construyendo edificios, máquinas inteligentes realizando cirugías en el cuerpo humano, robots pavimentando aceras. Nada de esto es el futuro o una escena de ciencia ficción. La automatización y la robótica están aquí. Entre nosotros. ¿El trabajo tal y como lo conocemos hasta ahora ha llegado a su fin?

Apple supplier Foxconn automates 60,000 jobs… (ZDNet)

POR Edwin Chávez

Drones construyendo edificios, máquinas inteligentes realizando cirugías en el cuerpo humano, robots pavimentando aceras. Nada de esto es el futuro o una escena de ciencia ficción. La automatización y la robótica están aquí. Entre nosotros. ¿El trabajo tal y como lo conocemos hasta ahora ha llegado a su fin?

Si uno ingresa a las plantas de Foxconn, la multinacional taiwanesa que ha estado a cargo de fabricar los productos de Apple durante sus años dorados, observará cómo sus más de 300 mil robots realizan tareas que pocos años atrás eran efectuadas por humanos. No nos asombremos de que cada robot sea tratado en las peores condiciones que uno pueda pensar: nadie les ha delimitado un horario de entrada ni de salida, tampoco se les ha establecido un lapso de refrigerio o descanso, ni existe personal de reclamo con el que puedan quejarse ante el mecanizado trabajo que deben realizar día tras día. Desde su ingreso en las plantas de manufactura, los robots están obligados a cumplir el plan que se les ha asignado a través de un software: soldar miles de conectores, pintar millones de estuches de aluminio o ensamblar cientos de prototipos de acero. La imagen de casi un cuarto de millón de robots en Foxconn moviéndose mecánicamente será similar la mañana siguiente. Alguien señaló que la robotización es inhumana porque carece de autonomía. De hecho, ningún robot ha renunciado o intentado crear un sindicato allí. Al menos por ahora. Y esta circunstancia es un sueño hecho realidad para Terry Gou, CEO de Foxconn.

La utopía del empleador está en camino. Que 300 mil de sus trabajadores estén dedicados de manera ininterrumpida a producir bienes y dinero para la compañía sólo es el comienzo de una ambiciosa estrategia corporativa que proyecta insertar alrededor de un millón de robots en los siguientes años. Hasta el momento, va a un ritmo trepidante: Foxconn ha logrado posicionar un robot por cada cuatro empleados desde 2011, cuando anunció su nueva política. El año pasado redujo 50 mil puestos en una factoría para ello. La estrategia, que en un inicio pareció defensiva, hoy amenaza con seguir reduciendo hasta un millón de puestos laborales, afectando directamente a empleados chinos.

Foxconn emplea alrededor de 1,2 millones de trabajadores en China, y el objetivo de robotizar toda su factoría de producción es una medida en camino y a punto de ser hecha realidad en sólo cinco años. Si bien la multinacional ha mencionado que la reducción de puestos de trabajo está ceñida a tareas repetitivas, y ha hecho hincapié en ofrecer entrenamiento a sus trabajadores para tareas de alto valor agregado en manufactura, el futuro más cercano será reemplazar cada estación de producción humana por robots si la situación se plantea viable de manera económica.

¿Es este el futuro del trabajo?

An Apple  iPhone 7 Pegatron worker… (Quartz)

El panorama tiene un pasado sombrío. Foxconn, como varias compañías asiáticas de manufactura, entre ellas Pegatron y últimamente G-III Apparel Group, han sido objeto de acusaciones sobre sus precarias condiciones de trabajo: desde empleados durmiendo amontonados en un simple cuarto hasta coordinadores interfiriendo con cada aspecto de la vida privada de sus asalariados, además de remuneraciones bajas. Estas condiciones, que a fines de los 70 sirvieron para mudar los centros de producción americanos a fábricas chinas por los bajos costos de producción y los altos dividendos de inversión, ahora están siendo sacudidas por denuncias de derechos laborales y amenazas de subvertir la hegemonía de producción asiática que impera hoy.

Hace una década, pensar en la robotización de toda una factoría de un millón de trabajadores sólo formaba parte de la fantasía de las películas distópicas de Hollywood. El costo (capex) para adquirir una flota de robots requería de altas sumas de inversión, y el bajo coste en las labores de operación (opex) que ha prevalecido hasta ahora sobre todo en países asiáticos ha sido una ecuación simple: sueldos bajos y productividad alta. Pero, hoy en día, bajo un contexto de denuncias sobre violaciones de derechos laborales con mayor poder de difusión, y con una presión de organismos internacionales para equilibrar los sueldos en los sectores industriales, se ha replanteado la viabilidad de la línea de producción en varias multinacionales como Foxconn. El contexto tecnológico y económico está alimentando la automatización. Si bien la compañía taiwanesa ha adquirido sus robots por un monto de 25 mil dólares cada uno, una cifra que triplica el sueldo anual de un empleado chino en su sector, el costo de estos armatostes inteligentes podría descender a 10 mil, según la firma taiwanesa Delta, que plantea producir la misma serie a un precio dos veces menor. La proyección indica que muy pronto el costo de un robot alcanzará el ingreso anual de un empleado.

Terry Gou ha señalado que la visión que tiene sobre su multinacional va más allá de la inserción de robots, una industria que a su vez será más grande que la del automóvil en un futuro cercano. El desafío para Foxconn, el más grande proveedor de aparatos electrónicos, será moverse del modelo de fabricante de equipamiento original (OEM) para convertirse en fabricante de diseños innovadores (IDM) a través de la integración de cloud computing, big data, redes inteligentes y robots.

Tu cirujano será un robot millonario

In this Aug. 25, 2015 photo, a worker tests robots’ arms at a manufacture factory in Jiaxing in east China’s Zhejiang province. For decades, China’s manufacturers employed waves of young migrant workers from the countryside to work at countless factories in coastal provinces, churning out cheap toys, clothing and electronics. Now, factories are rapidly replacing those workers with automation, a pivot that’s encouraged by rising wages and new official directives aimed at helping the country move away from low-cost manufacturing. (Chinatopix via AP) CHINA OUT

La experimentación de los robots no sólo se ciñe a sectores industriales. Su presencia está destinada a abarcar un amplio espectro de trabajos que han permanecido estables hasta hoy. Algunos estudios señalan que la mitad de estos corren el riesgo de ser automatizados. Los sectores que pueden enfrentar un impacto profundo ahora mismo son los de manufactura y construcción. Es sólo la primera base de la pirámide. La firma de arquitectos Gramazio Kohler realizó un prototipo de 1.500 ladrillos mediante drones. La compañía china Winsun alegó haber construido un piso entero de concreto con un brazo robótico imprimiendo 3D. Y hoy en día uno observa incluso máquinas pavimentando ya pistas y aceras sin ninguna intervención humana. Todos estos experimentos de países industrializados que, en un periodo de dos o tres años, empezarán a formar parte del proceso de producción de empresas privadas que busquen bajo costo y mayor productividad. No es extremo pensar que, para 2021, varias ciudades en el mundo estén siendo construidas con máquinas robotizadas. ¿Qué harán los obreros cuando sus puestos de trabajo sean arrebatados por robots imprimiendo archivos 3D? ¿Cuál es el futuro de ellos cuando observen drones sobrevolando terrenos, transportando y colocando con precisión miles de ladrillos, lo que dos años atrás era una labor exclusiva para ellos, y su modo de ganarse la vida, de supervivencia?

El futuro estás más allá de la robotización.

El mundo está afrontando cambios evidentes en sus modos de comunicación y producción. Para algunos, como Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, acercándose a una cuarta revolución industrial. El ritmo acelerado y exponencial en que suceden los cambios, el alcance y la profundidad con que el mundo digital y la tecnología están modificando la economía y la sociedad, así como el impacto en los sistemas creados para entidades corporativas y naciones, son síntomas que están revelando nuestro futuro inmediato. Nuestra sociedad se halla en medio de un proceso disruptivo y es posible que el ecosistema que conocemos hasta ahora cambie drásticamente (el adverbio es hiperbólico, pero quizá justificado). Estos síntomas ya lo estamos percibiendo en cierta medida en el impacto que han generado aplicaciones como Uber y Airbnb, ambas establecidas dentro del modelo de la “economía compartida”. Uber, una compañía que en nuestro imaginario diario es percibida como una aplicación de taxis, no posee un sólo auto ni paga el sueldo a ningún taxista. Su funcionamiento es transaccional, entre el taxista y el pasajero, cobrando un porcentaje por la conexión entre ambos. Y Airbnb, la plataforma que nos permite escoger el alojamiento de un ciudadano cuando vamos de viaje por el mundo, tampoco posee bienes inmuebles ni paga ningún tipo de renta a ningún país. Pero ambos están desplazando a los antiguos dueños de flotas automovilísticas locales y a las agremiaciones de taxistas, así como a las cadenas de hoteles, que han empezado a dar batallas legales para evitar el desmoronamiento de sus sectores. Los ingresos de Uber, por ejemplo, fueron de 6 mil 500 millones de dólares en 2016, mientras que Airbnb espera ingresos a fin de este año de 2 mil 800 millones de dólares.

Que los taxistas ahora estén condicionados a una aplicación móvil para su subsistencia pone en advertencia el futuro que les depara. Uber se considera una compañía de tecnología y logística, y su modelo de negocio está afincado en el transporte. Ellos no necesitan taxistas para subsistir, sino aparatos que puedan transportar bienes y usuarios. Así como McDonald’s, en el siglo XX, se dio cuenta de que su negocio estaba en los bienes raíces y no en las hamburguesas, compañías como Uber están apostando por la automatización del transporte. Sus intermediarios no son los taxistas, sino los coches. Una muestra de cómo la propia compañía se ve a sí misma en el futuro es la compra de Otto, una start-up especializada en conducción sin piloto. De hecho, la utopía de los carros sin conductor está afrontando un fervor que se manifiesta a diario en noticias de carros dirigidos de manera autónoma y sobrepasando diferentes obstáculos. Los volúmenes de inversión en esta tendencia continúan en alza. Intel aseguró que invertirá 250 millones de dólares en esta tecnología. En 2016, General Motors gastó mil millones para adquirir Cruise Automation. Baidu, el motor de búsquedas chino, anunció una inversión de 1.500 millones de dólares en tecnología de transporte autónomo para competir con compañías americanas. Así como los obreros, ¿están los taxistas y los conductores de camiones destinados a desaparecer en los próximos cinco años?

Da Vinci Surgical Robot (TurboSquid)

La mitad de los tipos de trabajo en Estados Unidos, como el de los asistentes legales, contadores, taxistas y mozos, están en riesgo de ser obsoletos. Mientras la tecnología avanza, la necesidad de nuestras habilidades requeridas en los mercados disminuye. O se tornan poco competitivas. Es una realidad. Sobre todo en puestos de labores mecanizadas. Pero, incluso puestos de alta educación y destreza, puestos milenarios con alto rango en la sociedad como el de los médicos, empiezan a ser discutidos como necesarios en un futuro próximo. Hoy ya existen máquinas especializadas que realizan cirugía robótica interviniendo en los cuerpos humanos. En 2013 se vendieron más de 1.300 de estos robots, valorizados cada uno en1,5 millones de dólares. El más famoso, un aparato quirúrgico llamado Da Vinci, efectúa alrededor de 200 mil operaciones al año en Estados Unidos. Sólo el alto precio del robot bloquea el acceso a mayor cantidad de hospitales públicos. Pero muy pronto, como sucede con la mayoría de avances tecnológicos, estará al alcance de cualquier clínica del mundo.

Es importante no perder en cuenta un asunto clave: la robotización va de la mano de un aprendizaje continuo. Los campos de inteligencia artificial y machine learning son claves en el éxito y la velocidad con que los robots van a dominar los campos de operación y productividad de este milenio. Este futuro, que parece aún lejano, está en realidad a sólo unos cuantos años de concretarse. Hay un factor fundamental: los robots aprenden entre sí. Conectados a una nube de big data, van adquiriendo información sobre patrones o problemas que afrontaron otros robots, y a través de ese proceso van acumulando mayor conocimiento. Un robot que debe instalar un bloque de concreto de un edificio por primera vez goza de la ventaja de analizar experiencias de robots anteriores que tuvieron que enfrentar el mismo dilema. Y es evidente que la solución a los problemas llegará de modo más breve que con sus antecesores. Conectados a la nube, los robots constructores, quirúrgicos, automovilísticos, están en la capacidad de acelerar su aprendizaje a un ritmo que nuestra sociedad no ha visto nunca antes. El aprendizaje entre ellos será exponencial, y si el potencial de la inteligencia artificial va al ritmo que han tenido las comunicaciones a inicios de este milenio, es probable que la fantasía de Steven Spielberg de un robot con sentimientos, desarrollada en esa maravillosa película llamada Inteligencia artificial, se concrete a mediados de este siglo. Los robots están destinados a conseguir autonomía, e incluso a soñar con humanos eléctricos.

Los cinco jinetes de la robótica

Spotfire 7 Finally Answers Made Easy (linkedin.com)

A fines del siglo XX, los operadores de bancos fueron reemplazados por cajeros automáticos, así como los agentes de viajes por páginas web. Estas fueron las primeras consecuencias laborales de la digitalización, y desde entonces, si bien el ritmo tecnológico ha ido absorbiendo y creando nuevas formas de intercambio comercial, las profesiones no han sido tan afectadas durante estos primeros 25 años. Por otro lado, así como el auge de las computadoras y de Internet consolidó a Silicon Valley como el referente y centro hub más importante del mundo, la robotización va a consolidar cinco países: Estados Unidos, Alemania, Japón, China y Corea del Sur. Estas cinco naciones comercializan ya 70 por ciento de los robots vendidos en el planeta, y sus compañías se establecerán como los proveedores de robotización para el resto del mundo.

Hay altos niveles de inversión pública. Japón, por ejemplo, cuenta con 310 mil robots de los 1,4 millones existentes en 2015. Y, ante la problemática de enfrentarse a una sociedad con mayores ratios de envejecimiento, el país está invirtiendo de manera sostenida en robots que se encarguen de atender a sus ancianos. Los resultados proyectan ser una realidad para 2020.

China ha logrado, además de su proyecto robótico, establecerse como el país más importante en el estudio del genoma humano, sobrepasando en inversión a Estados Unidos. Ambas naciones competirán en tecnología de big data genética, encargada de analizar secuencias de ADN. Uno de los últimos movimientos en este campo es el programa de big data risk engine, el cual aplica algoritmos para determinar las enfermedades a las que uno está expuesto no sólo de acuerdo con su propia secuencia genética, sino también según probabilidades de comportamiento y entorno. Incluso un análisis de big data para pacientes que sufren algún tipo de cáncer, cruzando ADN original con respecto al ADN modificado, ha empezado a ser exitoso en varios casos para determinar con precisión el tipo de medicamento que uno necesita para evitar la proliferación de células cancerígenas. En un tiempo cercano, los doctores que diagnostican de acuerdo con placas MRI serán menos importantes que los motores de análisis cruzado de ADN.

¿Qué deben hacer los demás países ante este inevitable cambio en los procesos de producción?

La competitividad será un factor clave. El empoderamiento de la mujer y la apertura digital jugarán un rol fundamental para que ciertos países puedan mantener ritmos de toda su producción acordes con sus expectativas. La equidad de género no es un sólo tema social y político pendiente: será fundamental para fortalecer los desafíos del futuro. Alec Ross, en el libro The Industries of the Future (2016), señala que las naciones que empoderen en iguales condiciones al género femenino tendrán mayores ventajas de competitividad. Por un lado, cuanto más educado y libre sea un país con sus ciudadanos, mayores oportunidades y fuentes de riqueza se abrirán para el mismo, así como el intercambio educativo, laboral y comercial exclusivo para el sector femenino creará mercados de grandes volúmenes en países de Occidente. Sociedades que restringen las libertades de la mujer, como en varias naciones de Oriente y África, están en riesgo de quedar rezagadas y de mermar el potencial laboral y social de sus habitantes. Y en cuanto a la apertura digital, el ejemplo más interesante de los países que han logrado crear entornos tecnológicos digitales de alto nivel es Estonia. Antes parte de la antigua Unión Soviética, Estonia pasó a ser una ciudad digital en sus primeros años de independencia, saltándose el proceso analógico. Si uno menciona Skype, es posible que se asocie inmediatamente a Microsoft, pero esta aplicación de voz fue desarrollada por tres estonios: Priit Kasesalu, Ahti Heinla y Jaan Tallinn. Este país es el primero en ofrecer una identidad digital, que permite a cualquier ciudadano del mundo generar transacciones con la Unión Europea. Sus estudiantes aprenden a programar al mismo tiempo que el inglés, y, si bien allá son algo estrictos en lo social, su digitalización está bastante enraizada entre sus ciudadanos, propensos a crear e innovar constantemente.

6 abril, 2011 (Blog del DoctorSito)

La robotización trastocará las estructuras económicas ya vigentes durante más de un siglo, así como las máquinas, el transporte, la electricidad y el teléfono moldearon el siglo XX. Y, ante la realidad de la disminución de empleos, los Estados tendrán que tomar medidas que se adapten a sus intereses. Algunos quizás opten por imponer mayores tasas de impuestos a los robots para emplearlos en capacitar a sus propios ciudadanos que hayan sido desplazados por la automatización. El asunto será mucho más complejo, dado que varias de estas profesiones –como la del mozo o camarero— han servido en varios países occidentales como trabajos de movilidad social. Y actividades económicas como las del taxista se han establecido como una fuente de ingreso estable. En el Perú, por ejemplo, durante la explosión del sector inmobiliario las oportunidades de trabajo para muchos obreros les permitieron salir de la pobreza extrema y crear nuevas oportunidades educativas para sus hijos. Esta movilidad social, en el futuro, ya no será posible.

Otra alternativa a este dilema está en que el excedente de productividad que genere la automatización pueda servir para la implementación de un sueldo universal que permita a los ciudadanos educarse y elegir cuánto desean trabajar y ganar. ¿Es factible este escenario? Dependerá de cómo se desarrolle la distribución de la producción. Seguramente existirán países que, debido a los altos índices de productividad, empiecen a tomar este tipo de medidas y alimenten el dilema entre trabajo y ocio. Una sociedad altamente educada y preparada es posible que siempre encuentre canales de generación de riqueza sobre la base de incentivos personales. Pero estas probabilidades seguramente serán puestas a prueba en los próximos años.

En todo caso, nuevos contextos crearán a su vez nuevas profesiones. Como hemos visto, es sumamente probable que la base de la pirámide del trabajo sea reemplazada por una invasión de robots en las siguientes décadas, pero la tecnologización abre puertas para nuevas experiencias y necesidades. Hoy en día, por ejemplo, ya existen retiros de desintoxicación digital. Y algunos prevén profesiones que pueden parecer un tanto estrambóticas en la actualidad, pero que quizás tengan mucho sentido en el futuro, como balanceadores microbiológicos (médicos que se encarguen de equilibrar tus procesos internos corporales) o consejeros de deseducación (quienes te ayudarán a desaprender patrones para adquirir otros de modo más rápido, de acuerdo con tus nuevos objetivos laborales).

Queda claro: la repetición es la mayor aspiración del sector industrializado. Así, el ingeniero industrial de Foxconn posiblemente, cada vez que pasea por los centros donde sus miles de robots realizan tareas rutinarias cada día, sienta belleza en medio de ese escenario congelado. El futuro, en todo caso, será un desafío que habrá que enfrentar con las mejores herramientas disponibles. Al menos estará aún lejos de la distopía representada en la película In Time, en la que los hombres, luego de descubrir la inmortalidad, y una vez cumplidos los 25 años, deben trabajar para ganarse horas de vida. Si no, mueren.

Por el momento no somos inmortales. Y hay que seguir trabajando.

Tomado de: Poder. Diciembre 17, 2017.