El fantasma de Céline sigue ahí

La idea de Antoine Gallimard consistía en publicarlos acompañados de numerosas notas críticas. “No habrá ninguna complacencia”, dijo el editor en diciembre, cuando se conoció el proyecto. Explicó que convenía poner los tres libros a disposición del público para que se conociera una parte importante del “antisemitismo francés más infame”

Louis-Ferdinand Celine Living as a Recluse in Meudon Pictures (gettyimages.co.uk)

POR Enric González

La idea de Antoine Gallimard consistía en publicarlos acompañados de numerosas notas críticas. “No habrá ninguna complacencia”, dijo el editor en diciembre, cuando se conoció el proyecto. Explicó que convenía poner los tres libros a disposición del público para que se conociera una parte importante del “antisemitismo francés más infame”

París. La editorial Gallimard ha renunciado a publicar los tres panfletos antisemitas de Louis Ferdinand Destouches, llamado Céline, uno de los gigantes de la literatura francesa del siglo XX. Antoine Gallimard, dueño de la histórica editorial, cede a la prudencia, a la corrección política y a las presiones que ha sufrido desde que anunció su proyecto. “No se dan las condiciones”, dijo.

Bagatelles pour une massacre (1937), L’école des cadavres (1938) y Les beaux draps (1941), los tres panfletos en cuestión, desaparecieron de librerías y bibliotecas públicas tras la Segunda Guerra Mundial, cuando Céline fue juzgado y condenado por colaboracionismo con los ocupantes nazis. Pero existe interés hacia esas obras, aunque sea limitado: en Canadá se reeditaron en 2012 (allí los derechos de autor expiran a los 50 años, no 70, como en Francia) y por alguno de esos ejemplares se han pagado miles de euros.

La idea de Antoine Gallimard consistía en publicarlos acompañados de numerosas notas críticas, de las que debía encargarse Régis Tettamanzi. “No habrá ninguna complacencia”, dijo el editor en diciembre, cuando se conoció el proyecto. Explicó que convenía poner los tres libros a disposición del público para evitar “una curiosidad malsana” y para que se conociera una parte importante del “antisemitismo francés más infame”.

De un lado, resultaba absurdo mantener bajo censura práctica tres piezas, por horrendas que fueran, del autor de Viaje al fin de la noche. El primer ministro, Édouard Philippe, hizo un comentario sensato: “Hay excelentes razones para despreciar al hombre, pero no se puede ignorar al escritor ni su lugar central en la literatura francesa”. De otro lado, el antisemitismo vuelve a ser un problema en Francia. El terrorismo islamista ataca directamente a los judíos. Cementerios judíos y sinagogas sufren frecuentes actos vandálicos. ¿Era prudente publicar ahora los tres panfletos?

Gallimard contaba con el beneplácito de la viuda de Céline, Lucette Destouches, de 105 años. Desde su condena por colaboracionismo, Céline se negó a autorizar la reedición de sus piezas contra los judíos. Pero la viuda cree que, 57 años después de la muerte del escritor, en 1961, ya era hora de volver a presentarlas al público.

La tormenta fue inmediata. El abogado y escritor Serge Klarsfeld, vicepresidente de la Fundación por la Memoria del Holocausto y activista contra el nazismo y el antisemitismo (su padre murió en el campo de exterminio de Auschwitz), declaró a la revista Nouvel Obs que haría “todo lo posible” para impedir la publicación y recordó que en Francia existían “leyes contra la difusión de propaganda antisemita”. “Vivimos una oleada de antisemitismo comparable a la de los años 30 del siglo XX, los judíos son atacados en Francia simplemente por ser judíos, vuelven a ser acusados de todos los males y las tesis de Céline, por desgracia, nunca han sido tan seductoras para algunos como lo son hoy”, declaró.

Louis Ferdinand Celine: polemiche (artnoise.it)

El abogado François Gibault, albacea testamentario de Céline, explicó que no había intención alguna de difundir propaganda antisemita, sino de reeditar una parte de la obra de “un genio”. “Últimamente se han publicado otros textos antisemitas del siglo pasado sin que ocurriera nada”, añadió.

Entonces intervino Alexis Corbière, diputado y portavoz de Francia Insumisa, el principal partido de la izquierda. “¿Hay que aceptar el antisemitismo cuando procede de un genio?”, se preguntó. La pregunta era retórica: Corbière amenazó a Gallimard con una campaña política si se atrevía a publicar los polémicos textos.

Otras figuras de la intelectualidad francesa, como el escritor y periodista Jean Daniel, se opusieron también al proyecto de Gallimard. La ensayista y novelista Tiphaine Samoyault, una figura señera de la crítica académica, publicó una tribuna en Le Monde en la que no sólo se oponía a la publicación de los panfletos: rechazaba en conjunto la obra de Céline. “Ninguna escritura es neutra”, decía. “Ese es el problema que plantea Céline a tantos lectores, a tantos especialistas en literatura (en la enseñanza y en la crítica), y somos numerosos quienes elegimos no incluirlo en nuestros programas, porque las palabras odiosas de Céline no se limitan a sus panfletos, y su antisemitismo, lejos de constituir una equivocación puntual, fue en realidad un auténtico compromiso vital”.

En general, el rechazo a la reedición de los panfletos se basó en dos factores: la inoportunidad, por el auge actual del antisemitismo, y la convicción contemporánea de que autor y obra resultan indisociables. Esto segundo es uno de los pilares de la llamada corrección política. Si el autor no es ejemplar, la obra no es ejemplar. Si el autor es indecente, la obra es indecente. Se trata de un enfoque bastante reduccionista (¿cómo juzgar la obra del desconocido que pintó los animales de Altamira?, ¿hay que desechar el trabajo de los autores del siglo XVII o XVIII que poseían esclavos?) que, en último extremo, aspira a eliminar del arte su esencial condición subversiva.

El socialista Lionel Jospin, primer ministro entre 1997 y 2002, uno de los hombres más honrados del mundillo político francés, dijo una vez, en 1995, que ningún ciudadano debería desconocer Viaje al fin de la noche porque esa novela, brillante y terrible, sobre la juventud, el nacionalismo y la guerra, daba la medida de lo bueno y malo del alma humana. Eran otros tiempos.

Tomado de: El Mundo. Enero 12, 2018.

Los panfletos de Céline, a la venta online a precios asequibles

Louis Ferdinand Celine: polemiche (artnoise.it)

POR Juan Pedro Quiñonero

París. En Francia, la reedición, publicación o no publicación de los legendarios panfletos antisemitas de Louis-Ferdinand Céline es una polémica recurrente desde hace medio siglo. Partidarios y adversarios de la reedición de Bagatelles pour un massacre (1937), L’École des cadavres (1938) y Les beaux draps (1941), los panfletos más famosos de Céline, repiten siempre los mismos argumentos.

Los partidarios de la reedición estiman que se trata de textos escritos por un autor capital en la historia de la literatura francesa. El Viaje al fin de la noche (1932), de Céline, es con En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, uno de los dos libros más importantes del siglo XX, en francés. Y Céline es, con François Rabelais, uno de los grandes genios de la renovación de la lengua. Desde ese punto de vista, los panfletos deben editarse con un sólido aparato crítico que los “explique” y los “sitúe” en el contexto de su época: ascensión del nazismo, ocupación nazi…

Los adversarios de la reedición estiman, por el contrario, que se trata de textos de carácter odioso, racista, apologías sarcásticas de los delitos de opinión más atroces.

Antoine Gallimard, accionista de referencia y director general de la gran empresa fundada por su abuelo, había “estudiado” la “posible” edición de los panfletos célinianos, acompañados de un “aparato crítico” de carácter “científico”. La mera evocación del proyecto provocó un aluvión de críticas intempestivas, muy eficaces. Gallimard se apresuró a confirmar que renunciaba a la reedición de unos libros que cualquier lector puede procurarse gratuitamente, en formato PDF, navegando cómodamente por Internet, o comprarlos en cualquier acreditada librería online, donde los precios son francamente asequibles.

Bagatelles pour un massacre suele venderse por un precio estimado de entre 20 y 180 euros; L’École des cadavres, entre 25 y 150 euros, y Les Beaux Draps, entre 10 y 80 euros. Se trata de viejas ediciones o reediciones publicadas “libremente”, sin pagar derechos de autor. Una edición crítica de esos mismos libros podría venderse a precios semejantes o mucho más altos, con el consiguiente beneficio para editores y beneficiarios.

Tomado de: ABC Cultural. Enero 18, 2018.