Amorcito corazón

Amorcito corazón se trata de una coedición con el Instituto Sonorense de Cultura. De un tiempo para acá Sonora despunta con buenos talentos literarios (daría para otro texto los nombres) tanto en prosa como en poesía. Lo mejor es que apoya a autores que no son tan famosos, le apuestan por distintas propuestas narrativas y generan apoyos para publicar

Ruleta rusa entre Pez Banana y un escritor de novela negra (Pez Banana)

POR Óscar Garduño Nájera

Amorcito corazón se trata de una coedición con el Instituto Sonorense de Cultura. De un tiempo para acá Sonora despunta con buenos talentos literarios (daría para otro texto los nombres) tanto en prosa como en poesía. Lo mejor es que apoya a autores que no son tan famosos, le apuestan por distintas propuestas narrativas y generan apoyos para publicar

No se trata de una novela con grandes y dificultosas estructuras narrativas provenientes del este de Europa. Es una novela. Así, sencillamente. Alguien, un narrador, nos cuenta algo que considera digno de poner en papel. Y se vale de todos los recursos posibles.

Los grandes milagros de la literatura ocurren de esta manera. Y Carlos Padilla lo consigue. No se mete en callejones sin salida. Tampoco nos presenta un desfile de personajes a lo Balzac para que luego no sepa qué carajos hacer con ellos. Yo no sé las preferencias literarias de ustedes, pero novelas así se disfrutan de una sentada. Al menos yo agradecía que mis profesores de literatura nos dejaran leer libros cuya razón de ser no era “la búsqueda semántica de la existencia en el contorno sociópata de un individuo de clase media” (lo acabo de inventar).

Una lectura sencilla. Pero compleja en fondo. Veamos. Hay varias formas de leer Amorcito corazón. Una de ellas es a través de los personajes. Carlos Padilla sabe que en la construcción de tus personajes está una clave de la literatura mala o buena. Son narrativamente coherentes. Y hay breves chispazos de ingenio que a mi juicio tienen mucho valor dramatúrgico. La escena de los detectives con María Félix me pareció tan bien llevada que uno realmente ve a La Doña y a los detectives (incluyendo al sirviente). Se mira sencillo. Créanme, no lo es: construir atmósferas narrativas a partir de los personajes es sumamente complicado. Sólo hay de dos: o te gustan o no.

La siguiente escena es la del encuentro con el cineasta Ismael Rodríguez, quien fue el director de la mayoría de las películas del personaje que nos les mencionaré para no echarles a perder la lectura. Seguramente Carlos llegó a las escenas por medio de videos de entrevistas, de fotografías, de todos aquellos elementos que son importantes para cualquier narrador que se precie de serlo.

Llegamos, así, a la segunda forma de leer Amorcito corazón: a través de los diálogos. Carlos Padilla suprime las comillas porque sabe que eso agiliza la tensión narrativa y exige atención del lector. Está bien: no es algo novedoso, pero hay que aclarar que suprimir las comillas también exige una economía en el lenguaje, y Amorcito corazón la tiene.

Me considero mal lector de novelas negras por un montón de prejuicios que me cargo como lector y como crítico. Me es difícil desprenderme de las primeras lecciones de Chesterton, de Simeone, de Martré. Incluso de Jorge Ibargüengoitia. Seré honesto: no conozco mucho del género y cada que me preguntan acerca de él lo aclaro.

Para Amorcito corazón escribo desde la óptica que puede tener un mediano lector. Ni siquiera como amigo de Carlos, pues tan sólo nos vimos una vez en una feria del libro y fue para compartir unas caguamas en un bar totalmente novelesco.

La edición: poco a poco, con el trabajo que ello conlleva, Nitro Press se ha posicionado como una editorial independiente que entrega no sólo ediciones muy bien cuidadas y editadas (apenas una que otra errata en la novela) sino a precios accesibles y con un catálogo que realmente despunta en la literatura mexicana del siglo XXI.

Carlos es uno de los tantos amigos (si es que compartir caguamas fomenta la amistad) que han publicado ahí. Vayan con cuidado. Revisen detenidamente el buen trabajo de Lilia Barajas, la directora de arte, así como el de Mauricio Bares, quien se ha convertido en uno de esos necios y locos que todavía apuestan por las buenas ediciones, sin que esto represente altos costos para el lector. Entren a la página de Internet. Dense una vuelta. Les aseguro que darán con buenas sorpresas.

Amorcito corazón se trata de una coedición con el Instituto Sonorense de Cultura y hay que decirlo. De un tiempo para acá Sonora despunta con muy buenos talentos literarios (daría para otro texto los nombres) tanto en prosa como en poesía. Lo mejor es que apoya a autores que no son tan famosos, le apuestan por distintas propuestas narrativas y generan apoyos para publicar, el de Carlos Padilla es un ejemplo: ganó en 2015 el Premio al Libro Sonorense en la categoría de novela.

Se trata de un librito (para nada es despectivo) que se leen en una noche y que disfrutan lo mismo que una buena película de policías y ladrones… perdón, de detectives, famosos y misterios inexplicables que conforme avanza la novela se aclaran para llegar a un muy buen remate, que incluso (no me dejarán mentir) podría servir al autor para una segunda parte.