Jesuitas: historia de la compañía religiosa del Papa Francisco

Napoleón Bonaparte, en sus memorias, escribió de los jesuitas: “(…) son una organización militar, no una orden religiosa. Su jefe es el general de un ejército no el mero abad de un monasterio. Y el objetivo de esta organización es poder en su más despótico ejercicio, poder absoluto, universal, para controlar el mundo, bajo la voluntad de un solo hombre”

31 de julio: San Ignacio de Loyola, santo patrono… (Obispado Castrense de Argentina)

POR Norman Córdova

Napoleón Bonaparte, en sus memorias, escribió de los jesuitas: “(…) son una organización militar, no una orden religiosa. Su jefe es el general de un ejército no el mero abad de un monasterio. Y el objetivo de esta organización es poder en su más despótico ejercicio, poder absoluto, universal, para controlar el mundo, bajo la voluntad de un solo hombre”

Conocidos popularmente como jesuitas, el nombre oficial de esta orden religiosa es Compañía de Jesús. Fundada en el siglo XVI, como iniciativa de san Ignacio de Loyola y un grupo de estudiantes universitarios en una época convulsionada por las reformas protestante y católica, decidieron apostar por su fidelidad a la Iglesia, convocando hombres dispuestos a estar allí donde hubiere mayor necesidad de anunciar el Evangelio.

El 24 de junio de 1539, san Ignacio de Loyola puso los pilares para esta nueva orden. Un año después, el cardenal Gaspar Contarini presentó al Papa Paulo III los Cinco Capítulos de la Fórmula del nuevo Instituto. Su Santidad al oír las reglas de la nueva orden las aprueba de inmediato diciendo: “Aquí está el Espíritu de Dios”.

El 27 de septiembre de 1540, Paulo III firma la bula Regimini militantis Ecclesiae mediante la que aprueba y confirma a la naciente orden. San Ignacio convocó los compañeros dispersos para la elección del Superior General, siendo elegido como el primer Prepósito General de la Compañía de Jesús.

El 22 de abril de 1541, se reunieron todos en la basílica de San Pablo extra muros en Roma. En misa celebrada por San Ignacio, ante el antiguo mosaico de la Virgen, hacen su profesión solemne: “Yo Ignacio de Loyola, prometo a Dios Todopoderoso y al Sumo Pontífice, su Vicario en la tierra, delante de la Santísima Virgen María y de toda la corte celestial, y en presencia de la Compañía, perpetua Pobreza, Castidad y Obediencia, según la forma de vivir que se contiene en la Bula de la Compañía de Jesús nuestro Señor, y en las Constituciones, en las ya declaradas como en las que adelante se declarasen. También prometo especial obediencia al Sumo Pontífice en lo referente a las misiones, de las que se habla en la Bula. Además prometo procurar que los niños sean instruidos en la doctrina cristiana, conforme a la misma Bula y Constituciones”.

Expansión de la Compañía

A partir de ese momento, los jesuitas comienzan su dispersión por el mundo. A toda Italia y Francia. La dispersión mayor empieza con la partida de San Francisco Javier a Portugal y luego a la India, Indonesia, Japón y China. Luego los jesuitas partirían al Brasil y a Etiopía. San Ignacio no se mueve ya más de Roma. Desde ese día toda su preocupación es la Compañía de Jesús, las personas y las obras.

En esa época, el Papa los dispersa por Europa. A Alemania, al coloquio de Worms y a la dieta de Ratisbona. Hacia Austria, España, Inglaterra e Irlanda, a los países eslavos y al Concilio de Trento. A la muerte de san Ignacio, la Compañía cuenta con más de mil personas y se extiende por los cuatro continentes conocidos en ese entonces.

A lo largo de su vida, la Compañía de Jesús ha sufrido muchos avatares. Suprimida por el Papa Clemente XIV en 1773, luego restituida por el Papa Pío VII en 1814.  De ella, dice  Jonathan Wright, especialista en historia de las religiones en el prólogo de su libro Los jesuitas. Soldados de Dios: “La Compañía de Jesús, la más vibrante y provocadora de las órdenes religiosas, ha moldeado en lugar de limitarse a presenciarla, la historia de los últimos cinco siglos y de otros tantos continentes”.

Y agrega: “Apreciados u odiados, pero nunca indiferentes, trastornaron las certidumbres de la Iglesia Católica, intervinieron en las sucesivas controversias de la reforma, en la creación de los imperios coloniales, la ilustración y la revolución.  Los jesuitas procuraron ser sacerdotes en el mundo, no recluidos en la contemplación solitaria sino enfrentados al pecado y a la agitación de la vida cotidiana. Durante casi cinco siglos mantuvieron una presencia turbulenta e influyente en la historia mundial”.

Por su parte, Napoleón Bonaparte, en sus memorias, dice de ellos: “Los jesuitas son una organización militar, no una orden religiosa. Su jefe es el general de un ejército no el mero abad de un monasterio. Y el objetivo de esta organización es poder en su más despótico ejercicio, poder absoluto, universal, para controlar el mundo, bajo la voluntad de un solo hombre”.

En el siglo XX, tomar partido por las luchas del pueblo era peligroso para los jesuitas. En Latinoamérica, en 1983, el sacerdote James F. Carney (El Padre Guadalupe) fue asesinado en Honduras por militares debido a su ideología revolucionaria. En 1989, en el marco de la “ofensiva final” de la guerra civil salvadoreña, el jesuita Ignacio Ellacuría y otros cinco religiosos de la Compañía, murieron a manos de la Fuerzas Armadas de El Salvador, asesinados por los militares debido a una larga e intensa actividad en defensa de los derechos humanos en ese país. Varios han muerto en guerras civiles en África, India y el sudeste de Asia, realizando acciones de ayuda social.

En el nuevo siglo, en 2006 celebraron el Jubileo de la Compañía de Jesús, uniendo tres conmemoraciones: los 500 años del nacimiento de San Francisco Javier y del Beato Pedro Fabro; y los 450 años de la muerte de San Ignacio de Loyola, recordando de esta manera a  tres de los primeros jesuitas que fundaron la orden.

Obras encomendadas

ANDINA/Norman Córdova

Algunas de la obras encomendadas por la Iglesia Católica a la Compañía de Jesús son la Radio Vaticana; Observatorio Astronómico Vaticano; el Apostolado de la Oración; el Movimiento de Educación Popular Fe y Alegría (obra intercongregacional fundada en Venezuela y cuenta con 2 mil 600 centros en Hispanoamérica); el Hogar de Cristo (obra social fundada en Chile, con presencia además en Perú y Ecuador); Servicio Jesuita a Refugiados, fundado por el general de la Orden Pedro Arrupe; centenares de misiones, parroquias y centros sociales.

Otro frente de su labor son los centros de espiritualidad y casas de ejercicios espirituales. El apostolado educativo de la Orden, prioritaria ya desde el gobierno de san Ignacio. Además son asesores de una institución laica de derecho pontificio: las Comunidad de Vida Cristiana (CVX), con los que comparten la misma espiritualidad.

De acuerdo con el Anuario Pontificio de 2017, los jesuitas aparecían con 16 mil 378 miembros, de los cuales 11 mil785 eran sacerdotes, siendo la mayor orden religiosa masculina católica, seguida por salesianos y franciscanos. Su actividad se extiende a los campos educativo, social, intelectual, misionero y de medios de comunicación católicos, además de atender 1, 541 parroquias en todo el mundo.

Tomado de: Andina. Enero 20, 2018.