Bellas, bestias y las historias de amor insólitas que ha dado el cine

La bella en brazos de la bestia. El mito procedente de un cuento de hadas francés, y popularizado por el relato de la escritora Jeanne Marie Leprince de Beaumont publicado en 1757, ha inspirado memorables adaptaciones como la magistral de Jean Cocteau de 1946 y el largometraje de animación de Disney de 1991

La belle et la bête de Jean Cocteau (1946) par Shift (lapelliculebrule.wordpress.com)

POR Carles Rull

La bella en brazos de la bestia. El mito procedente de un cuento de hadas francés, y popularizado por el relato de la escritora Jeanne Marie Leprince de Beaumont publicado en 1757, ha inspirado memorables adaptaciones como la magistral de Jean Cocteau de 1946 y el largometraje de animación de Disney de 1991

La bella en brazos de la bestia. Una temática recurrente en la literatura y en el cine, sobre todo de género fantástico y con la que precisamente el mexicano Guillermo del Toro ha triunfado en los Oscar con La forma del agua. Cuatro premios, entre ellos el más importante, el de mejor película, además de dirección, banda sonora original y diseño de producción.

Aunque la bella de La forma del agua no lo sea tanto, la actriz Sally Hawkins posee un atractivo especial y su personaje, el de una mujer de la limpieza muda e inmigrante, es de las que toman la iniciativa; mientras que la bestia, el monstruo acuático recluido en un laboratorio secreto, exhiba más sentimientos y merezca más confianza que muchos de los humanos de la película.

El mito procedente de un cuento de hadas francés, y popularizado por el relato de la escritora Jeanne Marie Leprince de Beaumont publicado en 1757, ha inspirado memorables adaptaciones como la magistral de Jean Cocteau de 1946, el inolvidable largometraje de animación de Disney de 1991 o la lujosa versión que protagonizaron Emma Watson y Dan Stevens, todo un taquillazo el pasado año.

King Kong, especialmente el clásico de 1933 con Fay Wray continúa siendo insuperable, en su magia y encanto y porque fue el primero, pese a la espectacularidad de las versiones de los 70, con Jessica Lange, o de 2005 con Naomi Watts y dirigida por Peter Jackson. Aunque no todas las producciones han contado con el mismo presupuesto y avanzados efectos visuales. En 1982, Wes Craven realizó una tirando a cutre adaptación del curioso superhéroe de DC Comics La cosa del pantano y una morena, Adrienne Barbeau, en brazos de “la cosa” del título.

El tema tampoco pasaría desapercibido para Tim Burton que en 1992 estrenó la maravillosa Edward Scissorhands, con Johnny Depp y Winona Ryder. Fue el particular homenaje del cineasta a la belleza interior de los monstruos, a las criaturas consideradas distintas, como en la película de Guillermo del Toro. También resulta imprescindible recordar al monstruo enamorado, y sin ser correspondido por otra criatura semejante en la extraordinaria La novia de Frankenstein (1935).

El pasado año nos brindó otra romántica y rara historia de amor, la del agente K (Ryan Gosling) y Joi (Ana de Armas) en Blade Runner 2049, dirigida por Denis Villeneuve. Una relación con todo el aspecto de normal, sino fuera porque Joi era un producto holográfico, dotado de inteligencia artificial. Imposible de abrazar o besar. Ganó los Oscar a mejor fotografía y mejores efectos visuales.

En brazos de la inteligencia artificial

The Shape of Water, por Laz Marquez

Muy aclamada fue también Her (2013) de Spike Jonze y con Joaquin Phoenix cayendo irremisiblemente enamorado de su compañera Samantha. Aunque era simplemente una voz (la de Scarlett Johansson en el original), un sistema operativo también dotado de inteligencia artificial.

Algo más siniestra era un pequeño clásico ochentero, Electric Dreams (1984), una modesta producción en la que una chica era asediada por un ordenador, eso sí, loco por sus huesos. Y en Soy un cyborg (2006), del surcoreano Park Chan-wook, enmarcó su relato en un centro psiquiátrico. La pareja, un muchacho obsesionado por ocultar su rostro con máscaras y que caía rendido ante una joven convencida de que era un ser cibernético. Para demostrarlo, no dudaba en alimentarse de pilas para recargar energías.

No todo tiene que ser ciencia-ficción y fantasía. En 1971 se estrenó una de las comedias negras, y románticas, más inclasificables de la historia del cine, Harold y Maude. Narraba la historia de amor entre un adolescente (Bud Cort) que se enamoraba de una anciana de 79 años (Ruth Gordon). Naturalmente, tal ocurrencia hizo que la película fuera un fracaso en taquilla, y más teniendo en cuenta que su joven protagonista estaba obcecado con la idea de la muerte y escenificaba sus propios suicidios y funerales. Terminaba siendo un canto a la vida y, con el tiempo, se convertiría en un título de culto.

Amores desde el más allá

Entre los romances más sinceros e imposibles, los fantasmas también han sido una presencia con algo qué decir, desde el gran taquillazo de los noventa que fue Ghost (1990), con Demi Moore y Patrick Swayze, a esa obra maestra en blanco y negro que es El fantasma y la señora Muir (1947), con Gene Tierney y Rex Harrison.

Spielberg probó fortuna con Always en 1989. En ella, un experto piloto dedicado a la extinción de incendios forestales (Richard Dreyfuss) perdía la vida, pero no sus sentimientos y la intención de seguir protegiendo a su amada (Holly Hunter). Fue un remake de Dos en el cielo, una película de 1943 protagonizada por Spencer Tracy.

Más vivo y coleando se mostraba el extraterrestre de Starman (1984) con Jeff Bridges robándole el corazón al personaje de Karen Allen. Y definitivamente curioso resultaba ver el romance entre los azulados na’vis de Avatar (2009) de James Cameron.

Zombis y muñecas inflables

Y como no podía ser menos, no podían faltar incluso los zombis, caso de las norteamericanas Enterrando a la ex (2014) y Memorias de un zombie adolescente (2013), o la italiana Mi novia es un zombi (Dellamorte dellamore, 1994). El repertorio de amores raros podría completarse con la japonesa Air Doll (2009), la norteamericana Lars y una chica de verdad (2007), de Craig Gillespie (de actualidad por ser el director de Yo, Tonya), y la española Tamaño natural (1973) del gran Luis García Berlanga. ¿Qué hacía diferentes sus historias? Pues que todos sus protagonistas masculinos convivían y estaban totalmente enamorados de… muñecas hinchables. Aunque después de asistir a la atracción muy animal entre la protagonista (Lea Thompson, de Regreso al futuro) y el galán, ¡un pato!, en Howard: un nuevo héroe (1986), se diría que uno ya se ha curtido en todo.

Tomado de: 20minutos.es. Marzo 21, 2018.