Nina Simone, la mujer que rompió las barreras raciales con su música

El pasado 16 de abril esta prodigiosa pianista y cantante ingresó al Salón de la Fama del Rock N Roll por su aporte a la música popular. A continuación, un recorrido por su vida y su obra: no sólo introdujo elementos de la música clásica al blues y al jazz, sino que además resultó trascendental para la lucha por la igualdad racial en los Estados Unidos

Nina Simone Performing Live Spotify Playlist (JamBase)

POR Daniel Bajarlía

El pasado 16 de abril esta prodigiosa pianista y cantante ingresó al Salón de la Fama del Rock N Roll por su aporte a la música popular. A continuación, un recorrido por su vida y su obra: no sólo introdujo elementos de la música clásica al blues y al jazz, sino que además resultó trascendental para la lucha por la igualdad racial en los Estados Unidos

Nina Simone fue la suma sacerdotisa del soul, pero podría haber sido una Pantera Negra. Quería ser la primera concertista de piano negra del mundo, pero se convirtió en un ícono de la música popular. Con sus canciones conquistó el corazón de negros y blancos, y con su activismo contribuyó a darle una voz a su gente, que en Estados Unidos fue sometida a políticas discriminatorias hasta la mitad de los años 60.

Nacida en Tryon, Carolina del Norte, en 1933, la pequeña Eunice Kathleen Waymon sufrió el racismo en carne propia. Siendo una prodigiosa pianista desde los tres años, todos los días desafiaba la legislación racial (conocida como las leyes de Jim Crow) al dirigirse a donde vivían los blancos para tomar clases con su profesora. Ella la introdujo a las obras de Johann Sebastian Bach, Franz Lizt y Fredéric Chopin.

Eunice dio su primer concierto clásico a los 12 años en la iglesia local. Durante su presentación, sus padres, que la miraban desde las primeras filas, fueron obligados a moverse al fondo para dejarles el lugar a los patrones blancos. Enfurecida, interrumpió su interpretación y exigió que los regresaran a sus asientos para continuar. Consciente o no, la semilla ya estaba plantada. Nina Simone nunca se quedaría de brazos cruzados en su lucha contra la discriminación.

Bajo el auspicio de su profesora de piano, se creó en el pueblo un fondo para que la joven Waymon pudiera estudiar en una academia prestigiosa. Solicitó el ingreso al Instituto de Música Curtis en Filadelfia, pero fue rechazada sin motivo aparente. Nina creyó toda su vida que fue por una cuestión racial.

Continuó sus estudios de forma particular y, para afrontar los gastos, comenzó a tocar todas las noches en un restaurante de Atlantic City. El dueño le ofreció pagarle más si cantaba y así Eunice se convirtió en Nina Simone, la pianista clásica que entretenía a los comensales con clásicos del blues, el jazz y el folk. Nina provenía de la palabra “niña” y era como la llamaba su novio de entonces, mientras que Simone era una referencia a la actriz francesa Simone Signoret, protagonista de la película En un suburbio de París (1952). Tomó un nombre artístico para que su madre, quien la había impulsado a estudiar las obras de los grandes compositores occidentales (léase blancos), no se enterara de que ella estaba tocando la música del diablo, como se los consideraba al jazz y al blues en aquella época, por ser un género inventado por los descendientes de los esclavos africanos a principios del siglo XX.

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En 1958, Simone editó su álbum debut, Little Girl Blue, que contenía una versión de “I Love You, Porgy”, de la ópera de George Gershwin Porgy and Bess, que se convertiría en su único hit en los Estados Unidos al llegar al puesto 18 del ranking Billboard de pop y al segundo lugar en el chart de R&B. Ese LP también contenía “My Baby Just Cares for Me”, que se volvería un éxito en Europa recién en 1987 tras su utilización en una publicidad del perfume Chanel No. 5. El mismo disco que la puso en el mapa de la música popular de los Estados Unidos, la rescataría del olvido casi 30 años más tarde.

Nina Simone veía la música popular como un medio para conseguir dinero y financiar sus estudios de piano. No estaba en sus planes convertirse en una estrella pop. Por eso, cuando cumplió su sueño de tocar en el Carnegie Hall de Nueva York, no pudo evitar sentir cierta desilusión. Ella aspiraba a dar allí un concierto de piano, pero fue su repertorio de standards el que la llevó al escenario más prestigioso de Manhattan.

Para muchos especialistas, la incorporación de elementos típicos de la música clásica a la popular fue el aporte más importante de esta fantástica intérprete. No habrá sido la primera concertista de piano afroamericana del mundo, pero sus técnicas elevaron el nivel de sofisticación del cancionero norteamericano. Como bien dice Al Schackman, histórico guitarrista de su banda, en el documental What Happened, Miss Simone?, dirigido por Liz Garbus: “Ella no interpretaba canciones, se las apropiaba y las reformulaba”.

A medida que crecía su popularidad, a Nina se le hacía más difícil luchar contra sus demonios. Su marido y manager, Andrew Stroud, le exigía cada vez más y ejerció sobre ella violencia física y psicológica en reiteradas ocasiones.

Pero no era sólo el maltrato que sufría en su hogar y el desgaste de una carrera sin pausas lo que la atormentaba. Había un gran malestar en su interior, una ira que se disparó en 1963 con el asesinato del activista Medgar Evers del Movimiento por los Derechos Civiles –principal impulsor de la igualdad racial en los Estados Unidos— y con el atentado contra la iglesia baptista afroamericana de Birmingham perpetrado por el Ku Klux Klan y que acabó con la vida de cuatro niñas.

Mississipi Goddam fue la respuesta que tuvo Simone frente a estas tragedias, una canción que compuso en menos de una hora y que se convirtió en el himno instantáneo del Movimiento por los Derechos Civiles. La presentó en vivo frente a una audiencia blanca, a la que se animó a cantarles “No tienen que ser mis vecinos, sólo denme mi igualdad”. El simple fue editado en 1964 y fue rechazado por muchas radios americanas, en especial las del sur, que no sólo se negaban a difundirlo sino que lo devolvían a la discográfica partido en dos. Era la primera vez que se maldecía en el título de una canción (Goddam significa “maldito”) y encima era un ataque directo a los blancos. Era más de lo que los sectores más reaccionarios podían soportar.

A partir de allí, su carrera musical y su activismo comenzaron a ir de la mano. Empezó a participar de las marchas por los Derechos Civiles y a escribir e interpretar canciones de protesta como Old Jim Crow –en referencia a las leyes de segregación racial— y To Be Young, Gifted and Black, que habla del orgullo de ser negro y que se convirtió en un himno de esperanza de la comunidad afroamericana.

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Para Nina Simone era imposible ser artista y no relatar lo que sucedía a su alrededor. “Podía cantar para ayudar a mi gente y eso se convirtió en el pilar de mi vida. Ya no era música clásica, jazz o popular, era música por los derechos civiles”, se la escucha decir en What Happened, Miss Simone?

El problema es que su posición se radicalizó cada vez más y en marchas y entrevistas llamó a tomar las armas para luchar por la igualdad, que era lo que planteaban activistas más violentos como Malcolm X y posteriormente el partido de las Panteras Negras. Esto dañó profundamente su carrera, ya que fue boicoteada por la industria del entretenimiento. Las radios no querían pasar sus canciones ni los promotores organizar sus conciertos.

Debido a esa crisis, sumada a sus problemas personales y matrimoniales y a una orden de arresto por no pagar impuestos (una medida que tomó en protesta por la Guerra de Vietnam), decidió vivir un tiempo en Liberia para reencontrarse con sus raíces africanas. Luego se mudó a Suiza y Francia, donde estuvo sumida en la pobreza y la enfermedad. Le habían diagnosticado bipolaridad, lo que explicaba las reacciones extremas y violentas que había empezado a padecer años atrás.

Por suerte, a fines de los 80 su música fue redescubierta y tanto sus seguidores de la primera época como las nuevas generaciones disfrutaron de sus canciones, que fueron utilizadas en innumerables películas y series de televisión.

Nina Simone falleció de cáncer el 21 de abril de 2003 a los 70 años en la localidad de Carry-le-Rouet, Francia. Días antes de morir, recibió un título honorario del Instituto de Música Curtis, el lugar que la había rechazado en su juventud por su color de piel.

A lo largo de los años fue testigo de la influencia que ejerció en varias generaciones de artistas, desde Elton John hasta Lauryn Hill. John Lennon confesó que Michelle está inspirada en su versión de I Put A Spell On You y sus canciones fueron sampleadas por los máximos exponentes del hip hop, como Jay-Z y Kanye West.

El pasado 16 de abril, Nina Simone ingresó al Salón de la Fama del Rock N Roll. Su inducción estuvo a cargo de la actriz y cantante Mary J. Blige, quien logró extraer mejor que nadie la esencia de la suma sacerdotisa del soul: “Ella luchó por todo su dolor, su alegría, su confusión, su felicidad, su enfermedad. Rompió todos los estereotipos. Peleó por su identidad y por su vida”.

A 15 años de su muerte, esa energía sigue viva en sus grabaciones, en sus virtuosos golpes de piano y en esa conmovedora voz que conquistó a blancos y negros por igual. Porque si hay algo en donde no existen barreras raciales es en la música. Afortunadamente, el legado de Nina Simone está allí para que nunca nos olvidemos de eso.

Tomado de: Infobae. Abril 21, 2018.