Buscaba un mundo perfecto sin discapacitados

El 14 de febrero de 2016, Satoshi Uematsu alertó a las autoridades de Japón que buscaba “eliminar en dos residencias a 260 personas discapacitadas. Mi objetivo es lograr un mundo en el que los que padezcan discapacidades severas puedan solicitar la eutanasia con el consentimiento de sus tutores”

El rostro del mal: La perturbadora sonrisa de Satoshi Uematsu (Sopitas.com)

POR José Luis Durán King

El 14 de febrero de 2016, Satoshi Uematsu alertó a las autoridades de Japón que buscaba “eliminar en dos residencias a 260 personas discapacitadas. Mi objetivo es lograr un mundo en el que los que padezcan discapacidades severas puedan solicitar la eutanasia con el consentimiento de sus tutores”

A partir de diciembre de 2012, Satoshi Uematsu trabajó para el centro para discapacitados psíquicos Tsukui Yamayuri Garden, en Sagamihara, a unos 50 kilómetros al suroeste de Tokio. Por casi cuatro años, el joven desarrolló un vínculo de amor y odio por las personas a las que correspondía atender.

El 14 de febrero de 2016, Satoshi pudo entregar una carta a un diputado local para que éste a su vez la turnara al presidente de la Cámara Baja japonesa. La misiva alertó a las autoridades: el remitente explicaba que buscaba “eliminar en dos residencias a 260 personas discapacitadas. Mi objetivo es lograr un mundo en el que los que padezcan discapacidades severas puedan solicitar la eutanasia con el consentimiento de sus tutores. Esto debería ser así en los casos en los que el enfermo es incapaz de vivir en una casa y de participar activamente en la sociedad”.

Las autoridades tanto del centro como las judiciales se tomaron muy en serio la advertencia de Satoshi, quien fue separado de su cargo e internado en un hospital psiquiátrico, ya que los especialistas consideraron que el joven tenía todo para ser un peligro.

Pero apenas dos semanas más tarde, Satoshi estaba curado, o al menos ya no representaba un peligro para la sociedad. Es lo que los psiquiatras dieron a entender cuando el 2 de marzo siguiente el individuo fue puesto en libertad.

La sociedad nipona ha puesto en tela de juicio a sus autoridades médicas y judiciales, sobre todo porque en la referida misiva, Satoshi dio a conocer un plan que “será llevado a cabo durante el turno de noche (…). El objetivo serán dos instalaciones donde residen muchos discapacitados múltiples. Los trabajadores de guardia serán maniatados”.

Algunos diarios japoneses como el Yomiuri o el Nikkei han enfatizado la falta de mantenimiento de los centros donde habitan personas con alguna discapacidad, lo anterior a raíz de la facilidad con la que el joven de 26 años pudo ingresar al Tsukui Yamayuri Garden.

El 25 de julio de 2016, a las 2:10 hora local, Satoshi Uematsu ingresó al centro tras romper una de las ventanas con la ayuda de un martillo. Minutos después, la policía de la prefectura de Kanagawa –a la que pertenece la ciudad de Sagamihara— recibió una llamada de uno de los empleados de la residencia alertando de la presencia del hombre. Una hora más tarde, Satoshi entregó varias sonrisas a la policía, además de una bolsa con cuchillos y herramientas afiladas, casi todas ensangrentadas. “Lo hice”, explicó a los agentes, quizás recordándoles que cinco meses había advertido sobre la matanza.

Para que su ataque fuera una ráfaga letal, Satoshi eligió a los pacientes con mayor discapacidad. Con el cabello teñido de rubio y ropa oscura, el joven trabajó en la sombra, Corría agachado. Al llegar a su objetivo, levantaba las sábanas y apuñalaba. En 40 minutos mató a 19 personas e hirió a 26 más.

Por lo mismo, el asesinato masivo y la brutalidad con el que fue perpetrado por Satoshi en el centro Tsukui Yamayuri Garden brilla con incandescencia infernal.

Días después de ser detenido, Satoshi envió una nueva carta a las autoridades japonesas: pedía una pena no mayor de dos años por su acto criminal, y quedar libre bajo la tesis de demencia. Solicitaba una nueva identidad, que incluía cirugía plástica. Su nuevo nombre sería Takashi Iguro y su nueva vida la comenzaría con 500 millones de yenes que las autoridades debían proporcionarle por el servicio prestado a la comunidad.