El hombre que creó la editorial que popularizó Mafalda

En 1970, Ediciones de la Flor hizo historia al empezar a publicar Mafalda, de Quino, que luego se convertiría en un éxito en muchas partes del mundo. El sello pasó a ser un emblema de la historieta argentina, al publicar las primeras obras de otros icónicos humoristas gráficos locales como Roberto Fontanarrosa, Caloi, Liniers, Sendra y Maitena

Daniel Divinsky: “La novedad con la novela gráfica es que no se la desprecie” (Clarín)

POR Redacción Centroamérica BBC Mundo

En 1970, Ediciones de la Flor hizo historia al empezar a publicar Mafalda, de Quino, que luego se convertiría en un éxito en muchas partes del mundo. El sello pasó a ser un emblema de la historieta argentina, al publicar las primeras obras de otros icónicos humoristas gráficos locales como Roberto Fontanarrosa, Caloi, Liniers, Sendra y Maitena

La noticia sacudió al mundo de la cultura en Argentina. En septiembre de 2015, Daniel Divinsky, el mítico editor de la famosa historieta Mafalda, anunció que dejaba la editorial que creó: Ediciones de la Flor. Así puso fin a una apasionante historia con ribetes dignos de una película de Hollywood. Divinsky y su entonces esposa, Ana María Kuki Miler, la fundaron en 1967.

En 1970, la editorial hizo historia al empezar a publicar Mafalda, de Quino, que luego se convertiría en un éxito en muchas partes del mundo. De hecho, el sello pasaría a ser un emblema de la historieta argentina ya que también publicó las primeras obras de otros icónicos humoristas gráficos locales como Roberto Fontanarrosa, Caloi, Liniers, Sendra y Maitena.

Pero a pesar de su vínculo con el humor –o quizás debido a ello— la historia de la editorial tomó un camino lúgubre en 1977 cuando tanto Divinsky como Miler fueron detenidos por el gobierno militar.

Los militares objetaban el humor crítico de Mafalda y también tenían en su lista negra a un autor cuyas obras fueron publicadas por De la Flor: el periodista y escritor y militante de la guerrilla Montoneros, Rodolfo Walsh, abatido ese mismo año.

Pero, curiosamente, lo que más les molestaba tenía que ver con otra faceta de la editorial: la publicación de cuentos infantiles. Concretamente la publicación de un cuento de origen alemán llamado Cinco dedos, en 1975. De acuerdo con el decreto que prohibió la obra, el libro buscaba “adoctrinar” a los niños para el “accionar subversivo”.

Tras pasar cuatro meses en la cárcel la pareja fue liberada, gracias en parte a la presión ejercida por asociaciones internacionales de editores. Junto con su pequeño hijo huyeron al exilio en Venezuela. Pero Ediciones de la Flor siguió funcionando bajo el mando de Elisa Miler, madre de Kuki.

En 1983, con el final del régimen militar, Divinsky y Miler regresaron a su país y retomaron las riendas de su emprendimiento.

Empresa familiar

Ediciones de la Flor pasaría a convertirse en un clásico del mercado editorial argentino y una de las pocas que subsistió como emprendimiento familiar independiente, sin ser absorbida por algún grupo. Pero aunque conserva la particularidad de estar en manos de uno de sus creadores originales, ese dueño ya no es Divinsky.

Tras casi medio siglo como codirector y tras sobrevivir el exilio y los embates económicos, el obstáculo que no pudo superar el mítico editor fue mucho más mundano: una ruptura amorosa. Divinsky y Miler se divorciaron en 2009, tras cerca de 40 años de matrimonio, y por un tiempo siguieron siendo socios y codirigiendo De la Flor.

Pero en 2015 él sorprendió a todos al anunciar que las diferencias con su ex mujer se habían tornado insalvables y que le cedería su parte de la editorial “a precio irrisorio”. De acuerdo con el editor, la “incompatibilidad de caracteres editoriales” estaba afectando a la empresa y limitando sus proyectos personales.

El acuerdo entre ambos estipuló que Divinsky, que entonces tenía 73 años, no podría publicar libros durante tres años (salvo de forma anónima), para evitar la competencia directa con el sello que creó.

Presente y futuro

“Soy el padrino de Mafalda” (archivo.lavoz.com.ar)

En la antesala del festival literario Centroamérica Cuenta, del que BBC Mundo es socio y en el que participará Divinsky, nos pusimos al día con el prolífico editor.

—¿Qué estuvo haciendo en este tiempo desde que dejó De la Flor?

—Me dediqué primero y principalmente a hacer un programa de libros en la radio de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que se llama Los libros hablan. Es un programa semanal en el que entrevisto a escritores, editores y libreros en relación a los libros que publicaron recientemente. Es una forma de seguir leyendo, pero ya no para publicar sino para hablar sobre los libros que leo.

También estuve asesorando a editores amigos, de forma honoraria. Me mandan originales –lo que antes se llamaban manuscritos— para que los lea y aconseje sobre su publicación.

Y estuve diseñando el programa de la carrera de Edición que dictará la Universidad Nacional de Avellaneda a partir de mayo de este año, y del cual seré director de la carrera. O sea que siempre trabajando alrededor del libro pero sin publicar.

—En septiembre de este año se acaba la veda que le prohíbe publicar, ¿tiene algún proyecto en mente?

—No tengo planes de editar de nuevo por mi cuenta. Durante 48 años en la edición hice todo lo que quería y no me privé de publicar lo que se me antojó, lo que me gustaba, lo que me parecía digno de ser publicado. Creo que es una carrera suficiente a la edad que tengo, que son 76 años. No tengo asignaturas pendientes. Me siento muy satisfecho y dispuesto a gozar de la vida sin trabajar tan intensamente como lo hice durante medio siglo.

—¿Está satisfecho con su decisión de haber dejado el sello que creó?

—No era una buena decisión, pero era inevitable. Mantener un trabajo cotidiano con una ex cónyuge viola todas las convenciones de derechos humanos de Ginebra.

—¿Está conforme con cómo siguió funcionando la editorial?

—No estoy conforme, pero no me toca a mí juzgarlo porque soy una parte interesada.

—En su momento usted explicó que dejaba De la Flor para evitar que los tironeos con su ex mujer destruyeran su empresa. ¿Logró salvarla, como deseaba?

—No, logré salvarme yo.

—Es triste lo que cuenta. Sin embargo usted suena feliz con su decisión y parece haber podido dejar atrás a su sello con una actitud muy positiva.

—Absolutamente. No lo dudo en ningún momento, no sé si es que soy resiliente o testarudo.

—Y de retirarse ¿ni hablar?

—¡Eso sería terrible! Mantenerse activo es parte del secreto de una supervivencia feliz. La invitación que me hizo Sergio Ramírez para participar en Centroamérica Cuenta es una más de las actividades que me siguen conectando con el mundo del libro.

Mayo 23, 2018.