El triunfo de la ciencia ficción escrita por mujeres

La ciencia y la tecnología han sido campos tradicionalmente ligados a las “capacidades masculinas”. Incluso los personajes femeninos de la literatura y el cine de ciencia ficción habitualmente presentan o adquieren rasgos masculinos: Ripley en Alien, Anne Lewis en Robocop, Sarah Connor de Terminator

(news.rambler.ru)

POR Marta Medina

La ciencia y la tecnología han sido campos tradicionalmente ligados a las “capacidades masculinas”. Incluso los personajes femeninos de la literatura y el cine de ciencia ficción habitualmente presentan o adquieren rasgos masculinos: Ripley en Alien, Anne Lewis en Robocop, Sarah Connor de Terminator

“La ciencia ficción es notablemente masculina. Se nota porque todo el mundo en ella viste uniformes y camina con paso marcial de un lado para otro hablando de las normas”, señaló en noviembre pasado Steven Moffat, showrunner de series como Doctor Who y Sherlock. Y es que si el lector abre cualquier antología del género al azar se encontrará con listas interminables de escritores reverenciados y raramente discutidos –H.G. Wells, Ray Bradbury, Clifford D. Simak, Robert Silverberg, Arthur C. Clarke, Isaac Asimov, Stanislaw Lem o Philip K. Dick— y, quizá, si hay algo de suerte, el de alguna mujer como pequeña curiosidad exótica, normalmente apartada de las listas canónicas y los libros de texto. Nada demasiado diferente a lo que ocurre si el lector abre una antología de cualquier otro género –con la salvedad de la novela romántica, literatura menor por antonomasia—, pero más agudizado.

Que no formen parte del canon no quiere decir que no existan. En 1983, la escritora estadounidense de ciencia ficción Joanna Russ publicó un ensayo llamado Cómo suprimir la escritura de la mujer, en cuya contraportada resumía la negligencia histórica a la que se había enfrentado la mujer escritora: “Ella no lo escribió. Ella lo escribió, pero tendría que haberlo hecho. Ella lo escribió, pero ¡mira de qué cosas escribe! Ella lo escribió, pero sólo una parte. Ella lo escribió, pero no es una artista de verdad y no es arte de verdad. Ella lo escribió, pero la ayudaron. Ella lo escribió, pero es una anomalía. Ella lo escribió, pero…”.

A lo que hay que sumar que la ciencia y la tecnología han sido campos tradicionalmente ligados a las “capacidades masculinas”. Incluso los personajes femeninos de la literatura y el cine de ciencia ficción habitualmente presentan o adquieren rasgos masculinos: Ripley en Alien, Anne Lewis en Robocop, Sarah Connor de Terminator. Pero en años recientes, la presencia de escritoras en la ciencia ficción se ha ido amplificando –ya sea gracias a la labor de arqueología literaria de algunos sellos, que han recuperado nombres y textos perdidos, como a autoras contemporáneas que llegan al gran público y a la crítica— y parece que se ha inaugurado un ligero cambio de paradigma.

There’s an Exciting Ex Machina Easter Egg at the End of Annihilation (Nerdis)

Es curioso encontrar que muchas de las mujeres que se abrieron hueco en la ciencia ficción también han estado adscritas a movimientos feministas, como Emilia Pardo Bazán, cuyo relato “La cabeza a componer” (1894) forma parte de la antología Poshumanas (Libros de la Ballena, 2018) de escritoras españolas de ciencia ficción; Teresa García Inglés, que formó parte de la Liga Antipatriarcal de Mujeres Antiautoritarias y Radicales (LAMAR) y que escribió el relato “El jardín de alabastro” (1977), que aparece en el volumen Distópicas (Libros de la Ballena, 2018), la estadounidense Kameron Hurley, autora de Las estrellas son legión (Runas, 2017) y que en 2013 publicó el artículo Siempre hemos luchado –sobre el papel de la mujer en la política y el ejército a lo largo de la historia—, o Becky Chambers, que con su debut editorial El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (Insólita, 2018) se ha mojado en temas políticos y de género desde el optimismo y el buen humor.

Distópicas y Poshumanas

Distópicas y Poshumanas (Libros de la Ballena, 2018) son dos volúmenes antológicos de escritoras españolas de ciencia ficción seleccionadas por la escritora y filóloga Lola Robles y la profesora de Literatura Teresa López-Pellisa –a iniciativa de la poetisa experimental Sofía Rhei— para “presentar un recorrido histórico y un panorama de las escritoras españolas de ciencia ficción, desde una pionera del siglo XIX como Emilia Pardo Bazán hasta las narraciones del siglo XXI” para “saber cuáles han sido sus miedos y esperanzas, de qué nos alertan, qué cuestionan y qué proponen”. “Nuestra intención ha sido, ante todo, visibilizar a estas escritoras, ya que con frecuencia ni siquiera se reconoce todavía el sesgo de género sexual en la ciencia ficción española ni las dificultades para escribir y ser publicadas de sus creadoras”, explican en el prólogo.

Veinticuatro relatos en total en los que las autoras exploran la relación entre el ser humano y la tecnología –¿grandeza o decadencia?— a través de la ficción especulativa. Porque la ciencia ficción es una herramienta prospectiva para, como en un espejo aberrante e hiperbólico, contemplar la naturaleza del ahora y conjeturar –con mayor o menor fantasía— distintos paisajes futuribles. Paisajes como el que propuso Ángeles Vicente en su “Cuento absurdo” publicado en 1908 (Distópicas) en el remezcla política, religión y filosofía en la historia de Arides, una especie de profeta que busca destruir la humanidad para que renazca en una versión más libre y perfecta.

O la reflexión que planteó Teresa Inglés en “El jardín de alabastro” en 1977 (Distópicas), en la que una pareja de investigadores se embarcan en un viaje espacial a una especie de El Dorado espacial, un ligar mitológico que guarda un saber hasta entonces ignoto sobre el tiempo.

O la pregunta sobre los peligros de una sociedad sobreinformatizada –al estilo Black Mirror— y sobre dónde reside la humanidad –como hiciera Philip K. Dick en Sueñan los androides…— que lanza Rosa Montero en “El error”, un relato publicado en 2009 en El País, que ya apareció en la recopilación “Mañana todavía” (Fantascy, 2014) y que ahora recoge el volumen Poshumanas y en la que a la protagonista, de un día para otro, le falla la tarjeta identificativa y se queda aislada del sistema que rige todos los aspectos del día a día.

O el relato inédito de la ciudadrealeña María Zaragoza ‘La vida sin cáncer’ (‘Poshumanas’), en el que imagina un futuro en el que la mortalidad humana disminuye hasta un 60% gracias a la erradicación de dicha enfermedad y los contratiempos de una existencia sin amenazas, pero también sin perspectivas ni objetivos ni nada por lo que luchar.

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Las estrellas son legión

Pasando del relato corto a la novela y del panorama nacional al internacional, Las estrellas son legión (Runas, 2017) es un libro que levantó mucha expectación antes de su publicación; a la última novela de Kameron Hurley, autora de las trilogías The God’s War y The Worldbreaker’s Saga y nominada a premios del género tan prestigiosos como el Arthur C. Clarke, le precedían miles de comentarios en Goodreads. En esta space opera en la que todos los personajes son mujeres, Hurley presenta un universo en el que las mujeres habitan unas naves constituidas en mundos construidas a caballo entre tejidos vivos y estructuras artificiales.

Narrada en primera persona, Las estrellas son legión narra la historia de la amnésica Zan que recobra la memoria para enfrentarse a un universo en decadencia en el que dos familias se han disputado el poder desde, al parecer, los orígenes de la historia. En la guerra que va a destruir a la humanidad, Zan parece tener la clave, pero no sabe con cuál de los dos bandos aliarse. Así que emprenderá un sangriento viaje que la llevará a los rincones más sórdidos y dispares del universo en una epopeya en busca del amor, la venganza y la salvación. Y todo desde un punto de vista muy punk: muchos conocen este libro como el de “Lesbianas en el espacio”. Aunque lo extraño es que, en pleno siglo XXI, esto tenga que ser punk.

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo

La primera novela de la estadounidense Becky Chambers, publicada en 2014 en inglés y que ahora llega al mercado español gracias a la editorial Insólita, es el inicio de la saga Wayfarers. De nuevo una space opera, que en este caso sigue a la tripulación de la nave Peregrina a través de un viaje en el que se irán sucediendo un abanico de razas y civilizaciones a las que la autora retrata con la misma dignidad que a los humanos. La protagonista es Rosemary Harper, una joven que acepta su primer puesto de trabajo en la tuneladora y cuya misión es construir un túnel hiperespacial hasta un planeta lejano.

El largo viaje a un planeta iracundo es, en parte, heredera de sagas como Star Trek, en las que dentro de una nave conviven diferentes especies en plena armonía –bueno, la armonía justa— y en la que se recurre a toques de costumbrismo cómico. Una novela que, desde el buen humor y el optimismo toca temas como el colonialismo o las cuestiones de género y que le ha valido a la autora el premio Julia Verlanger 2017.

Tomado de: El Confidencial. Junio 21, 2018.