Jasón y los argonautas: imaginación al poder

La producción británica Jasón y los argonautas es pura arqueología cinematográfica, pero de la que despierta el apetito por la imaginación y las aventuras. No debería pasar inadvertida por las nuevas generaciones, ni aunque sea en una época como esta, saturada de producciones audiovisuales

Jason and the Argonauts (1963 film) (Alchetron)

POR Carles Rull

La producción británica Jasón y los argonautas es pura arqueología cinematográfica, pero de la que despierta el apetito por la imaginación y las aventuras. No debería pasar inadvertida por las nuevas generaciones, ni aunque sea en una época como esta, saturada de producciones audiovisuales

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El sueño de cualquier niño o niña, el de sus muñecos preferidos y con los que ha imaginado mil y una aventuras a su manera, cobrando vida propia. Puede que estemos en la era digital, de los videojuegos, Internet o los efectos especiales generados por elaborados programas de ordenador, pero el encanto de lo físico y palpable debe seguir vigente.

Jasón y los argonautas era el sueño de un niño que se hizo mayor, el de Harry Harryhausen, discípulo del maestro y pionero de los efectos visuales Willis H. O’Brien (el creador de King Kong, el clásico de los años 30), buceando en el mundo de monstruos y héroes, de dioses y mortales, de criaturas horripilantes, héroes cachas y princesas con cinturas de ensueño de la mitología griega.

Era una producción británica, pero se estrenó primero en Estados Unidos hace 55 años, el 19 de junio de 1963 (hasta agosto no llegaría al Reino Unido, y entre nosotros no lo hizo hasta julio de… 1981). Pero lo más relevante ahora es que nos llega por primera vez en blu-ray, y también está disponible en plataformas de streaming.

La fuente de inspiración, y tomándose muchas licencias, era el viaje de Jasón (Todd Armstrong), el heredero legítimo del trono de Tesalia usurpado por su tío Pelias (Douglas Wilmer), a bordo de la nave construida por Argos y acompañado por los guerreros más fuertes y hábiles (el legendario Hércules entre ellos) hasta el lejano reino de la Cólquide para hacerse con el vellocino de oro. La piel mágica de un carnero al que se le atribuyen poderes curativos y también de prosperidad y protección.

Estaban los mortales y sus tribulaciones en la Tierra y, arriba, los dioses del Monte Olimpo jugando a su capricho con los destinos de éstos. Una idea que se retomaría 18 años después en Furia de titanes (Clash of the Titans, 1981) y con efectos también de Harryhausen.

La película fue dirigida por Don Chaffey, quien obtendría su mayor éxito con las aventuras prehistóricas de Hace un millón de años (1966), gracias al reclamo de una espectacular Raquel Welch paseándose en insinuantes y ajustados “biquinis” a la moda cavernícola. No es un prodigio de guion ni de ritmo narrativo ni de interpretaciones (difícil pensar en alguien más inexpresivo que su protagonista, Todd Armstrong, y algo más luminosa se muestra Nancy Kovacks como la sacerdotisa Medea); pero a la vez es uno de esos títulos fundamentales del cine fantástico y que marcaría una generación de cineastas, espectadores y críticos.

Jason and the Argonauts (simbasible.com)

De hecho, el argumento es una mera excusa, una transición hacia las escenas en las que se van mostrando las criaturas animadas creadas por Harryhausen. Ahí estaban la pareja de arpías que atormenta al ciego Fineo (maldecido por su don de la clarividencia), el mascarón situado en popa en lugar de proa con el rostro de la diosa Hera (protectora de Jasón), Tritón abriendo paso a los argonautas hasta la Cólquide; la hidra de múltiples cabezas que custodia el vellocino y, muy especialmente, la colosal estatua de bronce Talos cobrando vida o la lucha final de Jasón contra siete esqueletos (una escena ampliada y mejorada de Simbad y la princesa, de 1958, con efectos especiales de Harryhausen).

Las escenas creadas por Harryhausen eran la auténtica estrella de la función, recurriendo a su querida técnica de animación en stop motion (dynamotion), fotograma a fotograma. Los movimientos de sus criaturas son algo torpes o artificiales, pero al fin y al cabo un prodigio de inventiva y con el acompañamiento de la música compuesta por otro maestro, Bernard Herrmann, hace que sean realmente impresionantes en pantalla. Sin embargo, su laboriosa producción y esfuerzo no se vio justamente recompensado en taquilla, y las posibles secuelas con las aventuras de los argonautas nunca llegaron a materializarse.

El estreno precisamente de Furia de titanes de Desmond Davis (otro pinchazo en taquilla, aunque en España fue de los pocos países en los que obtuvo cierto éxito de público) fue el que condujo a que nos llegara también entonces a nuestros cines Jasón y los argonautas.

Curiosa, entrañable, pionera, magistral. Es pura arqueología cinematográfica, pero de la que despierta el apetito por la imaginación y las aventuras. O por el pasado, sea el de la antigua Grecia o el de la fascinante historia de los efectos visuales en el séptimo arte. No debería pasar inadvertida por las nuevas generaciones, ni aunque sea en una época como esta, saturada de producciones audiovisuales.

Tomado de: “El cielo sobre Tatooine”. 20minutos.es. Junio 19, 2018.