La mirada del pasado al presente de Peter Burke

Burke es un referente de la historiografía que estudia procesos y no hechos, especialista en el Renacimiento, la modernidad y en la historia del conocimiento. En esta conversación explica su mirada historiográfica, deudora de la Escuela de los Annales, y habla de las similitudes entre la revolución de la imprenta y la revolución digital

Performance Practice of the Renaissance Music (Andrea Angelini)

POR Juan Rodríguez M.

Burke es un referente de la historiografía que estudia procesos y no hechos, especialista en el Renacimiento, la modernidad y en la historia del conocimiento. En esta conversación explica su mirada historiográfica, deudora de la Escuela de los Annales, y habla de las similitudes entre la revolución de la imprenta y la revolución digital

En 1979, con 42 años, el historiador inglés Peter Burke postuló a un puesto como profesor en Cambridge. Por entonces ya había publicado libros como El sentido del pasado en el Renacimiento (1969), El Renacimiento italiano (1972) y Cultura popular en la Europa moderna (1978), y llevaba 17 años en la Escuela de Estudios Europeos de la Universidad de Sussex. Pero eso no le bastó a uno de los principales profesores de Cambridge, quien se opuso al nombramiento. “Él pensaba que yo era muy francés”, explica Burke (Stanmore, Inglaterra, 1937), sentado en la sala del consejo superior, en la Casa Central de la P. Universidad Católica de Valparaíso (PUCV).

A pesar de esa oposición, Burke fue contratado. Hoy es profesor emérito en Cambridge y un reconocido historiador, no sólo por sus estudios sobre la Europa moderna, sino por hacerlo con un acento en la cultura, con métodos innovadores, mostrando, por ejemplo, la función social y política del lenguaje y las imágenes. Ha publicado más de 20 libros –además de los ya mencionados, La fabricación de Luis XIV (1992) y ¿Qué es la historia cultural? (2004), entre otros—, ha sido traducido a 28 idiomas y en 1998 recibió la Medalla Erasmus de la Academia Europea.

Un excéntrico

Lo de “muy francés” apuntaba precisamente a su interés por la historia cultural, con una mirada larga y compleja de la historia, que va más allá de los grandes individuos y hechos, es decir, la mirada de la francesa Escuela de los Annales. “Era estudiante en Oxford, y lo que me atrajo hacia la historia cultural, que por entonces no se estudiaba allí, fue la posibilidad de estudiar arte. Fue el entusiasmo por el arte italiano del Renacimiento lo que me llevó hacia ese campo”, señala. “Después descubrí la Escuela de los Annales y empecé a ver la historia cultural no como algo que se basta a sí mismo, sino como parte de un modelo total de historia que busca hablar de la vida. Todo esto es muy respetable ahora, pero en los años 60 era excéntrico. La mayoría de los historiadores hacía historia política y económica, y consideraba que la mayor parte de lo que yo estaba haciendo era extraño”. Hoy la situación es distinta: “Obviamente, hay mucha gente que no sigue la Escuela de los Annales, pero ya no piensa que es algo equivocado o estúpido. Por supuesto, para mí siempre estuvo bien ser excéntrico, porque en Inglaterra tenemos la cultura del individualismo, así que la gente se puede reír de los excéntricos, pero los toleran”, abunda.

Esa mirada amplia sobre la historia, que permite, por ejemplo, investigar procesos que van de la imprenta de Gutenberg a la Ilustración, y, por qué no, hasta Wikipedia, como hizo Burke en Historia social del conocimiento (2000 y 2002), esa mirada, decimos, explica que este historiador fuera invitado por el Instituto de Historia de la PUCV a participar en el XVI Seminario de Didáctica de la Historia, Geografía y Ciencias Sociales y del VII Simposio Internacional de Didáctica de las Ciencias Sociales en el Ámbito Latinoamericano.

—Qué es la historia cultural?

—Suponiendo que me hubieras hecho esta pregunta en los 60, yo diría que la historia cultural es la historia de las artes y las ciencias, es decir, historia de la música, de la pintura, de la filosofía y, sobre todo, de las posibles conexiones entre estas diferentes artes. Si me preguntas en los 70, yo diría que es todo eso, pero también es la historia de la cultura popular, y eso significaría: las canciones folclóricas, los cuentos folclóricos, la imaginería popular, la música popular, etcétera. Pero si me preguntas en los 80, y de ahí en adelante, yo diría sí, son ambas cosas, pero ahora también hay un tercer sentido de cultura, aún más amplio, que es la manera de vivir, pues los historiadores tomaron prestado de los antropólogos la idea de cultura entendida como los valores esenciales de una sociedad expresados en toda una manera de vivir, es decir, en la manera en que caminas, en la que hablas, y ya no sólo en las creaciones artísticas. Ahora, en la historia de la cultura misma, lo nuevo no elimina lo viejo, sino que coexisten. Y entonces estas tres ideas de la historia cultural existen, felizmente, desde mi punto de vista, una junto a la otra, porque son complementarias y no contradictorias.

El secreto y el pasado

Love Poems of the English Renaissance (ThoughtCo)

El libro más reciente de Burke, en inglés, es Secret history and historical consciousness (2017). Es un conjunto de 13 artículos publicados entre 1992 y 2012. En el que le da nombre al libro, Burke habla del auge, en la Europa del siglo XVII, de las historias sobre las motivaciones privadas y las intrigas detrás de los hechos públicos. Y entonces, cómo no pensar en la llamada “sociedad de la transparencia” del siglo XXI, y especular sobre eventuales paralelos entre ambos momentos, ¿tal vez el interés en descubrir complots y conspiraciones?

“Hay un paralelo a nivel de diagnóstico –responde Burke—, pero no hay un paralelo a nivel de qué hacer al respecto. En el siglo XVII tienes una crítica de los discursos públicos, pero no tienes un debate sobre la transparencia. No conozco ningún debate serio sobre transparencia hasta mediados del siglo XVIII, en Suecia. Allí, en esa fecha, la gente está hablando de la necesidad de transparencia y de que a los ciudadanos, que por entonces eran una minoría, se les dé información. El lado negativo de esto, la idea de conspiración, por supuesto es algo muy viejo. Lo que es muy interesante para el historiador cultural es ver que algunas de las características de los conspiradores son transferidas de un grupo a otro a lo largo de los siglos: los paganos acusaron a los cristianos de matar guaguas y comérselas, pero luego los cristianos acusaron a los judíos de hacer lo mismo. Los enemigos de los jesuitas decían que estos tenían una conspiración para tomar el control del mundo, pero la misma acusación se hizo contra los templarios en la Edad Media tardía. Así es que tienes estos estereotipos que de algún modo logran transferirse de un grupo a otro sin cambiar mucho”.

En 2016 se publicó en castellano El sentido del pasado en el Renacimiento, un libro que Burke publicó en inglés en 1969, y que iba a ser menos ambicioso de lo que terminó siendo. “Originalmente pensaba que iba a escribir una pequeña historia del pensamiento histórico en el Renacimiento, y que eso significaría hablar sólo de los historiadores del Renacimiento. Pero, tal vez por la influencia de la Escuela de los Annales, pensé que era mucho más interesante ser más ambicioso y preguntarse cómo veía el pasado la gente en general, al menos la gente educada, la que escribió algo. De alguna manera, todos tienen un sentido del pasado, tú no puedes operar sin ideas como ‘ayer’ o ‘año pasado’, por eso el asunto era ver si en el Renacimiento había un sentido novedoso del pasado”.

Y claro que lo había. Es la “idea del pasado como algo distinto del presente, como un tiempo en el que la gente se comporta diferente, tiene otras costumbres”. Hoy puede sonar a perogrullada, pero entonces no: “Algunas personas en Italia en el siglo XV se dieron cuenta de que había grandes diferencias entre la manera en la que ellos pensaban, o la manera en que se vestían, y la Edad Media, primero, y luego los antiguos romanos. Y ya sabes, ellos, en el siglo XV, inventaron el término Edad Media, porque querían imitar a la Antigüedad y buscaron un nombre para ese largo periodo que los separaba del mundo antiguo”, indica Burke. Dicho de otro modo: “En la Edad Media no sabían que estaban viviendo en la Edad Media”.

—¿Cómo se reconoce esa nueva mirada sobre el pasado?

La evidencia de las imágenes es particularmente buena. ¿Cómo saber si la gente piensa que el pasado es más o menos lo mismo que el presente o que es algo diferente? Bueno, en la Edad Media, cuando representaban la Resurrección, los soldados romanos en la tumba de Cristo usaban la armadura del período en el que vivía el artista. Pero repentinamente, en el siglo XV, empezaron a usar antiguas armaduras romanas, porque los artistas, que conversaban con los humanistas, se dieron cuenta de que las armaduras tienen una historia”.

Hibridismo cultural

Peter Burke: Case of cultural hybridity (youtube.com)

En 2013 se reeditó en castellano Hibridismo cultural (2009), un concepto clave en la mirada historiográfica de Burke. “Había una antigua mirada según la cual el Renacimiento comienza y, digamos, en un salto arquitectónico, la gente vuelve a construir en un estilo clásico, y ese es el final del gótico. Pero cuando observas con cuidado las iglesias, los palacios que se construyeron, incluso en Italia, en los siglos XV y XVI, y aun más en otros países, descubres una mixtura. Aunque se introdujo un montón de detalles clásicos, a veces los planos eran medievales, como se ve en el castillo de Chambord en Francia. O al revés, tenían planos clásicos, pero los detalles era medievales. Una y otra vez uno encuentra esta mixtura”.

—¿Por qué la llamó hibridismo?

Porque quería enfatizar que no fue del todo consciente. En la filosofía hubo un intento deliberado de hacer una síntesis de la antigua filosofía pagana –Platón y Aristóteles— y el cristianismo; eso es consciente y lo llamo sincretismo. Pero la arquitectura es colectiva y tal vez el arquitecto tenía una cierta idea, pero a veces los artesanos estaban entrenados en otra tradición, tenían ciertos habitus, y gracias al habitus interpretaban lo nuevo en términos de lo antiguo, y eso producía un tipo de mixtura. Eso lo ves más vívidamente en esta parte del mundo que en Europa. Fui a Arequipa y conocí la iglesia de los jesuitas, La Compañía. La persona a cargo de la construcción, podrías decir el arquitecto, era un jesuita que tenía acceso a libros sobre arquitectura renacentista o clásica, pero la gente que realmente construyó la iglesia fueron amerindios, y ellos tenían sus tradiciones de construcción. Los jesuitas les decían qué hacer, pero sus manos y sus ojos les estaban diciendo que hicieran algo un poco diferente. A eso lo llamo hibridismo.

—Otro título reeditado en castellano es su Historia social del conocimiento. ¿Hay similitudes entre la aparición de la imprenta y la del mundo digital?

Cuando lo escribía, me gustó la similitud entre la situación en los comienzos de la impresión y la situación en el final del dominio de la imprenta (que espero no sea el fin de la impresión). Cuando Gutenberg comenzó a vender los libros que salían de la imprenta, la gente no dejó de escribir manuscritos. Por mucho tiempo el mercado de manuscritos fue más grande que el de libros impresos, y gradualmente se desarrolló cierta división. Y así, había aristócratas que escribían poesía que no querían verla impresa, porque pensaban que eso era muy comercial, que no era bueno para la dignidad de la poesía. Entonces estos poemas eran reunidos en manuscritos y se distribuían entre amigos, parientes, etcétera. Y ahora, con la llegada de la revolución digital, tenemos lo digital y lo impreso existiendo lado a lado, puedes leer el diario en papel, como lo hago yo, o puedes leerlo en línea. La experiencia del pasado sugiere que esta coexistencia podría continuar por un largo tiempo. Y por eso soy optimista, pues como un amante de los viejos medios, no quiero verlos desaparecer.

—¿El impacto de internet es tan crucial como el de la imprenta?

Es la gran pregunta, el impacto de Internet. Y no quiero evadirla, pero a mí, como historiador, me parece un poco temprano para responderla. La imprenta en Occidente, con tipos móviles, fue inventada alrededor de 1450, y si le hubieras preguntado a alguien en 1480 cómo cambió el mundo, bueno, te hubiese dicho que era demasiado temprano para decirlo. Sólo para fines del siglo XVI podremos saber cuáles serán los efectos? Así es que, respecto a Internet, sólo puedo decir: pregúntame en 100 años.

Tomado de: El Mercurio. Mayo 6, 2018.