La oscura rebeldía de los hermanos Brontë

“Crecieron escuchando las leyendas de fantasmas de su pueblito en voz de la anciana cocinera que los cuidaba. Les narraba las historias de apariciones en el páramo durante las noches de tormenta, cuando estaban todos reunidos alrededor del fuego de la cocina. Su tía, una fanática metodista, les compartía relatos sobrenaturales”, señala Laura Ramos

Charlotte Brontë bicentenary in 2016 (Suffolk Libraries)

POR Fabiana Scherer

“Crecieron escuchando las leyendas de fantasmas de su pueblito en voz de la anciana cocinera que los cuidaba. Les narraba las historias de apariciones en el páramo durante las noches de tormenta, cuando estaban todos reunidos alrededor del fuego de la cocina. Su tía, una fanática metodista, les compartía relatos sobrenaturales”, señala Laura Ramos

Las hermanas Brontë no son las tres vírgenes del páramo, como quiso hacernos creer la primera biógrafa de la familia, la señora Elizabeth Gaskell –explica Laura Ramos, la autora de Infernales. La hermandad Brontë: Charlotte, Emily, Anne y Branwell (Taurus). “La primera biografía de Charlotte, escrita cuando, podríamos decir, el cadáver de Charlotte todavía estaba tibio, en 1856, está llena de verdades falsas, de ignorancia y de omisiones, algunas ex profeso y otras no”.

Durante siete años, la escritora y periodista argentina Laura Ramos estuvo trabajando en Infernales, la biografía más completa en castellano sobre las tres escritoras y su hermano, un poeta maldito. “Si los estudios del siglo XX se dedicaron a indagar en la relación entre el yo y la obra, entre lo biográfico y el yo personal, yo abriría un paquete prohibido: el sentimentalismo –indica Ramos en un capítulo al que llamó ‘Mis libros prohibidos’ y fechó en enero de 2018. Me apropiaría de todas las investigaciones hechas hasta el momento, haría la ruta Brontë británica, la irlandesa y la belga, pero también agregaría las fuentes desacreditadas. Si ya había desobedecido al nacionalismo marxista de mi padre con mi anglofilia, era el turno de desobedecer a las lecturas feministas de mi madre con una biografía ‘a la manera sentimental’”.

Las hermanas Charlotte (1816-1855), Emily (1818-1848) y Anne (1820-1849) Brönte fueron las tres hijas pequeñas del matrimonio de Maria y Patrick Brönte, una familia que marcó la historia de la literatura universal gracias a obras como Jane Eyre, Cumbres borrascosas, Agnes Grey y La inquilina de Wildfell Hall. También estaba Branwell (1817-1848), el único hermano varón. La prematura muerte de la madre y de las hermanas mayores [en total, eran seis] marcó definitivamente a la familia Brontë, tornándola sombría y oscura. Los hijos que sobrevivieron empezaron a escribir poemas e historias, antes de que llegaran a la adolescencia, y formaron su comunidad creativa.

—¿Por qué decidiste titularla Infernales?

—Cuando eran niños, los hermanos escribieron una obra monumental, inmensa y compleja, llena de romances y batallas, a la que ellos llamaban, para referirse a esos escritos, El mundo infernal. Era una obra clandestina en casa de su padre párroco, porque los héroes tenían varias esposas y amantes; las heroínas también; se cometía incesto, adulterio, crímenes, todos temas prohibidos para estos niños de entre 7 y 18 años. Le puse Infernales, en alusión a ese mundo que fue su literatura y a lo infernal que rondó la vida de las tres hermanas y no sólo la de Branwell, el varón.

Desde 2016, los festejos por los 200 años de los nacimientos –primero de Charlotte, luego de Branwell, el 30 de julio de este año será el turno de Emily y en 2020, el de Anne— reavivaron la pasión por los Brontë. “Sin duda, las hermanas están de moda en Europa. El merchandising bronteano explotó con las remeras de Cumbres borrascosas, las películas, las series televisivas, las libretitas de Jane Eyre. En parte, puede tener que ver con la revolución feminista, porque ellas fueron las primeras feministas avant la lettre, como lo descubrió Victoria Ocampo, que era una fan confesa y que viajó a su pueblo en el norte de Inglaterra, bajo la nieve, y escribió muy emocionada varios textos sobre ellas”, analiza Ramos. “Pero esta moda también tiene que ver con los descubrimientos que se fueron haciendo sobre la vida de las Brontë: que tenían un hermano oculto, que Charlotte había tenido un amor adúltero, que Anne también había estado enamorada, que Emily no era una inocente chica de campo, sino que había traducido a Virgilio del latín, que las tres chicas no vivieron encerradas en su pueblo, sino que viajaron a Europa y tuvieron amores. Que al menos una de ellas reescribió la historia de la Cenicienta, porque conoció la fama, el amor y la fortuna”.

Laura Ramos (La Nación/ Juan Pablo Soler)

—¿Cómo alimentaron estos cuatro hermanos la curiosidad literaria y la imaginación en un lugar como Haworth?

—Crecieron escuchando las leyendas de fantasmas de su pueblito en voz de la anciana cocinera que los cuidaba. Ella les narraba las historias de apariciones en el páramo durante las noches de tormenta, cuando estaban todos reunidos alrededor del fuego de la cocina. Su tía, una fanática metodista, les compartía relatos sobrenaturales. También escuchaban desde muy chiquitos a su hermana mayor leerles en voz alta los periódicos que contaban las batallas entre Napoleón y el duque de Wellington. Sobre estas batallas empezaron a inventar historias, que representaban como obras teatrales. Después empezaron a escribir esas mismas historias, que se convirtieron en sus primeros textos literarios. Y empezaron a leer a Walter Scott, a Lord Byron, a De Quincey y a los escritores románticos de la época. Eran niños muy raros y poco sociables. Las niñas se vestían con vestiditos oscuros y largos, bordaban pasajes de la biblia, versículos enteros, y hablaban en susurros durante los meses en que su madre estuvo enferma. Eran todos cultísimos y leían, prestado por un vecino, un periódico de Edimburgo, el Blackwood Magazine, que publicaba la mejor y nueva literatura y poesía del momento.

La razón del porqué las Brontë deciden bautizarse como los Bell para publicar sus historias es uno de los grandes atractivos de Infernales. “Es asombroso que una chica de 20 años haya tenido tal confianza en sí misma como para hacer esto”, expresa Laura Ramos. Charlotte le envío al famoso poeta Robert Southey algunos de sus escritos con la intención de hacerse conocer. En su respuesta, Southey le dijo que reconocía en ella ‘el don del verso’, sin duda un gran halago, pero que como mujer no podía escribir, que debía dedicarse al hogar, a tener hijos y a la familia. De modo que el día en que Charlotte descubrió los poemas secretos de Emily y luego los de Anne, logró convencerlas de publicarlos. Lo harían con seudónimos masculinos. Así que cada una se puso un nombre con la inicial del nombre verdadero: Currer, Ellis y Acton Bell”.

Uno de los momentos más cinematográficos de Infernales, señala Ramos, es el relato que se describe en el capítulo “La visita pop”, cuando dos de las hermanas viajan a Londres con sus vestiditos provincianos a revelar sus verdaderas identidades a su editor. “Los hermanos Bell eran los autores más famosos de Inglaterra”, abunda Ramos. “Es una historia sensacional, porque además el editor era joven, hermoso y soltero. Hubo una historia de amor, desde luego, y un viaje a Escocia y cartas y escenas llameantes”.

—El lugar de crianza tuvo repercusiones diferentes para cada uno de los hermanos.

—Para ellos, Londres era la Gran Babilonia, la ciudad del pecado. Sentían una gran repulsión en principio, y cuando una de las hermanas se hizo famosa y tuvo a todo el Londres cultivado a sus pies, no terminó de adaptarse. En las reuniones con las damas más encumbradas y los caballeros más famosos de la época, como William Thackeray o Harriet Martineu, ella prefería sentarse en un rincón y hablar con la institutriz de la casa. Las damas se reían de su postizo, del que ella estaba orgullosísima. En una reunión en casa de Thackeray (autor de La feria de las vanidades), lo reprendió porque el día anterior él, en una conferencia, se acercó a Charlotte con su madre, y dijo en voz muy alta: “Madre, te presento a Jane Eyre”. De ese modo, desenmascaró ante el público la identidad de Charlotte, que había firmado la obra con el seudónimo de Currer Bell y no quería ser reconocida.

—Anne es la hermana menos “famosa” sin embargo, escribió la primera novela feminista.

—Fue la menos talentosa de las hermanas. Emily es un genio indudable. Cumbres borrascosas no sólo es una novela genial: crea un héroe malvado, Heathcliff, y unos climas y personajes llenos de perversidad, sexualidad y furia que escandalizaron a su época. Charlotte es una gran novelista: Jane Eyre funda la novela inglesa. Las dos novelas de Anne son de menor genio, pero ambas son hermosas. Agnes Grey es la historia de una institutriz donde Anne volcó mucha de su experiencia. También es una historia de amor. La inquilina de Wildfell Hall es considerada una de las primeras novelas feministas. La heroína hace algo impensado para la época: abandona a su marido. Además, trabaja y vive de su propio dinero y, no menos importante, encuentra el amor. Anne, además, es la más tímida y, en cierto sentido, la hermana que se sacrifica en pos de los demás. En pos de Branwell, al principio, se sacrificaron todas, yendo a un internado de la caridad mientras él estudiaba en su casa, y luego trabajando como institutrices para que él probara suerte como pintor en una gran ciudad. Pero hacia el final, Anne se queda trabajando como institutriz mientras Charlotte y Emily viajan a Europa a estudiar y a tener aventuras. En cierta manera, Anne fue una heroína romántica.

—Es muy interesante lo que cuentas en la biografía acerca de la decisión de Charlotte de ocultar a Branwell. ¿Lo consideras un poeta maldito?

—Totalmente. Branwell fue sacrificial al Romanticismo. Su vida cumplió, paso por paso, las fases por las que solían pasar los escritores del momento. Los escritores y poetas eran los héroes, los dandis que marcaban modas, costumbres e ideas. Lord Byron impuso el modelo del joven desafiante, lujurioso y melancólico, de destino trágico, que luchaba por sus ideales hasta el fin. Con los escasos medios de que disponía en un pueblito enclavado en la cima de un páramo, Branwell cumplió ese destino. Se enamoró y fue amado, tuvo un amor prohibido, escribió centenares de textos literarios, versos en prosa y una novela inconclusa, fue opiómano como Thomas de Quincey, al que admiraba, y todavía más alcohólico que los escritores londinenses de la época. Fue un poeta maldito temprano. Sus poemas narrativos, del estilo de los de Byron, apelaban al Infierno y a Satán, y los héroes de sus historias eran siniestros, seductores y malditos. Branwell, además, tuvo un final trágico. Fue incomprendido y deliberadamente ocultado por sus hermanas, ya célebres, y por la posteridad, por todas esas características.

—Tras esta exhaustiva investigación, ¿crees que aún te queda algún camino por recorrer de los hermanos Brönte?

—Me quedó mucho material como para profundizar en cada uno de los hermanos y también en su obra, que no está traducida al castellano, cosa que voy a hacer.

Una de las características y cualidades de Infernales es que se lee como una novela, pero como bien aclara Ramos, “no porque sea una biografía novelada, sino porque la vida de los hermanos Brontë es más intensa que una novela. La vida de los Brontë compite con su obra”.

Tomado de: La Nación. Junio 3, 2018.