El oso grizzli de James Oliver Curwood

De James Oliver Curwood se ha escrito que es el continuador de la cartografía literaria trazada por Jack London. Es cierto, aunque las narraciones de Curwood están más allá de la visión pesimista de London

1988 Film The Bear on the Perils of Wilderness (wilderutopia.com)

POR José Luis Durán King

De James Oliver Curwood se ha escrito que es el continuador de la cartografía literaria trazada por Jack London. Es cierto, aunque las narraciones de Curwood están más allá de la visión pesimista de London

“En el corazón de todo hombre está el diablo, pero no conocemos la maldad del hombre hasta que el diablo es despertado”. La cita anterior –cruda, siniestra, real— corresponde al narrador y periodista estadounidense James Oliver Curwood, quien nació en Owosso, Michigan, el 12 de junio de 1878.

El niño Curwood no se caracterizó por ser un alumno brillante. O más bien dicho, pocos tuvieron la oportunidad de constatar qué tan destacado era en clases, pues prácticamente no asistía. Aun así, con una educación escolar irregular, Curwood comenzó a escribir sus primeras historias a los nueve años.

En noviembre de 1894, el diario local The Argus le publicó un cuento y Curwood decidió celebrar su logro recorriendo en bicicleta el sur de Estados Unidos. Cuatro años después se matriculó en la carrera de periodismo en la Universidad de Michigan. Poco le duró el gusto, pues a la mitad de la carrera ingresó a las filas del Detroit News Tribune, donde tuvo dos etapas, la primera de seis meses y la segunda de cinco años, alcanzando el puesto de redactor en jefe.

Se casó, se divorció, se volvió a casar y por fin decidió que él no era para estar cautivo en una sala de redacción. Lo suyo era la literatura y la vida salvaje.

En 1908, Curwood publicó dos novelas: The Courage of Captain Plum y The Wolf Hunters. En The Wolf Hunters introduce al trapero Roderick y su guía indio Mukoki, cuyas aventuras continuaron en The Gold Hunters (1909).

La Bahía de Hudson fue su primera llamada a territorio salvaje. Sus vacaciones en esa zona y más al norte se fueron prolongando, al punto que su estancia alcanzaba los seis meses, un ritual que mantuvo en los siguientes 18 años. Nunca se estableció en un solo sitio. Escribía, generalmente, en cabañas construidas por él mismo. Así surgieron las novelas Kazan (1914) y Bari, el perro lobo (1917).

De James Oliver Curwood se ha escrito que es el continuador de la cartografía literaria trazada por Jack London. Es cierto, aunque las narraciones de Curwood están más allá de la visión pesimista de London, quien murió a causa de una sobredosis de morfina, medicamento que tomaba a causa de “un dolor extremo”.

En el caso de Curwood, su amor por la vida salvaje se expresó cuando abdicó de cazar animales, asumiendo una postura de franca defensa de la conservación de la naturaleza. Este cambio dramático queda de manifiesto en su novela The Grizzly King, que el director francés Jean-Jacques Annaud convirtió en una hermosa película que en México vimos con el titulo El oso. Por cierto, la secuencia final en la que el oso perdona la vida al cazado es auténtica, según Curwood narra en su autobiografía.

En 1927, durante una estancia en Florida, James Oliver Curwood fue mordido por una araña. El hombre que enfrentó la vastedad, la soledad y la majestuosidad de los grandes bosques y lagos del norte del continente, falleció por una fuerte alergia a la ponzoña del arácnido, seguida de una septicemia.