Sobre el tamaño de Lucifer

Dante llevaba muerto varios siglos y su poema-visión era objeto de estudio incluso por los hombres de ciencia. Eso acometió Galileo Galilei, a los 24 años, cuando aún no era famoso por sus peligrosas doctrinas heliocéntricas. Como su formación básica era matemática, se propuso demostrar que era capaz de averiguar las medidas del Inferno

Dante and Vergil In Hell,  by Eugene Delacroix (fineartamerica.com)

POR Guillermo Fatás

Dante llevaba muerto varios siglos y su poema-visión era objeto de estudio incluso por los hombres de ciencia. Eso acometió Galileo Galilei, cuando aún no era famoso por sus peligrosas doctrinas heliocéntricas. Como su formación básica era matemática se propuso demostrar que era capaz de averiguar las medidas del Inferno

No se sabe a ciencia cierta cuánto mida el Maligno, pero, desde hace mucho tiempo hubo quien se interesó por un Lucifer gigantesco y famoso: el que imaginó, allá por 1307, Dante Alighieri. En la magnífica y revuelta Florencia nació de su pluma el patrón clásico de la bella lengua que hoy llamamos italiana. La famosa Commedia (lo de “Divina” se lo añadieron luego, por la materia de que trataba) consistió en un prodigioso viaje en verso por el Más Allá del cristianismo. Lógicamente, incluía una visita a los siete niveles del Infierno.Tan aterradora, que hoy, el adjetivo “dantesco” se refiere sólo a esa parte del viaje.

Galileo estudia a Dante

Dante llevaba muerto varios siglos y su incomparable poema-visión era objeto de estudio incluso por los hombres de ciencia. Eso acometió Galileo Galilei, a los 24 años, cuando aún no se había hecho famoso por sus peligrosas doctrinas heliocéntricas. Como su formación básica era matemática, se propuso demostrar a una famosa academia florentina que era capaz de averiguar las medidas del Inferno de Dante, en forma de cono invertido. Su eje va desde Jerusalén hasta el centro de la Tierra. (Mi amigo Ignacio de Urzaiz prefiere, entre las muchas existentes de este pavoroso antro, las ilustraciones que Botticelli pintó para los Médici).

Galileo, si bien era de Pisa, estaba afincado en la capital toscana y dio dos conferencias sobre el asunto en 1588. Fueron muy bien recibidas, pues Florencia profesaba amor a la innovación inteligente, y lo pusieron en el camino de la fama.

Dante no suministra datos suficientes para averiguar con exactitud las dimensiones de su inmenso Infierno, pues precisarlas no era relevante para él. Todos sabían eso, pero admiraban los ejercicios de ingenio y disfrutaban viendo cómo una inteligencia joven y brillante se desenvolvía haciendo frente a un reto así.

El temible señor de ese abismo vive aprisionado en su fondo. Una mole de hielo implacable lo tiene preso de cintura para abajo. Su ombligo es el centro del Mundo. Lucifer mastica sin cesar en sus tres enormes bocas, cada una de un color, a sendos traidores famosos: Judas, que vendió a Jesús; y Bruto y Casio, asesinos de César. Pena eterna para los cuatro, que no verán nunca acabado su padecimiento, lo mismo el Ángel Caído que los tres humanos a quienes Dante detestaba y proponía como ejemplo mayor de maldad y villanía.

Cómo se mide al Demonio

Medir el Inferno a partir de un texto carente de especial cuidado por la precisión topográfica era una tentación para estudiosos y artistas. Galileo no fue el primero que se lo propuso, pues ya lo habían intentado otros afamados calculistas, como Manetti y Vellutello, y el reto fue considerado igualmente atractivo por pintores y grabadores. Se trataba, podría decirse, de un desafío académico, de un ejercicio más bien artificioso regido por el talento, el ingenio y la creatividad, a partir de una obra que era un justo blasón para la activa y cultivada Florencia del Humanismo, la ciudad que hoy sigue mereciendo la admiración universal por su finura insuperable.

Galileo toma nota de un aserto de Dante: la estatura del poeta, según sus versos, está más próxima a la de un gigante que la de un gigante a la envergadura del brazo de Lucifer: “e piùcon un gigante io mi convegno,/ che i giganti non fan con le sue braccia”. A partir de ahí se desarrolla el silogismo: conocidas la estatura de Dante y la de un gigante, podría deducirse el tamaño de Lucifer. Se sabe que Dante fue de estatura como de tres brazos (en Florencia, 0,58 m x 3 = 1,74 m). ¿Qué proporción habría entre esta medida y la de un gigante? Tómese el caso del enorme Nimrod, condenado en el “Inferno” por haber querido alzar la Torre de Babel, para que llegase hasta el cielo, desafiando a Dios. El poeta insinúa su envergadura: “La faccia sua mi parea lunga e grossa/ come la pina di San Pietro a Roma,/ e a sua proporzione eran l’altre” (“Me pareció su cara larga y gruesa como la Piña de San Pedro en Roma, y en esa proporción los demás huesos”, traducción de Alinovi).

Conocemos esa “Piña”, una gran masa de bronce, arrancada a un monumento del Imperio Romano para ponerla ante San Pedro. La imponente pieza, del siglo II, se guarda en el Vaticano (en el Cortile della Pigna) y mide cosa de cuatro metros. De ahí puede colegirse, dada la proporción de una cabeza con el resto de la anatomía, la altura aproximada de un gigante; y de esta cantidad, a su vez, la medida de Lucifer: su brazo mediría más de 645 brazos florentinos; y puesto que el brazo anatómico equivale a la tercera parte de la altura del cuerpo, el del Maligno subiría, de pies a cabeza, entre 1100 y 1200 metros: a la misma conclusión había llegado Antonio Manetti en 1481.
Así concluye (y yo): “Y habiéndolo demostrado, pongo punto final a mi razonamiento”.

Tomado de: Heraldo (España). Agosto 12, 2018.