Edgar Allan Poe: un crítico literario lapidario

Edgar Allan Poe (1809-1849) tuvo que ganarse el sustento con las colaboraciones periodísticas, que incluían su propia producción literaria y la crítica de la obra ajena, en la que hizo gala de un “puntillismo exasperante en cuestiones de gramática y estilo”, con una independencia de criterio “inusual”, señala el traductor Antonio Rivero Taravillo

El Cuervo, de Edgar Allan Poe (Zenda)

POR EFE

Edgar Allan Poe (1809-1849) tuvo que ganarse el sustento con las colaboraciones periodísticas, que incluían su propia producción literaria y la crítica de la obra ajena, en la que hizo gala de un “puntillismo exasperante en cuestiones de gramática y estilo”, con una independencia de criterio “inusual”, señala el traductor Antonio Rivero Taravillo

Madrid. Edgar Allan Poe es un autor reconocido universalmente como uno de los maestros del relato corto pero en vida fue escritor a veces marginal y un crítico literario que “apaleó” sin piedad a algunos exitosos contemporáneos suyos y también “clarividente”, al ver talentos como el de un joven Dickens, como señala el escritor peruano Fernando Iwasaki.

Diez años después de la edición de los cuentos completos de Edgar Allan Poe, traducidos por Julio Cortázar y prologados por Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, la editorial Páginas de Espuma acomete la publicación del primer volumen de los tres que compondrán los ensayos completos de este norteamericano, que murió con apenas 40 años.

Iwasaki, que prologa este primer volumen, ha expresado en una entrevista su fascinación por ver cómo un joven Poe hizo la crítica literarias en varios periódicos y criticó de una forma lapidaria a autores consagrados de la literatura británica, “algo que hoy no ocurriría en la actualidad”.

“Era una época de periodismo independiente, donde Poe procedía con absoluta libertad en sus críticas” que en ocasiones eran “furibundas, incluso malignas”, señala Iwasaki, que explica también la influencia que tuvieron sus lecturas en sus textos de ficción.

El traductor de la obra, Antonio Rivero Taravillo, recuerda que Poe (1809-1849) tuvo que ganarse el sustento con las colaboraciones periodísticas, que incluían su propia producción literaria y la crítica de la obra ajena, en la que hizo gala de un “puntillismo exasperante en cuestiones de gramática y estilo”, con una independencia de criterio “inusual”.

Así, recuerda Iwasaki, criticó duramente a uno de los autores más exitosos de su época, Frederick Marryat, autor de Peter Simple (1834), uno de los grandes superventas del siglo XIX, cuya obra calificó de mediocre.

Porque para Poe, “vender mucho no era sinónimo de calidad literaria y por eso se peleó con los autores que más vendían en su época”, añade el autor peruano.

Cuando Poe hizo la crítica de sus textos, Charles Dickens apenas tenía 24 años y supo ver la solidez de su escritura y, unos años después, ya destacó su valía literaria y le auguró “la admiración entusiasta de toda persona de talento”.

Criticaba en los escritores sobre todo la escasa claridad y el pobre manejo de la retórica, recuerda Iwasaki, que señala que, aunque estas críticas literarias fueran “alimenticias”, “se entregaba a ellas de una forma vertiginosa”.

“En cada línea de estos ensayos de Edgar Allan Poe arde una pasión enfermiza por leer y escribir como si no existiera un mañana. Este volumen atesora las reseñas peor pagadas de la historia de la crítica literaria, pero Poe se las arregló para convertir la calderilla en oro”, sostiene Fernando Iwasaki.

Octubre 22, 2018.