El Álbum Blanco: todas las corrientes de los años 60

The White Album es el lugar donde confluyen todas las corrientes de los años 60 –loco, brillante, liberador, opresivo, ingenuo y sofisticado. En resumen, es un documento de gran importancia social

The Beatles: así es la edición para coleccionistas de The White Album (La Tercera)

POR Daniel Finkelstein

The White Album es el lugar donde confluyen todas las corrientes de los años 60 –loco, brillante, liberador, opresivo, ingenuo y sofisticado. En resumen, es un documento de gran importancia social

Podría haber sido la idea más estúpida de los años 60. Y esa ya era una dura competencia que ganar. En mayo de 1968, Los Beatles le dijeron a cualquiera que sintiera que tenía talento como artista que le enviara una cinta o un guion. Prometieron revisarlo todo y contestar.

En un par de días los inundaron. Sacos llenos de cintas y guiones comenzaron a acumularse. Multitudes sitiaron su nueva sede de Apple Corps en Londres pidiendo una audición. Era el caos. Los Beatles no habían contratado a nadie para que los ayudara a leer los guiones o escuchar las cintas. Lo poco que lograban revisar era basura.

“Entré en la oficina”, recordaba George Harrison, “y había piezas llenas de lunáticos”. John Lennon tuvo una experiencia similar: “Traté de ver a todo el mundo. Los veía día tras día y no había nadie con algo que ofrecer a la sociedad o a mí. Solo había, ‘Quiero, quiero'”.

Más adelante ese mes, Los Beatles comenzaron con las sesiones que llevarían, hace justo 50 años, al lanzamiento del Álbum Blanco. Los propios Beatles consideraron que era bastante rudimentario; el productor George Martin arrugaba la nariz cada vez que lo mencionaban, y para muchos es el sonido de un grupo que se desintegra. Sin embargo, la revista Rolling Stone lo proclamó en aquella época como “el mejor álbum que han lanzado” y muchos lo siguen considerando su favorito.

1968: cuatro revoluciones simultáneas

El lanzamiento de una nueva mezcla del álbum, mucho más nítida y clara que la original, reavivará el debate sobre si es su obra maestra. Pero puede aspirar a algo mucho más importante. Es el lugar donde confluyen todas las corrientes de los años 60 –loco, brillante, liberador, opresivo, ingenuo y sofisticado. En resumen, es un documento de gran importancia social.

En 1968 hubo cuatro revoluciones simultáneas, todas ellas producto del baby boom de posguerra. Primero, apareció la cultura pop. Con la prosperidad llegó un importante consumo, con gran crecimiento del entretenimiento masivo, la propiedad de automóviles, nuevas modas, mejoras para el hogar y aparatos, todo promovido por una enorme industria publicitaria. Artistas pop como Andy Warhol convirtieron a los atrevidos atractivos de marketing de las grandes empresas en pinturas y esculturas, reuniendo los mundos de la cultura y el comercio.

Junto con esto hubo una revuelta contra las leyes que restringían la libertad personal. Durante una huelga de recolectores de basura en Memphis en 1968, los afroamericanos llevaron carteles que proclamaban “Soy un hombre”. La insistencia de ser considerados como libres e iguales impulsó campañas de derechos civiles para cambiar las leyes sobre homosexualidad, igualdad racial y divorcio. También produjo un rápido cambio social, rompiendo tabúes y desafiando la censura, ignorando la moral sexual tradicional y, tal vez, lo más importante, desafiando la noción de deferencia.

La tercera revolución fue la contracultura: los hippies, los espiritualistas y los místicos. Su enfoque fue el de crear comunidades aisladas del capitalismo adquisitivo y la cultura pop que lo expresaba. En lugar de ello, instaban a sus miembros a encontrarse a sí mismos buscando en sus mentes. Podemos cambiar el mundo, pero sólo cambiándonos a nosotros mismos.

Y luego estaba la nueva izquierda que promovía las revoluciones insurgentes de los nacionalistas del tercer mundo, encontrando héroes en líderes como Fidel Castro en Cuba y Ho Chi Minh en Vietnam. La revolución cultural de Mao encontró admiradores en Occidente, a quienes les agradaba la idea de mandar a trabajar al campo a los burgueses. Consideraban a la cultura pop como un engaño capitalista y a la contracultura como complaciente. La guerra de Vietnam les dio una causa para unirse, sobre todo para los norteamericanos que deseaban escapar de ser reclutados.
El trabajo de Los Beatles siempre reflejaba lo que estaba sucediendo en las vidas de sus contemporáneos. Y de este modo, las cuatro revoluciones de 1968 encontraron su expresión en las pistas del Álbum Blanco.

Revolution 1

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La grabación de Revolution 1 tuvo lugar en el punto más álgido de las revueltas estudiantiles en París, y Lennon les dijo a los revolucionarios que tendrían que buscar apoyo en otro lado. “If you want money for people with minds that hate, all I can tell you is brother you have to wait” (Si quieres dinero para gente con mentes que odian, todo lo que puedo decirte es que tienes que esperar, hermano). La letra seguía: “if you go carrying pictures of Chairman Mao, you ain’t gonna make it with anyone anyhow” (Si andas con fotos del Presidente Mao, nunca vas a lograr nada con nadie).

¿Su solución? “Sería mejor que liberes tu mente”.

Era la declaración política más clara que había hecho en una canción. O al menos lo habría sido si él no hubiera sido ambiguo. Una de las líneas de Revolution 1 es “But when you talk about destruction, don’t you know that you can count me out in” (Pero cuando hablas de destrucción, sabes que no puedes, puedes contar conmigo). El “puedes” final estaba ahí porque Lennon estaba oscilando entre las ideas de la nueva izquierda y la contracultura.

Cuando Los Beatles convirtieron Revolution en un single , Lennon había decidido que no quería ser parte de la nueva izquierda y dejó de lado la palabra “puedes” (“in”). La izquierda ortodoxa encontró que su utópico “don’t you know it’s gonna be alright” (todo va a estar bien) era una pedantería insoportable de millonario. Y se enfurecieron aún más cuando, un año después, Lennon se rehusó a apoyar las protestas estudiantiles en Berkeley, California. El historiador de la música Peter Doggett cuenta que cuando mataron a un manifestante, Lennon les dijo: “No creo que haya ninguna causa por la que valga la pena recibir un disparo”. Sugirió que se mudaran a Canadá en su lugar. Abbie Hoffman, líder de los yippies anarquistas, lo llamó “una forma de pacifismo del establishment ” y dijo que no se molestaría en seguir comprando los discos de Lennon, pues “ya no me dice nada”.

Poco tiempo después Lennon volvió a girar hacia la nueva izquierda, dando entrevistas a sus revistas e invitando al marxista Tariq Ali a las sesiones de grabación de su álbum Imagine. Luego, en los años anteriores a su muerte, volvió a dar otro giro, considerando esto como un error.

Las contribuciones de Harrison al Álbum Blanco mostraron una ambivalencia similar, pero esta vez entre la cultura pop y la espiritualidad. Una de sus canciones, “Piggies”, critica la naturaleza desalmada de los capitalistas (“in their eyes there’s something lacking” (“en sus ojos hay algo que falta”), mientras otra canción, “Savoy Truffle”, es simplemente arte pop.

La principal postura política de Harrison era contra los altos impuestos, a los que atacó en “Taxman”, la canción que abre el álbum Revolver. Pero también pasaba gran parte del día meditando, pensando que la redención del consumismo occidental vendría de la espiritualidad oriental. Se había tomado más en serio que los demás la visita de 1968 a Rishikesh a ver al Maharishi. Pero, así y todo, le gustaba disfrutar de su riqueza.

La canción política más sutil (y probablemente también la mejor) del Álbum Blanco era la de Paul McCartney. No todos se dieron cuenta inicialmente que “Blackbird” (“take these broken wings and learn to fly”) (“toma estas alas rotas y aprende a volar”) era un respaldo al movimiento de los derechos civiles. Por otro lado, su “Back in the USSR” fue citado por la extrema derecha como evidencia de los sentimientos procomunistas de Los Beatles (lo que no era).

Las cuatro revoluciones de 1968 se cruzaron una a la otra, apropiándose cada una de los temas de las demás, pero al mismo tiempo, despreciándose mutuamente. Pero, ¿hay algo que las una? Los críticos del Álbum Blanco consideran que le falta coherencia. ¿Es eso cierto también de las influencias políticas en las que se apoya?

Lo quiero ahora

En la introducción a su libro sobre Los Beatles “Revolution in the Head”, Ian Macdonald identifica una palabra que me parece que une las revueltas de los años 60 y que pone a Los Beatles a la vanguardia de ellas. La palabra es “ahora”.

Común a todas las revueltas fue el rechazo a un mundo en el que se esperaba que la gente fuera cautelosa y ahorrara para el futuro. En lugar de ello, todo debía suceder ahora: consumo ahora, cambio político ahora, esclarecimiento ahora, revolución ahora.

Los artistas pop produjeron obras inmediatas, como los bienes de consumo que retrataban. Martin Luther King hablaba de la urgencia del “ahora” y tituló a su libro más importante Porque no podemos esperar. Sentía que los afroamericanos habían sido pacientes durante demasiado tiempo. En todas las manifestaciones se coreaba “Ahora” y esa palabra se convirtió en el espíritu de la época, para la izquierda y para la derecha. Cuando Richard Nixon se postuló para la reelección en 1972, su eslogan fue “Ahora, más que nunca”.

Con el decaimiento de la fe religiosa tradicional, los nuevos movimientos prometían recompensas espirituales instantáneas que no precisaban toda una vida de devoción. En 1971 el yoga Ram Dass publicó un libro popular sobre espiritualidad y meditación, “Be here now” (Estar aquí ahora). Dos años después Harrison lanzó una canción con el mismo título.

La idea de “ahora”, de satisfacer nuestras necesidades y deseos de inmediato, es el legado más perdurable de los años 60. Ha traído libertad personal, pero también matrimonios rotos; ha difundido la riqueza, pero alentado las deudas; ha terminado con la deferencia, pero ha socavado las tradiciones. Es la felicidad de gastar como si no hubiera un mañana, pero luego llega ese mañana. Ha dejado su marca en todo.

La opinión tradicional es que hay pocas décadas más diferentes que las de los 60 y los 80: la década de excitarse, de sintonizar y de dejar todo tirado contra la década de levantarse y ponerse manos a la obra. Sin embargo, las une la idea del ahora.

Las nociones de los 80 de que ahora se puede ganar dinero, que la ambición puede traer recompensas instantáneas, que no tienes para qué ahorrar, que puedes tenerlo todo ahora, tienen su origen en los años 60.

Pero por mucho que la idea del ahora se la debamos a los años 60, nuestra década es aquella en la que realmente se siente su poder.

Cincuenta años después del Álbum Blanco, tenemos la tecnología para sustentar la idea del ahora. Tu música y tus videos aquí y ahora, en el tren. Todo el conocimiento que han acumulado los seres humanos disponible con el clic de un mouse. Puedes ser un autor sin un editor, hacer un disco sin una compañía de discos, investigar sin una biblioteca, mandar una carta sin tener una lapicera. Está todo aquí ahora.

Reprodukcje, Obraz Beatles white album (posters.pl)

El gran momento del ahora es ahora.

Los Beatles encarnaron el espíritu del ahora. Sus primeras canciones, en particular, eran inmediatamente accesibles, ofreciendo la elevación emocional de la música clásica sin el esfuerzo. En el estudio eran espontáneos, inyectando en sus álbumes mucho de lo que les acababa de suceder. Y querían poner sus ideas en los discos de inmediato.

El historiador Mark Lewisohn observa que Los Beatles fueron la primera generación de adolescentes que evitaron hacer el servicio militar. McCartney lo describió como un “punto de inflexión”. “Significó que fuimos la primera generación en muchos años que no tenía esa amenaza de ‘haremos un hombre de ti’ colgando sobre nuestras cabezas. No nos iban a hacer pasar por el sistema como tantos otros antes que nosotros -éramos como despreocupados niños de colegio haciendo la cimarra”.

La idea de “ahora”, de satisfacer nuestras necesidades y deseos de inmediato, es el legado más perdurable de los años 60. Ha traído libertad personal, pero también matrimonios rotos; ha difundido la riqueza, pero alentado las deudas.

Tomado de: El Mercurio. Noviembre 25, 2018.