Bye Bye Bird

Bye Bye Bird es un trabajo muy bien planteado escénicamente: con pocos recursos escenográficos, la fuerza de la obra recae, primordialmente, en el trabajo físico y actoral que cada uno de los actores desempeña bajo la dirección de un joven Alejandro Ricaño, cuya popularidad aumentó luego de la exitosa El amor de las luciérnagas

 

POR Óscar Garduño Nájera

Bye Bye Bird es un trabajo muy bien planteado escénicamente: con pocos recursos escenográficos, la fuerza de la obra recae, primordialmente, en el trabajo físico y actoral que cada uno de los actores desempeña bajo la dirección de un joven Alejandro Ricaño, cuya popularidad aumentó luego de la exitosa El amor de las luciérnagas

Lo primero es la historia. Una de esas que sí dejan huella. Lo hacen porque esencialmente están en pasado. Es ahí donde se ubica su origen. Con todos los probables desenlaces que ustedes imaginen. Son de esas historias que se construyen paso a paso con certeros intercambios tanto de diálogos como de movimientos escénicos. Por el bien del teatro, que se enriquece mediante vasos comunicantes, a mí, por ejemplo, la obra me recordó un poco al Novecento de Baricco. El de la novela, pues no tuve oportunidad de ver la representación que del personaje principal llegó a hacer Eduardo España, y de quien me aseguran fue una de sus mejores interpretaciones. También me recordó al Charly Parker de Cortázar. Y aquí sí que hay muchos vasos comunicantes. Hablamos de un perdedor que no lo es, porque nos queda claro que no lo es. Y de música. Jazz, blues. Pongan ustedes la ventana de cualquier edificio ruinoso de Nueva York. Ya está: Charly Parker aguarda, alguien llega, toca a la puerta…

Bye Bye Bird es una obra de teatro que vale la pena. Van los que, a mi juicio, son tan sólo algunos de los tantos motivos para verla. Es un trabajo muy bien planteado escénicamente: con pocos recursos escenográficos, la fuerza de la obra recae, primordialmente, en el trabajo físico y actoral que cada uno de los actores desempeña bajo la dirección de un joven Alejandro Ricaño, cuya popularidad aumentó luego de la exitosa El amor de las luciérnagas. Tal esfuerzo físico de los actores corre, de manera paralela, bien planteado, mejor resuelto, a un muy buen trabajo dramatúrgico de José Manuel Hidalgo cuya manufactura se basa en diálogos como flechazos que en la mayoría de las ocasiones dan en el centro del tablero: rítmicamente, fonéticamente, la dramaturgia de la obra me recordó un poco al trabajo de algunas obras del teatro del absurdo. No en el sin sentido de la morfosintaxis y sí en la rapidez y precisión de cada palabra.

Si se ve un poco de lejos, Bye Bye Bird parece, en una primera instancia, un juego de adivinanzas o de refranes, donde cada uno de los tres personajes que se nos presentan giran en torno al significado de lo que para ellos fue una auténtica leyenda, porque justo así es como se construyen las auténticas leyendas, y Bye Bye Bird es un momento esplendoroso que trata acerca de una de ellas, la más significativa en la vida de tres personas (Sara Pinet, Ricardo Rodríguez y Luis Eduardo Yee) cuyo trasfondo es la miseria y la derrota, paradigmas sintomáticos de nuestra sociedad actual, por lo que la puesta en escena cobra relevancia no sólo desde la parte artística sino desde la parte de una propuesta de corte social, sin llegar a lo panfletario de algunas obras de la década de los 80.

He seguido de cerca el trabajo de Sara Pinet y hoy por hoy puedo asegurar que es una de las actrices que más me gustan: muestra seguridad en el escenario, sabe adaptarse bien a las distintas atmósferas dramáticas, crea personajes y les agrega un toque muy personal, se esmera en pulir hasta los más nimios detalles y, sobre todo, no se deja vencer por los aires de éxito que le puede significar una bien llevada carrera actoral, lo que sí ocurre con otras actrices y actores, que a las primeras de fama se olvidan del trabajo que significa hacer teatro en México, les gana el lente de la cámara, tienen como mayor aspiración en la vida ser entrevistadas por Paty Chapoy o de menos dar las noticias del clima, así sea que tengan que salir en microfaldita a las cinco de la mañana, con el daño a la salud que esto implica. La obra bien vale por el trabajo actoral de Sara Pinet, aunque no hay que descartar a Ricardo Rodríguez y Luis Eduardo Yee, quienes adaptan muy bien sus personajes a las circunstancias teatrales, los crecen, hacen de ellos auténticas representaciones cuya verosimilitud no pones en duda, y si bien se encuentran cercanos a caer en clichés o estereotipos, saben librarla muy bien.

Bye Bye Bird se presenta los lunes a las 20:00 hrs., del 4 de febrero al 22 de abril, en el Foro la Gruta del Centro Cultural Helénico, ubicado en Avenida Revolución 1500, Col. Guadalupe Inn.