Baia: la ciudad más pecaminosa de la historia

Malas noticias: el tiempo para ver este vestigio italiano enterrado en el mar puede estar agotándose, ya que los sismólogos prevén un incremento de la actividad volcánica en la zona en un futuro próximo no muy lejano

Bayas, la ciudad romana hundida (destinoinfinito.com)

POR E. Zamorano

Malas noticias: el tiempo para ver este vestigio italiano enterrado en el mar puede estar agotándose, ya que los sismólogos prevén un incremento de la actividad volcánica en la zona en un futuro próximo no muy lejano

“Lot llegó a Zoar cuando estaba amaneciendo. Entonces el Señor hizo que cayera del cielo una lluvia de fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra. Así destruyó esas ciudades y a todos sus habitantes, junto con toda la llanura y la vegetación del suelo. Así arrasó Dios a las ciudades de la llanura, pero se acordó de Abraham y sacó a Lot de en medio de la catástrofe que destruyó a las ciudades en que había habitado”. Como en este pasaje del Génesis (19:23), referido a la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra, hay ciudades de la antigüedad que fueron devastadas por fenómenos naturales cuando años atrás habían sido famosas por acoger todo tipo de placeres carnales y divinos.

Hablamos de Baia, una ciudad vacacional a sólo 30 kilómetros de Nápoles en la costa oeste de Italia, la cual satisfacía los caprichos de las clases altas de la sociedad romana, desde emperadores como Nerón o Adriano, a poetas o generales militares. Hace más de 2 mil años, su territorio estaba plagado de spas y piscinas con mosaicos donde los muchachos y muchachas podían entregarse a sus deseos más salvajes e inconfesables.

Las aguas minerales y un clima templado atrajeron a los patricios romanos por primera vez a Baia en la segunda mitad del siglo II a. C. Por aquel entonces, la ciudad era conocida por el sobrenombre de Camplo Flégreos (“Llameantes”), debido a las calderas volcánicas que salpican la región. Estas eran veneradas por los antiguos griegos y romanos, no sólo como posibles entradas al inframundo sino también por impulsar una serie de avances científicos y tecnológicos, como el invento local del cemento resistente al agua, una mezcla de limo y rocas volcánicas, así como estanques privados con peces y lujosas casas de baño.

“Aquel que tiene la suerte de pasar una temporada de paz en Baia, se cree transportado en medio de los tesoros de Neptuno. Las termas están perfectamente acondicionadas, pero el mejor médico es la naturaleza. En cuanto a la belleza, la costa de Baia sobrepasa el mar del Coral y el océano Indico”. Así la define el escritor latino Casiodoro, quien llegó a vivir casi cien años y fue fundador del monasterio de Vivarium.

Pero al igual que en Sodoma y Gomorra, el destino no le tenía reservado un futuro próspero, sino más bien una sepultura acuosa en el fondo del mar. El aumento y descenso gradual de la superficie de la Tierra, fenómeno conocido por bradisismo, hizo que gran parte de la ciudad se hundiera, sumergiendo sus bellas estatuas y suelos adoquinados en el golfo de Nápoles.

La actividad turística volvió a la zona en la década de 1940, cuando un piloto compartió una foto aérea de un edificio justo debajo de la superficie oceánica, de acuerdo con la periodista Adrienne Bernhard. Pronto, los geólogos se sorprendieron al ver las perforaciones dejadas por los moluscos en las ruinas. Veinte años más tarde, el gobierno italiano sufragó los gastos de una exploración submarina para inspeccionar esta Atlantis romana. Lo que encontraron fue fascinante. La zona en la que se asentó Baia no es más que una especie de purgatorio geológico, como diría el famoso poeta renacentista Dante Alighieri: desde la época romana, la presión subterránea ha provocado que las tierras que rodean la ciudad bajen y suban constantemente, empujando a las antiguas ruinas hacia la superficie del mar para tragarlas de nuevo.

Sólo los más intrépidos arqueólogos se atrevieron a entrar en sus dominios. El yacimiento submarino no fue formalmente designado como zona protegida hasta 2002, año en el que se abrió al público. Buscadores, historiadores y fotógrafos han podido captar rotondas y pórticos sumergidos, incluido el famoso Templo de Venus, convertido en sauna. Debido a la ondulación de la corteza terrestre, las ruinas yacen en aguas relativamente poco profundas, a una media de seis metros, permitiendo a los visitantes ver algunas de sus misteriosas estructuras subacuáticas. Muchas de ellas en realidad son réplicas, ya que las originales pueden encontrarse en el castillo de Baia, en lo alto de una colina, en el que la Superintendencia Arqueológica de Campania gestiona un museo con las reliquias recuperadas de las aguas.

Un futuro oscuro

Hoy en día la costa, antaño cubierta de mansiones y saunas, sólo se compone de un pequeño muelle, un hotel y un puñado de restaurantes, todos alineados en la estrecha carretera que conduce a Nápoles, haciendo de Baia una mera ciudad de paso. Malas noticias: el tiempo para ver este vestigio italiano enterrado en el mar puede estar agotándose, ya que los sismólogos prevén un incremento de la actividad volcánica en la zona en un futuro próximo no muy lejano. Sólo el año pasado se registraron hasta 20 pequeños temblores, aumentando los rumores de un hipotético cierre de las ruinas al público.

Tomado de: El Confidencial. Diciembre 31, 2018.