Émile Zola y la reconciliación de la literatura con la ciencia

Zola es una de las figuras más importantes de la novela europea. En sus 31 novelas y cientos de artículos periodísticos declara que deseaba delinear las condiciones necesarias por una república bien ordenada que evolucionara hacia la esperanza y la regeneración

Émile Zola/ El Cuaderno Digital)

POR Katherine Miller

Zola es una de las figuras más importantes de la novela europea. En sus 31 novelas y cientos de artículos periodísticos declara que deseaba delinear las condiciones necesarias por una república bien ordenada que evolucionara hacia la esperanza y la regeneración

Cuando Émile Zola (1840-1902) estaba escribiendo, Francia estaba entrando en su propia Revolución Industrial, del Segundo Imperio de la Monarquía de Julio de Napoleón III, sobrino de Napoleón Bonaparte. Eran los tiempos de la Guerra Franco-Prusiana (1871) y de la Comuna de París (1871).

¿Cuáles eran las características de los tiempos en los que escribió Zola? En esa época Francia vio la invención y uso de la fotografía. Los pintores comenzaron el impresionismo, levantaron su estandarte de mucha luz y establecieron su primera exhibición controversial en el extremo (desde el 15 abril hasta 15 mayo de 1874). París vio la apertura de los primeros grandes almacenes. Se formaron los primeros sindicatos y apareció el fenómeno de partidos políticos legalizados. El trabajo de los niños ya era regulado. El número de horas de trabajo diario en las minas, ferrocarriles y otras instituciones industrializados eran controlados.

Las personalidades representativas, quienes iluminaban la época en el campo de la ciencia, eran representadas por Charles Darwin, Louis Pasteur y Marie Curie, por ejemplo. Los novelistas practicaban el naturalismo en la literatura y en el periodismo, la doncella de la literatura: el primer grupo en París fue conformado por Zola mismo, Alphonse Daudet, los hermanos Goncourts, Guy de Maupassant, Víctor Hugo, Alexandre Dumas, hijo, entre otros.

¿Qué es el naturalismo? El objetivo del naturalismo, que Zola inventó, era hacer una denuncia de la injusticia – documentada con investigación en el suelo y en el sitio del fenómeno bajo escrutinio— y presentar al público sus hallazgos en forma literaria en una prosa elegante y austera, aplicando la ciencia y el positivismo al idealismo de anhelo para la justicia. Antes de escribir, Zola visitó y examinó en detalle los mercados, almacenes, minas y burdeles. Con su literatura y el periodismo, con los que Zola se ganó la vida en la compañía de los más pobres de los muchos pobres escritores de París en su tiempo, intentó aplicar el método científico a su prosa meticulosa en sus descripciones de mucho color y detalle del mundo a su alrededor, de la sociedad y de las clases sociales.

Durante toda su vida, Zola escribió en los periódicos de París, Rusia e Inglaterra en un estilo sofisticado y detallado, el que un crítico declaró como “una belleza sin costura, incorporando el caliche complejo de la calle y el mercado en una construcción sinfónica” de la vida real debajo de la superficie de la visión de Francia como católica, rica y cómoda.

Zola trajo la luz de los pintores impresionistas a las descripciones y narrativas explosivas de color en sus artículos publicados en el periódico Le Figaro, y muchos otros en novelas publicadas por entregas semanales en los diarios de París, hasta que llegaron a conformar las 20 novelas de su estudio de las dos ramas de la familia Rougon-Macquarts en términos de la herencia genética, la psicológica y los efectos del ambiente en que sus protagonistas se movían.

Émile Zola. French author (Encyclopedia Britannica)

Los Rougon-Macquarts fue publicado y leído por los lectores de París, y del mundo (en traducción), entre los años 1871-1893. Y Zola estaba escribiendo, utilizando su pluma para ganarse la vida. Comenzó a escribir las 20 novelas de la familia de los Rougon-Macquarts porque ya no pudo escribir y publicar artículos políticos para la prensa parisina, dado que los editores tenían miedo de publicarlos: su pluma, dijeron, “era demasiado violenta”.

Se pueden calificar estas 20 novelas de los Rougon-Macquart, que Zola escribió para comer y pagar el alquiler, como representaciones de momentos de consciencia en las historias de sus observaciones de la sociedad francesa a su alrededor. Estudió varios de los aspectos variopintos de la vida de todas las clases de personas durante El Segundo Imperio. Como invitación al lector, he aquí algunas de los más famosos temas de este serie de los Rougon-Macquarts: insurrecciones y el amor de dos jóvenes (Las fortunas de Los Rougon); huelgas mineras (Germinal); la vida y viajes entre los élites parisinas de una cortesana (Nana); el florecimiento de los almacenes enormes en París y el consumismo de las mujeres ricas (La felicidad de las mujeres); el alcoholismo de una parte de la familia (La taberna) y la creación y crecimiento del mercado central enorme al aire libre de París: Les Halles, presentado en su novela, El vientre de París.

Un estudio de esta serie de 20 novelas puede, tal vez, ilustrar la técnica que utilizó Zola. Primeramente, una novela sobre la venta de la verdura y de la carne y pescado del mercado al aire libre del nuevo mercado, Les Halles, no era un tema aceptable a las clases acomodadas de los nuevos ricos de París al final del siglo XIX, quienes fueron escandalizados. Una crítica literaria de un periódico reconocido de París describió la novela, El vientre de París, como “la transferencia de las ventas de los carniceros de cerdo a la literatura… una sinfonía de quesos, un mar de verdura”. Para consideración, una selección de este libro para apreciar el estilo:

“Los mercados gigantes, desbordantes con comida, habían traído las cosas a una crisis. Parecieron como una bestia saciada, significando a París mismo, crecido enormemente a la obesidad, y apoyando el Imperio en silencio…Les Halles era el vientre de los comerciantes, el vientre del pueblo pequeño burgués y respetable, reventándose con comodidad y bienestar, brillando en el sol y declarando que todo estaba por llegar a lo mejor, ya que la gente respetable nunca había crecido para ser tan maravillosamente gordos”. Zola, Émile. The Belly of Paris, Edición de Oxford, pp. 124-5.

En esta novela, El vientre de París, las descripciones de las mujeres del mercado, los vendedores de embutidos y pescados comunican la gordura y enormidad del consumo y obesidad de las clases cómodas. La flaqueza de la otra mitad de la humanidad es contrapuesta en una batalla no de clases en una revolución violenta (a la que Zola estaba opuesto): es una batalla entre gordos y flacos en una prosa explosiva como el rompimiento de un embutido. Zola era un reformador; no estaba a favor de una revolución violenta: era, por ejemplo, los literalmente gordos contra los flacos y hambrientos. El mensaje es claro:

“Zola, por su parte, tomó como posición, que las medidas correctivas no formaron parte de la provincia de su trabajo. Era el legislador quien debía inventar soluciones, y no había requisito por el autor de pasar más allá de una exposición de los abusos que requerían corrección”, Vizetelly, Ernest Alfred. Émile Zola: Novelist and Reformer.

“Yo acuso”: la verdad que desgarró a un país (El Independiente)

Llegando al final de su vida, ya cansado por el inmenso trabajo, aparece en las páginas de los diarios parisinos lo que se llama el Caso Dreyfus (l´Affaire Dreyfus). El capitán Alfred Dreyfus, el único oficial judío en el Estado Mayor del ejército Francés, fue arrestado y condenado por el cargo de espionaje. La acusación dejó como resultado que Dreyfus fuera sentenciado por una corte marcial del ejército francés. La sentencia fue a servir, indefinidamente, en Isla del Diablo, una isla penal al otro lado del Océano Atlántico en la costa de Guyana.

Zola, una vez familiarizado con el caso (no conoció al capitán Dreyfus), comenzó a escribir denuncias insistiendo en la inocencia de Dreyfus y haciendo un llamado para una investigación plena del caso. Eso porque un tal Coronel Picquart, creyendo en la inocencia de Dreyfus, descubrió que un tal mayor Esterhazy había escrito el famoso bordereau. En el protocolo diplomático del ejército francés, un bordereau era un memorándum de transmisión con listado de documentos secretos dirigido al agregado diplomático alemán en París.

La sociedad francesa fue polarizada en dos campos: los que defendían al ejército (que tenían el poderoso apoyo de la Iglesia Católica) y la prensa antisemítica, por un lado; y por el otro los que demandaban una investigación para exonerar a Dreyfus con el fuerte apoyo de Émile Zola. Este escribió en la prensa internacional, creó panfletos y el 13 de enero de 1898 publicó en primera plana de Le Figaro su famosa denuncia “J´Accuse”, uno de los documentos de periodismo investigativo más famoso de la historia. El título es fuerte: J´Accuse” significa, “Yo Acuso”.

En esta denuncia detalló los cargos falsos y sentencia falsa contra el capitán Dreyfus a nivel internacional. La prensa antisemítica llevaba una campaña abominable para decepcionar a la opinión pública y París cayó en caos y desorden con la mitad de la población gritando Vive l´armée (Arriba con el ejército) y Abajo con los judíos.

El fiscal de París, apoyado por el amargo y sucio antisemitismo de la parte pública francesa que apoyó el “honor” del ejército francés de estos tiempos, acusó a Zola mismo y fue presentado ante una corte superior de París por difamación a causa de la documentación y argumentación que presentó en “J´Accuse”. Zola buscó asilo en Londres, abandonando Francia. Vivió en Inglaterra durante exilios temporales, e intentó escribir para el público inglés para poder comer y pagar su alquiler, pero Zola se encontró frustrado y fue aconsejado de que “la pública inglesa tenía que aceptarla, así como es”—es decir, excepcionalista y distinta de los franceses, aun antes del BREXIT.

Eventualmente, el capitán Dreyfus y Zola fueron exonerados, pero el costo humano para los dos constituyó una enorme mancha moral en el honor del ejército, la iglesia y el país entero.

Émile Zola es una de las figuras más importantes de la novela europea. En sus 31 novelas y cientos de artículos periodísticos declara que deseaba delinear las condiciones necesarias por una república bien ordenada que evolucionara hacia la esperanza y la regeneración. Escribió como un reportero y sociólogo del mercado, de las mujeres y su condición, de las nuevas máquinas, de los edificios de apartamentos, de los almacenes, de la lavandería, de la mina, los nuevos ferrocarriles de la Revolución Industrial de la Monarquía de Julio de Louis-Napoleón, de la bolsa de valores, del dinero, del teatro, de la ciudad de París como ciudad–todo conformando una gigante metáfora y símbolo de la sociedad francesa, otorgando así a la historia el naturalismo, como estilo y visión de la investigación social y el amor a la justicia.

Zola comentó, una vez en su correspondencia voluminosa, que él no se dio a la satisfacción del amor de las novelas románticas del siglo XIX. “Amor”, dijo, “no controla a una persona tan absolutamente como algunos pretenden. Fenómenos similares a los sentimientos que se pueden observar en el amor también podrían encontrarse en la amistad y el patriotismo”.

Zola inventó una forma de escribir, examinar e iluminar a la sociedad y había muchos que fueron escandalizados por su trabajo. En una defensa histórica del trabajo de Émile Zola, se puede buscar en los siglos pasados. En el siglo XVIII, Denis Diderot dijo algo muy apto como descripción del trabajo de vida de Zola cuando declaró:

“Si, por su lado, usted tiene el testimonio de su conciencia, y, en su contra, el juicio de la multitud, usted puede sentirse seguro de que la justicia aparecerá con el tiempo”.

Tomado de: elsalvador.com. Enero 26, 2019.