La realidad es una gran mentira

La vida de Philip K. Dick se evoca a través de las huellas comprobables que dejó en el mundo, pero también con las suposiciones y fantasías salidas de su mente nutrida por alucinógenos, anfetaminas, entre otras drogas. Ese territorio ambiguo, a menudo resbaladizo, se internará, cada vez más, en la ficción

Los secretos de Emmanuel Carrere (Tu Macondo)

POR Alejandro Badillo

La vida de Philip K. Dick se evoca a través de las huellas comprobables que dejó en el mundo, pero también con las suposiciones y fantasías salidas de su mente nutrida por alucinógenos, anfetaminas, entre otras drogas. Ese territorio ambiguo, a menudo resbaladizo, se internará, cada vez más, en la ficción

El escritor francés Emmanuel Carrère (París, 1957) ha explorado, a través de sus obras, las motivaciones y claroscuros de personajes y situaciones reales. Quizás, junto a la autora Svetlana Aleksiévich, ganadora del premio Nobel de Literatura en 2015, es uno de los referentes en la escritura de no ficción.

Hay varios factores que pueden explicar la recepción favorable: el abordaje de la literatura a través de la investigación periodística y el involucramiento del autor con la historia. Carrère usa como materia prima a la realidad, pero sabe muy bien que, para hacer arte con ella, se necesita una mirada subjetiva, la creación de un estilo y el compromiso del autor con lo que está contando.

Resulta curioso que Carrère se haya interesado por la vida de Philip K. Dick (1928-1982), para escribir Yo estoy vivo y ustedes están muertos. Un viaje en la mente de Philip K. Dick. El libro, publicado originalmente en 1993 y rescatado por Anagrama el año pasado, es un elogio a un autor que por mucho tiempo fue un desconocido para el público ajeno a la ciencia ficción. La vocación del periodismo –una de las anclas en la narrativa de Carrère— parece estar en las antípodas de los mundos imaginarios y las realidades alternas que creó Philip K. Dick.

La supuesta objetividad de la no ficción, las referencias documentadas y el dato preciso son herramientas que transformarían una biografía en un ejercicio árido y casi didáctico. Sin embargo, el francés comprende que las reglas de cualquier género literario son simples convenciones, etiquetas que sirven para una identificación fácil y que en realidad un libro crea sus propios límites.

De esta forma, la vida de Philip K. Dick se evoca a través de las huellas comprobables que dejó en el mundo, pero también con las suposiciones y fantasías salidas de su mente nutrida por alucinógenos, anfetaminas, entre otras drogas. Ese territorio ambiguo, a menudo resbaladizo, se internará, cada vez más, en la ficción.

Al contrario de otros libros de Carrère que funcionan como biografías encubiertas, Yo estoy vivo y ustedes están muertos tiene un empaque más convencional, aunque sin ceder en la profundidad de lo que se cuenta. Si en Limónov (2011, la historia del activista, político opositor a Putin, y escritor Eduard Limónov) los hechos están contados a través de una digresión constante, alterando tiempos y voces, en la biografía de Philip K. Dick hay una cronología lineal de su vida: nos enteramos, primero, de la historia familiar; después se nos presentan sus primeros intentos literarios mientras trabaja en una tienda de discos y películas. Berkeley, California, se convirtió en el sitio ideal para experimentar con drogas.

Además, la ciencia ficción, subgénero habitualmente despreciado por estar lejos de la “alta cultura”, encontró refugio en fanzines y publicaciones casi clandestinas de un grupo de escritores que se sentían a gusto en la escena underground estadunidense. Tenían pocas posibilidades de llegar al estrellato literario, pero eso no los amilanaba y seguían escribiendo.

Carrère usa en su obra, a menudo, la reflexión y el involucramiento de su vida con los personajes. El adversario es, quizás, el ejemplo más acabado: el autor cruza el límite y, después de algunos intentos, logra intercambiar correspondencia con Jean-Claude Romand, un hombre que en 1993 mató a su mujer, sus hijos y sus padres después de que las mentiras, con las que había construido su vida, comenzaron a desmoronarse.

En gran parte del libro el autor pone en duda su papel: ¿cuáles son sus motivaciones para investigar esta historia? ¿Por qué la obsesión de retratar fuera del ámbito judicial la vida de un asesino? La posición del narrador, más cercana a la ambigüedad de la ficción que al recuento parsimonioso de hechos, es lo que otorga tensión a esta obra.

En la biografía de Dick tal intención está en una etapa inicial: Carrère no se introduce como un personaje más en la historia, pero pone a la par del recuento documental los pensamientos de Philip K. Dick como si éste fuera el protagonista de una novela. La brecha que abre un narrador de una biografía convencional (una voz en off) desaparece ante las intervenciones arriesgadas de alguien a quien le interesa explorar, más allá de los datos, la mente de un escritor alucinado. Esta virtud hace que Yo estoy vivo y ustedes están muertos sea un híbrido entre lo visto y lo imaginado. Mientras hojeamos los capítulos de este libro comprendemos, a plenitud, el motivo secreto de Carrère: la realidad como una gran mentira y la libertad que otorga la literatura para explorar todos sus resquicios. La capacidad para poner esta idea en escena es lo que hermana a ambos autores y hace que esta obra sea más que una biografía.

Tomado de: Contra Réplica. Marzo 29, 2019.