Cavafis, o un poema clásico para la derrota

Lawrence Durrell dibujó a Cavafis a su imagen en el Cuarteto de Alejandría, ese “poeta de la ciudad” que se aparecía en calles y tabernas viviendo el deseo lejos de toda convención, buscando la belleza por igual en los cuerpos y en las palabras

POR Laura Casielles

Lawrence Durrell dibujó a Cavafis a su imagen en el Cuarteto de Alejandría, ese “poeta de la ciudad” que se aparecía en calles y tabernas viviendo el deseo lejos de toda convención, buscando la belleza por igual en los cuerpos y en las palabras

Constantino Cavafis (1863-1933) es quizás uno de los poetas más conocidos. Aunque no llegó a publicar en vida ni un libro (apenas algunos folletines con varios poemas que distribuía él mismo), algunas de las revelaciones que contenían se han convertido ya casi en tópicos. Así, esa idea suya de que lo más importante de Ítaca es el viaje que lleva hasta allí. O aquella otra de que no tiene ningún sentido huir de donde estemos, porque si no hemos resuelto lo que nos hace querer alejarnos, lo reproduciremos en cualquier otra parte.

Y es que su poesía, sarcástica y erótica, humanista e histórica, oculta bajo su aparente complejidad el destello de las pasiones más sencillas, de vivencias que nos recuerdan que las personas llevamos siglos dejándonos mover por lo mismo.

Nacido en una familia de comerciantes griegos procedentes de Constantinopla (actual Estambul) que se habían instalado en la por entonces próspera y cosmopolita Alejandría, se iba a convertir en su cantor o cronista por excelencia. No es fácil, de hecho, distinguirle del personaje que Lawrence Durrell dibujó a su imagen en el Cuarteto de Alejandría, ese “poeta de la ciudad” que se aparecía en calles y tabernas viviendo el deseo lejos de toda convención, buscando la belleza por igual en los cuerpos y en las palabras.

La ruina y posterior muerte de su padre llevó a la familia de Cavafis a buscar apoyo de la rama materna en Gran Bretaña, por lo que recibió una educación inglesa que también iba a dejarle huella. Pero es sobre todo el componente griego y mediterráneo el que toma más peso en su obra, habitada por personajes homéricos y mitos clásicos. Pero que aparecen, casi siempre, en su momento más humano (cuando lloran, cuando caen, cuando dudan); y conviviendo con la gente contemporánea del autor, con las escenas de su época. Al fondo de esos tiempos mezclados, una idea: que la historia es cíclica, y las vidas, variaciones sobre un mismo tema. Siempre hay imperios y bárbaros, siempre hay moral y deseo.

Así, el poema que traemos hoy es otra de esos hallazgos suyos que atraviesan los siglos para decirnos, en este caso, que tampoco en la derrota hay mucha novedad. El dios abandona a Antonio nos lleva hasta la habitación donde Marco Antonio contempla bebiendo una copa de vino la ciudad asediada de Alejandría, y comprende que ha perdido su última batalla. Aquí tenemos la traducción del griego de Juan Manuel Macías, una de las más recientes, que se desprende del aire barroco que han tenido a menudo las versiones de este autor para traerlo a un lenguaje más contemporáneo. Otra manera de acercarse al poema es a través de Alexandra Leaving, una interpretación libre en la que Leonard Cohen convierte a Alejandría en Alexandra, y la batalla en una historia de amor, pero para cantar lo mismo: que también en el momento de perder es posible la templanza.

El dios abandona a Antonio

Cuando, de pronto, se deje oír a medianoche

el paso de una invisible comitiva,

con músicas sublimes y con voces,

tu suerte que cede, tus obras

malogradas, los planes de tu vida

que acabaron todos en quimeras, será inútil llorarlos.

Como el que está listo ya hace tiempo, como el valiente,

despídete de ella, de la Alejandría que se marcha.

Sobre todo, no te engañes, no digas que fue

un sueño, ni que se confundieron tus oídos;

no te rebajes a tan vanas esperanzas.

Como el que está listo ya hace tiempo, como el valiente,

como te corresponde por haber merecido tal ciudad,

quédate firme frente a la ventana

y escucha con emoción

–no con las súplicas y las quejas de los cobardes—

el rumor, cual un último deleite,

los sublimes instrumentos de la secreta comitiva,

y despídete de ella, de la Alejandría que pierdes.

FOTO: M. Pilar Novell i Bertran ha guardado en Ruïnes I Llocs Abandonats

Tomado de: Apuntes de Clase. Mayo 31, 2019.