Instrucciones para armar un taller de literatura

Comparta el cartel en su Facebook cuantas veces sea necesario; de hecho, de ser posible abra un perfil con el nombre del taller de literatura y ponga fotografías de Hemingway, de Poe, de usted o de su novia. Dígale a su diseñador que sobre la frente de las fotografías ponga un letrerito que pregunte: ¿Quieres ser escritor? No hay falla con esta pregunta

POR Óscar Garduño Nájera

 Comparta el cartel en su Facebook cuantas veces sea necesario; de hecho, de ser posible abra un perfil con el nombre del taller de literatura y ponga fotografías de Hemingway, de Poe, de usted o de su novia. Dígale a su diseñador que sobre la frente de las fotografías ponga un letrerito que pregunte: ¿Quieres ser escritor? No hay falla con esta pregunta

Identifique bien a las probables víctimas de su taller literario. Personas con bajísima autoestima que se fían más del amor y cariño de los gatos y de los perros que de los humanos. Personas decepcionadas de la vida. Personas que no confían ni en sus sombras. Lectores fervientes de García Márquez porque hay cien mil hombres que quieren escribir igual que él. De Juan Rulfo porque hay cien mil hombres que quieren vivir en Cómala. De Julio Cortázar: porque hay cien mil hombres que se quisieran coger a la Maga. Eso sí: evite a los que leen novelas de rincones inhóspitos de Europa. Ni ellos ni usted entenderán a la hora en que le quieran explicar de qué tratan las novelas que leen.

Personas con problemas de adicción a las drogas y al alcohol. De esos que escriben sin parar. Lectores alcohólicos de Bukowski porque hay cien mil hombres que se quieren parecer a él (no escribir como él). De Hunter S. Thompson: porque han cien mil hombres que se quieren las mismas drogas que se metía él (no la escopeta en la boca, se entiende). De Bolaño: porque hay cien mil hombres que quieren vivir en Barcelona y escribir como él. Personas con noviazgos tortuosos: hay cien mil hombres que escriben acerca de sus decepciones amorosas. Personas enamoradas: hay más de cien mil hombres que quieren escribir, y escribir bien, correos electrónicos y mensajes de whats. Sólo recuerde una cosa: se trata de un taller de literatura, no de ortografía.

Sondee a las probables víctimas. Pregunte por sus trabajos. Si viven solos, con su madre diabética, con su abuelita artrítica, con su padre impotente, con su esposa desempleada, con su esposo que en esos momentos estudia el post, post, post, postdoctorado, con sus tías lesbianas, con su madrina de primera comunión o con algún amigo homosexual que también escribe.

Descarte a los que tienen más de treinta años y todavía viven de (con) sus padres. No durarán mucho en su taller de literatura porque el poco dinero que obtienen lo obtienen de los bolsillos de los padres. Si estos son inteligentes le prohibirán al hijo tomar un taller de literatura, le condicionarán el dinero y le exigirán que mejor se meta a estudiar a una escuela de computación (y harán bien) o a manejar un Uber (y harán bien).

Descarte, por favor, a los que llevan años y años presentando proyectos para obtener una beca del Fonca. Su tolerancia a la frustración es muy alta y aguantarán cualquier chingadazo que usted le pueda dar a sus textos de creación literaria. No buscan un medio sino un fin, y en el momento en que obtengan la beca del Fonca dejarán el taller de literatura y hablarán mal de usted.

Por favor, hágase el difícil. No conteste tan pronto las llamadas al celular para solicitar informes del taller de literatura. Tampoco los correos electrónicos. Ni los mensajes de Facebook. Así sea que usted sólo tenga a dos personas dentro de su taller de literatura hágase el difícil, por favor, no caiga tan pronto.

Celebra la casa taller literario “Juan José Arreola…” (udgtv)

Una vez que decida contestar hágalo de la siguiente manera: diga lo siguiente a través de sus redes sociales (emplee una caligrafía bonita, en negrita, de buen tamaño): HABRÁ UN PROCESO DE SELECCIÓN PARA LOS QUE QUIERAN PARTICIPAR EN EL TALLER DE LITERATURA. Agregue que los probables candidatos deberán redactar una carta donde especifiquen los motivos por los que quieren tomar el taller de literatura. Deben anexar algo de su creación: un cuento, un poema, un fragmento de novela. Sin límite de extensión (total, no los va a leer). Este recurso es muy importante porque sirve para que los probables candidatos se sientan importantes. Verá usted: desde la secundaria se les ha enseñado que todo en la vida depende de procesos de selección. Por eso hicieron un examen para entrar a la secundaria. Por eso hicieron un examen para entrar a la preparatoria. Y lo hicieron para entrar a la universidad. Y luego para la maestría. Los procesos de selección hacen sentir importante a quien participa en ellos. Y si se queda en alguna de las opciones lo hacen sentir importante, pero además inteligente. Y aunque usted no busque a puro inteligente para su taller de literatura, el proceso de selección hará sentir a los candidatos parte de una élite a la que sólo ellos tienen acceso gracias a sus logros académicos.

De ser necesario recurra a un buen diseñador para diseñar el cartel de su taller de literatura. Si a usted le da por pintar monitos, absténgase de hacerlo. Recuerde que el cartel es la carta de presentación de su taller. Si decide poner una fotografía suya pida a su novia que le ayude a escoger cuál es la mejor. Los colores también importan. Hable con su diseñador. En alguna parte del cartel del taller de literatura ponga lo siguiente. Una sugerencia es que el texto lo ponga dentro de una estrella bien amarilla: “En este taller no se les va a enseñar a escribir porque eso es algo se ya se trae en las venas, como la sangre misma”, e inmediatamente ponga un chorrito de sangre que se desvanece de la última sílaba de “misma”. Si le queda espacio hable del talento innato; si usted cree que no es suficiente señale el caso de Mozart, de Murakami, de Bach, de Poe, de Coelho. Por ejemplo, si va a hablar de Murakami puede señalar su historia del béisbol y de cómo le llegó la inspiración para ser escritor luego de ver la pelota por los aires en un hermoso home round.

Comparta el cartel en su Facebook cuantas veces sea necesario; de hecho, de ser posible abra un perfil con el nombre del taller de literatura y ponga fotografías de Hemingway, de Poe, de usted o de su novia. Dígale a su diseñador que sobre la frente de las fotografías ponga un letrerito que pregunte: ¿Quieres ser escritor? No hay falla con esta pregunta.

¡Listo! Han pasado unas cuantas semanas desde que usted abrió el perfil para el taller de literatura. Es sábado por la mañana, enciende la computadora, aún en calzones, y aprueba a los diez candidatos.

Ya tiene usted a los talleristas (llámelos siempre así). Al final se inscribieron siete. De ellos, cinco pagaron completo el costo del taller; uno más decidió diferirlo a mensualidades, y otro más dijo que lo pagaría en cuanto recibiera el dinero de su beca de la maestría (no habíamos contemplado una opción así).

Falta definir el lugar donde se impartirá el taller de literatura. No lo haga en su casa, por favor: tendrá que limpiar los ceniceros repletos de colillas, lavar las tazas de café, comprar papel higiénico y más de un tallerista le pedirá prestado un libro que jamás volverá a ver. Además de que al terminar el taller de literatura querrán seguir discutiendo la teoría de la recepción rusa del siglo XX y ese será tiempo que usted no verá reflejado en dinero.

Libro Lámpara Noche (pixabay.com)

Ha pasado de moda hacer los talleres de literatura en cantinas. Eso era cuando los que los impartían le pegaban duro a la botella y era más fácil encontrarlos en cantinas que en sus casas. Actualmente los que imparten los talleres de literatura no fuman, son veganos, tienen gatitos y perritos, siguen las prescripciones orientales para mantener en armonía su casa y utilizan condones hechos de material orgánico: caca de vaca o de cerdo; además de que siempre se están quejando de males gástricos, toman leche probiótica, son católicos, hacen ejercicio y fuman cigarros electrónicos.

Escoja la casa de alguno de los talleristas o un café de la Condesa o de la Roma. Procure que sea dentro del café porque en las mesas de afuera se corre el riesgo de que el taller de literatura sufra muchas interrupciones: son muchos los miserables que piden dinero, cada vez se multiplican más (como los zombis) y además de que piden dinero, apestan, muestran una cara de la pobreza que usted no les puede permitir a los talleristas.

Sea moderado en las críticas que haga a los textos por malos que sean. Repita las mismas críticas y sólo modifique partes esenciales. Por ejemplo, los títulos de los textos. Por ejemplo, el nombre del tallerista. Por ejemplo, las geografías: si es un texto que habla de Israel o si es un texto que habla de la colonia Portales. Hágales saber a los talleristas que último punto de vista lo tiene usted. No permita insubordinaciones. De hacerlo, cualquiera de los talleristas se levantará de la mesa, no volverá y días más tarde montará su propio taller de literatura, lo cual representará una competencia para el suyo.

Durante la primera sesión sostenga un silencio incómodo, pero sin que parezca de funeral. Uno de esos silencios que dicen son literarios. Luego mire a cada uno de los talleristas. Hable lentamente, pero no como idiota: con la coherencia de quien da una conferencia: en este taller de literatura aprenderán a corregir, no a escribir. Suéltelo despacio. Agregue: porque a escribir no se enseña. Y regrese a su silencio.

En cuanto alguien alce la voz más que usted hágale saber, ahora sí hablando como idiota, que no tiene ningún derecho a recurrir a tal “tonito” con tal de llamar la atención, y que si lo que busca es llamar la atención ya se puede dedicar a otra cosa porque en literatura quien pretende llamar la atención está perdido. Usted y yo sabemos que eso no es cierto, pero funciona, créame, funciona…

Actualmente proliferan las teorías literarias en Internet. Uno entra a cualquier buscador, da “teoría literaria PDF” y ya está. Como al parecer las teorías literarias han quedado en segundo plano y son empleadas por estudiantes anodinos de letras, usted también puede ir a cualquier librería de viejo y hacerse de una por unos cuantos pesos.

Memorice una que otra parte de la teoría literaria. No se preocupe, tampoco es necesario que se la aprenda toda. Eso sólo lo hacen los que ya no tienen algo mejor que hacer con su vida. Por ejemplo, puede memorizar lo que dijo fulanito de tal acerca de la prosa de otro fulanito. Por ejemplo, puede memorizar lo que contestó fulanito a la televisión cuando le preguntaron cómo había empezado a escribir. Por ejemplo, puede memorizar, en grupos de diez en diez, sentencias breves respecto al cuento, la novela o la poesía del siglo XX. Los talleristas lo verán con admiración y lo considerarán un gran literato.

Ha llegado el fin del taller literario. No se preocupe: vendrán más, conocerá nuevos talleristas, se acostará con nuevas chicas (este punto es importante en un taller literario) y sentirá que su existencia realmente sirve para algo: para impartir talleres de literatura. En una de esas se volverá famoso y los talleres de literatura ya no serán locales sino que lo invitarán a distintos estados del país.

Si ha llegado hasta aquí y siente que este texto no le ha servido de nada para lo que pretende con su taller de literatura, no se preocupe, hay textos aún más mediocres.

FOTO Portada: Taller literario: obras creadas por los alumnos/ Comuna de Tortugas/ Sitio Oficial (tortugas.gob.ar)