Kepler, el alquimista

No es posible exhumar los restos de Kepler para verificar la presencia de metales en su cuerpo, como se hizo con el cuerpo de Tycho Brahe. Lo anterior, debido a que un año después de la muerte del científico, su tumba fue saqueada por unos lansquenetes y los restos se perdieron

POR Yana Berman

No es posible exhumar los restos de Kepler para verificar la presencia de metales en su cuerpo, como se hizo con el cuerpo de Tycho Brahe. Lo anterior, debido a que un año después de la muerte del científico, su tumba fue saqueada por unos lansquenetes y los restos se perdieron

Es muy probable que el astrónomo Johann Kepler (1571-1630) fuera aficionado a la alquimia, de acuerdo con un artículo publicado en la revista Talanta. En las páginas de uno de sus manuscritos Hipparchus, el cual fue escrito en la década de 1620, los científicos encontraron restos de plata, oro y arsénico, así como sal de mercurio y plomo.

Entre los siglos XVI y XVII, una de las tendencias más importantes de alquimia fue la transmutación, o la transformación de unos metales a otros. En particular, creían que, por ejemplo, el plomo podría convertirse al oro noble. Algunos monarcas europeos protegieron a los alquimistas, esperando obtener una piedra filosofal, convirtiendo otros metales en oro. Entre ellos estaba el rey Federico II de Dinamarca y de Noruega, que regaló una isla a su astrónomo, astrólogo y alquimista Tycho Brahe (1546-1601), quien organizó allí un observatorio y un laboratorio para realizar experimentos alquímicos.

En 1599, Brahe fue obligado a abandonar el país y se mudó a Praga, donde continuó el estudio de la astronomía y la alquimia. En 1600, Kepler también llegó a Praga y trabajó junto con Brahe los últimos 11 meses de su vida. Es probable que bajo la influencia de Brahe Kepler se involucrara en los experimentos alquímicos.

Los manuscritos de Kepler

Un equipo de químicos israelíes e italianos, liderados por Pier Giorgio Righetti, del Politécnico de Milán, analizaron uno de los manuscritos de Kepler y encontraron rastros de metales y sus sales en las páginas. Eso probablemente indica que Kepler pudo estar implicado en la alquimia. Anteriormente, los investigadores desarrollaron un método para recolectar proteínas y compuestos químicos de bajo peso molecular al trabajar con artefactos frágiles, como páginas de libros antiguos o los textiles. Propusieron recolectar los compuestos utilizando una cinta recubierta con polímeros sintéticos, gracias a lo cual las sustancias de interés se apegaron a la cinta.

En su nuevo trabajo, los científicos utilizaron ese método para analizar el manuscrito de Kepler, Hipparchus, en el que trabajó durante más de 15 años desde 1603-1604 hasta 1620. Ahora se almacena en San Petersburgo, en los archivos de la Academia de Ciencias de Rusia. Los investigadores analizaron 20 páginas del manuscrito y encontraron huellas de oro, plata y arsénico, así como complejos de oro con mercurio y sales de plomo. En varias páginas había rastros de cinabrio y sulfuro de mercurio (II). La cantidad de algunos metales superó los niveles normales de tres (oro) a 90 veces (arsénico).

Los autores sugirieron que Kepler habría estado involucrado en la alquimia mientras trabajaba en su manuscrito. Los metales y sus compuestos podrían llegar al papel desde los dedos y las mangas del científico. También es probable que el científico usara el sulfuro de mercurio no en sus experimentos alquímicos, sino como pintura roja, puesto que no fue encontrado en todas las páginas del manuscrito.

Los científicos observan que los manuscritos de Kepler pueden ser la única evidencia de su interés por la alquimia. No es posible exhumar los restos de Kepler para verificar la presencia de metales en su cuerpo, como se hizo con el cuerpo de Tycho Brahe. Esto, debido a que un año después de la muerte del científico, su tumba fue saqueada por unos lansquenetes y los restos se perdieron.

FOTO: Izquierda: la página del manuscrito de Kepler titulado Hipparchus. La imagen central y la derecha muestran la distribución en la página de mercurio y plomo, respectivamente. G. Zilberstein et al./ Talanta, 2019

Tomado de: N+1. Junio 14, 2019.