Borderline y otros poemas: Vivian Sanchbraj

El peor padecimiento que podría tener la poesía de Vivian es la censura, y aquí uno de los puntos esenciales para entender la propuesta de Borderline y otros poemas: se trata de una poesía con referencias anecdóticas que se inclina en la mayoría de las ocasiones por destacar la presencia femenina y por ceder a la libertad que exige la poesía, los versos

POR Óscar Garduño Nájera

El peor padecimiento que podría tener la poesía de Vivian es la censura, y aquí uno de los puntos esenciales para entender la propuesta de Borderline y otros poemas: se trata de una poesía con referencias anecdóticas que se inclina en la mayoría de las ocasiones por destacar la presencia femenina y por ceder a la libertad que exige la poesía, los versos

Toda ella parecería santificada como niña perversa tierna por una poesía luminosa, de verso certero y despiadadamente cachondo. Vivian toma las armas en sus manos, escribe con libertad y desparpajo, llama a las cosas por su nombre (como en el principio de la Creación) y así una verga es verga sin mayores ataduras que la de su boca, un coño, coño, sin mayores preámbulos que los de unos labios masculinos, porque el peor padecimiento que podría tener la poesía de Vivian es la censura, y aquí uno de los puntos esenciales para entender la propuesta de Borderline y otros poemas (Pinos Alados ediciones 2019): se trata de una poesía con referencias anecdóticas que se inclina en la mayoría de las ocasiones por destacar la presencia femenina y por ceder a la libertad que exige la poesía, los versos.

Vivian se atreve, no tengo ninguna duda (con el paso de los años te haces viejo y muchas dudas se disipan): es sincera, brutalmente honesta, y esto en literatura cuenta un chingo, por eso se pone los guantes pugilísticos y presenta su libro con palabras incendiarias (lo hizo en la Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo), sin la clásica mamonería a la que recurren muchos poetas, quienes al verse carentes de un talento que no tienen y no tendrán, inventan historias anodinas: si están enfermos y por eso escriben, si se van a cortar las venas y por eso escriben, si tienes piojos y por eso escriben; o la otra: esos poetas académicos y burócratas letrados que de todo hacen soporíferos manuales, que en lugar de acercar lectores es como si ellos tuviesen lepra y fuesen intocables, los que se inventan extensos tratados que sólo ellos entienden, porque les enseñaron, como primera y chafa lección, que en literatura, y más en la mexicana, y más en lo concerniente a la poesía mexicana, se tiene que ser sectario, se tiene que permanecer sectario, y todo lo que se apruebe y se desapruebe tiene que pasar por sus polvosos escritorios porque ahí se gesta la batalla histórica de la élite cultural que tanto ha mamado del gobierno.

Vivian va a contracorriente, navega por las aguas turbias donde debe, por obligación casi patriótica, defender su propuesta poética (alguien tiene que advertirlo), porque la tiene, porque basta con que se sumerjan en Borderline y otros poemas para que ustedes se den un quemón, porque no hay peor escritor que aquel que se conforma con los primeros aplausos, supongo que si esa fuese la historia no habría José José ni Juan Gabriel ni Chava Flores ni Chavela Vargas, porque el camino de la literatura, insisto: más de la mexicana de cristos crucificados, persignados y sancochados, iluminados y arrogantes, es tortuoso, de alimañas, de gente que se aprovecha de tu trabajo, de garrapatas que si lo permites te chupan la sangre y chingan y chingan como piedritas en el zapato (¡ay, chaparras y chaparros, como abundan!).

(Óscar Garduño)

Paréntesis uno: asistí a la presentación de Borderline y otros poemas en la librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo. Insisto: había tres presentadoras que generosamente acompañaban a Vivian en la presentación de su poemario. Hasta eso se veían bien. Vuelvo a insistir, y es un consejo pa’ los morros que se emocionan: si te invitan a presentar un libro lo peor que puedes hacer es hablar mal de él, se entiende que no te invitan por eso, y tampoco es que tú como vulgar presentador seas tan importante, porque en ocasiones pasa que suplantaste a quien sí era importante, vamos, se tenía que llenar el lugar, ocupas un espacio que ni siquiera era para ti. Dos presentadoras lo hicieron (no me pidan nombres, por favor, no quiero pasar vergüenzas) y el resultado fue que ellas mismas se quemaron, fue como en ese momento rociaran gasolina alrededor de ellas y dejasen caer un encendedor Zippo con la flama bien elevada. ¿Saben qué es lo peor? Que quedan mal, se ven mal, que en ese caso mejor no se hubiesen prestado a presentar Borderline y otros poemas, porque me queda claro que nadie las obligó, que podrían hacer una y mil cosas mejor que presentar un libro. ¿Por ejemplo? Promocionar su propia obra, promocionar su propia imagen (como actorcillos de la Rosa de Guadalupe), tejer chambritas en casa bebiendo sabrosas caguamas, y no recurrir a una presentación ajena para quemarte. No me jodan, chicas listillas. Fin de paréntesis.

Son muchos puntos los que prevalecen sobre la obra poética de Vivian, veremos sólo unos cuantos porque tampoco se trata que les platique la película completa, por lo que si se quedan picados pueden adquirir Borderline y otros poemas en la Gandhi más cercana a su colonia, barrio, pulquería o cantina: Yo no soy feminista, es decir, no sé cómo serlo, no tengo bases teóricas y cada que intento hablar del tema con mujeres que sí lo son terminan por humillarme, callarme la boca, casi me madrean, y me miran peor que al pinche patito feo, así que intentaré hablar del papel femenino en la poesía de Vivian aceptando de antemano que soy idiota para el feminismo: el punto poético desde donde se construye la poesía de Vivian se relaciona directamente con su sexualidad y la significación que le da a ésta una vez que se vale de ella para interpretar el mundo y volver, como quería Octavio Paz, lo poético, un poema. Sexualidad, mujer, mundo, poesía, son algunas de nuestras claves. Así, Vivian recurre a la anécdota meramente narrativa para desplazarla a través de mecanismos poéticos con recursos en su mayoría provenientes del verso libre y de la poesía de corte conversacional, aquella que se puso de moda en la década de los sesenta, setenta, sobre todo en Estados Unidos.

(Óscar Garduño)

Esto ya lo he dicho en ocasiones anteriores, pero conviene volverlo a señalar porque no es tan fácil dar el brinco de la experiencia anecdótica a la experiencia poética, con todos los aciertos y desaciertos que ello implique, el hecho es que Vivian se arriesga, se pone de puntillas a la orilla del abismo y mira hacia abajo… y ahí encuentra buena parte de su poesía.

Uno más: Vivian es de las pocas poetisas que conozco que reniega de muchos de los procedimientos poéticos si no es para valerse de ellos. Se trata de una hija renegada de la poesía mexicana desde ahora. Quiero decir que sabe lo que es una metáfora, una imagen, una comparación, pero sólo se vale de ellas cuando tiene que construir su propuesta poética, por lo que su propuesta adquiere un toque de originalidad y de poca mamonería, y no lo sé ustedes, pero para mí esto cuenta un montón, y más cuando se trata de alguien que escribe poesía. Bravo.

Otro antes de despedirnos: he platicado en varias ocasiones con Vivian, hemos compartido chelas e ideas literarias en el Cuatro Veinte, en el Salón Corona, y me consta que tiene muy claro lo que quiere de su obra. ¡Vamos! Para cuando escribo esto ya tiene un nuevo poemario esperando para alguna editorial, y viene más, porque no se cansa, porque para ella no existe el pesimismo literario ni la mala suerte. Eso me habla de una mujer que realmente vive la poesía, que se entrega a ella y que no lo ve como un hobby sino como todo un estilo de vida. Dense un agasajo con Borderline y otros poemas

FOTO: Portada: (Óscar Garduño)