Los visionarios: un grupo de escritores que predijo el mundo actual

Pudieron predecir biosferas, teléfonos móviles y efectos especiales, pero no el ordenador, la crisis de la obesidad o el resurgimiento de los fundamentalismos religiosos, y quizás eso nos ayude a nosotros a encontrar los agujeros de nuestro futuro

POR Ada Nuño

Pudieron predecir biosferas, teléfonos móviles y efectos especiales, pero no el ordenador, la crisis de la obesidad o el resurgimiento de los fundamentalismos religiosos, y quizás eso nos ayude a nosotros a encontrar los agujeros de nuestro futuro

George Orwell hablaba premonitoriamente en 1984 del Gran Hermano que nos controlaría y de cómo inventaríamos un nuevo lenguaje (neolengua) que conseguiría manipular a la población alienada. Aldous Huxley, por su parte, señalaba en Un mundo feliz cómo en su utopía del terror se habría terminado con la familia, el arte, el avance de la ciencia, la literatura, la religión o el amor. En general, desde el principio de los tiempos, el ser humano ha tratado de averiguar cómo sería el futuro, y los horóscopos, por poner un ejemplo, son buena muestra de ello.

Generalmente nos sentimos un poco traicionados porque Piscis no ha encontrado el amor que se le prometió o porque en 2012, finalmente, no terminó el mundo tal y como habían pronosticado. Sin embargo, algunas teorías se acercan más a la realidad que otras. No nos referimos a Nostradamus o a aquellos iluminados que pensaban que en la actualidad viajaríamos a todas partes con nuestros coches voladores. Las conjeturas basadas en la evidencia suelen acertar, y en eso comenzaron a fijarse los futurólogos del siglo XX: cuando la predicción se basaba en una comprensión científica del mundo en lugar de en la magia o la religión, eran más certeras. La modificación genética, internet, los videoteléfonos, la energía eólica, los úteros artificiales o los cyborg ya se predijeron en los años 20 y 30 del pasado siglo.

Los libros Hoy y mañana que surgieron en los años 20 proporcionaron inspiración a Isaac Asimov y otros maestros de la ciencia ficción, explica el profesor Max Saunders en The Conversation. Los escritores de entonces comprendieron que innovaciones tales como los aviones o la radio estaban cambiando nuestro paso por la tierra. Archibald Low, por ejemplo, ya predijo el móvil en su libro Wireless Possibilities de 1924: “Dentro de unos años podremos hablar con nuestros amigos en las calles o los aviones con la ayuda de un equipo inalámbrico de bolsillo”.

Como en todo, algunos fueron profundamente inexactos: un libro de 1927 de Oliver Stewart, Aeolus: or,the future of the Flying Machine, aseguraba que la artesanía británica triunfaría sobre la producción en masa estadounidense y creía fervientemente que el autogiro (una aeronave de ala giratoria que vuela como los aviones, sólo que su ala es un rotor que gira por la acción del viento que lo atraviesa de abajo hacia arriba) sería la elección perfecta para los pasajeros que quisieran hacer vuelos de corta distancia (pongamos, de aquí a Londres). El crítico de cine Ernest Betts escribió en 1928 en Heráclito o el futuro de las películas que “las películas dentro de 100 años seguirán siendo fieles a sí mismas, silenciosas”. Bastante arriesgado, teniendo en cuenta que acababa de estrenarse El cantante de jazz, primer largometraje con sonido sincronizado.

Infinidad de caminos

Vintage Future (El GLOB – WordPress.com)

No es tan raro errar, porque como si se tratase de una infinidad de multiversos, el peligro está en saber pronosticar cuál de todos los caminos bifurcados conduce a nuestro futuro real. En la mayoría de los libros, los momentos de predicción sorprendentemente precisa están enredados con falsas profecías. La esfera de Bernal, del científico J.D. Bernal, por ejemplo, ha servido de inspiración para montones de libros y películas: un tipo de hábitat en el espacio con forma de asteroide hueco, previsto como hogar a largo plazo para residentes permanentes. Y no sólo eso: también fue pionero en hablar sobre lo que podría suceder al cerebro cuando el cuerpo muere, y qué podría hacer la ciencia para extender la vida y también postuló algunas teorías de lo que ahora llamamos cyborg.

Especialmente interesante es su idea con la que visualizó, de manera visionaria, un pequeño órgano sensorial para detectar frecuencias inalámbricas, ojos para infrarrojos, ultravioleta y rayos X, oídos para supersónicos, detectores de altas y bajas temperaturas, de potencial eléctrico y corriente. Con ese sentido inalámbrico, Bernal imaginó cómo la humanidad podría estar en contacto, independientemente de la distancia. Algo así como un super cerebro, una interconexión como el aumento de la inteligencia humana (“mente colmena”, de acuerdo con la ciencia ficción) que estaría pensada para la solidaridad: trabajadores del mundo, uníos. No es Inteligencia Artificial en el sentido de que hablamos de cerebros humanos individuales, y se trata más bien de una manera de que tus pensamientos, al poder compartirse, nunca morirían en este cerebro individual. Aun así, sin saberlo del todo, estaba imaginando internet con 60 años de adelanto.

Lo curioso es que no pudo adivinar que serían los ordenadores los necesarios para llevar a cabo este proceso. Las computadoras han sido un agujero frecuente en todas estas profecías, los pensadores sabían que se requería alguna forma de Inteligencia Artificial, pero, aunque la electrónica se desarrollaba rápidamente en radios y televisiones, no parecía tan obvio que pudiera utilizarse otro tipo de máquina electrónica que fuera a funcionar como un cerebro. Pudieron predecir biosferas, teléfonos móviles y efectos especiales, pero no el ordenador, la crisis de la obesidad o el resurgimiento de los fundamentalismos religiosos, y quizás eso nos ayude a nosotros a encontrar los agujeros de nuestro futuro.

Las principales técnicas que utilizan los gobiernos y las industrias de hoy para tratar de prepararse o predecir el futuro (exploración del horizonte y planificación de escenarios) están muy bien. Pueden ayudarnos a reducir las guerras y los accidentes financieros de raíz, aunque, obviamente, tampoco lo hacen siempre bien, pero como modelo para pensar sobre el futuro de manera más general, o para pensar sobre otros aspectos, tales métodos son profundamente reductivos. El pensamiento futuro burocrático suele ser soso e insípido, nada que ver con la ciencia ficción.

Quizás tenga que ver con que los futuros imaginados el siglo pasado siempre tenían un poso optimista, veían la tecnología como la solución y no como el problema. En la actualidad, los futuros imaginados tienen más probabilidades de verse ensombrecidos por las catástrofes, ya sean naturales o artificiales, como el cambio climático o la contaminación. Se culpa al capitalismo del daño infligido en el planeta y la tecnología es el enemigo. Lo más importante, en la actualidad, es la reducción de las emisiones de carbono y la contaminación, sin embargo parecemos haber llegado a un punto de no retorno, lo cual es peligroso, pues el planeta parece haber superado el punto de inflexión y continuarán aumentado los niveles incluso aunque intentemos detenerlos.

¿Estamos en un punto muerto en el que no se nos ocurren nuevos pensamientos futuros? Lo que parece cierto es que los años 20 y 30, tan rápidos y dinámicos, parecían obsesionados con la velocidad y el futuro. Nosotros, sin embargo, tenemos una continua nostalgia por el pasado. Hay pocos cohetes y más guerreros feudales y dragones. Quizá, si los futurólogos actuales pudieran hablar con sus predecesores, volverían a ver con positividad lo que nos aguarda en un futuro que está esperándonos.

FOTO Portada: Vintage Future (Digital Spatter)

Tomado de: El Confidencial. Agosto 29, 2019.