Nos merecemos los cadáveres

Nos merecemos los cadáveres que continuarán apareciendo por el país, y ellos a su vez se merecen que nosotros seamos sus espectadores, que comentemos y nos alarmemos por ellos en nuestras distintas redes sociales mientras el país se va a la mierda

POR Óscar Garduño Nájera

Nos merecemos los cadáveres que continuarán apareciendo por el país, y ellos a su vez se merecen que nosotros seamos sus espectadores, que comentemos y nos alarmemos por ellos en nuestras distintas redes sociales mientras el país se va a la mierda

Me cuesta trabajo escribir. Y es que frente a la situación tan alarmante en el país todo lo que se pueda decir está de más. Tampoco lo hago a través de mi cuenta de Facebook y siento pena por los que lo hacen. A mi juicio sólo buscan llamar la atención. Lo mismo publican un texto donde protestan contra el gobierno que una fotografía en el concierto de cualquier ridículo cantante de moda. ¿Sirve de algo? No lo sé. Que alguien me lo explique, por favor. En estos momentos soy sólo otro imbécil ciudadano más que no entiende de política, que teme por los suyos, que espera pronto largarse del país porque las vías y las opciones para transformarlo se han agotado, se nos terminó el tiempo de espera, ya resucitan al muerto, ya no respira, ya lleva días como un cadáver agusanado.

Estoy harto, en realidad. Fastidiado con las declaraciones y acciones de políticos que no me representan. Todos somos responsables de su cinismo. Y a la vez también estoy harto de mi propia inmovilidad. Dejamos que sean otros quienes se encarguen de las muertes en el país. Dejamos que sean otros quienes tomen las decisiones. Sí, estoy harto, y escupo sobre toda la clase gobernante. Lo digo como ciudadano que trabaja ocho horas al día de lunes a viernes. Lo digo como ciudadano que cada día se entera del terror que se vive en distintos estados del país. Las imágenes lo dicen todo: estamos en guerra desde hace varios años y el gobierno, ese gobierno surgido de una izquierda corrupta y vendida, lo niega, intenta montar una escenografía frente a los cadáveres, niños y niñas que escupen gusanos por las bocas entreabiertas, no se cansa (¿en realidad no se van a cansar nunca?) de culpar a los gobiernos anteriores, a las instituciones y la corrupción (¡por Dios!, ¿no tienes el control sobre esas instituciones, no eres responsable de tomar medidas drásticas?), a las facciones del crimen organizado: los asesinatos siempre son asunto de los que están en problemas, de los malos, de los que se lo merecen… ¿Hasta que vengan por tu esposa, por tus hijos, por los tuyos? ¿Hasta que tú mismo seas un número más en las estadísticas del terror? Otra vez: me asquea la forma que tienen nuestros políticos de hacer política, más de uno merecería la guillotina, y no lo digo metafóricamente, no se me mal interprete, por favor.

Sabes que las cosas realmente están podridas en tu país cuando desde distintos medios se invoca el regreso de los fascistas, asesinos y corruptos de un partido político que gobernó a México por más de cincuenta años y que propiciaron a crear el clima de terror que hoy se vive en todas las ciudades. Estoy asqueado, lo siento. No puedo con tantos cadáveres. Con tanta jodida indiferencia de las autoridades. A ellos les tendrían que asesinar a un familiar, a un hijo… porque quizás así entenderían lo que padecen los ciudadanos honrados, los que salen a diario de sus casas para buscar el sustento de sus familias y caminan atemorizados de que los asalten en el microbús, en la combi, en el metro, en el Metrobús. ¿Qué gobierno permite eso? ¿A quién le sirve que los ciudadanos honrados vivan con miedo? Vaya mierda: hace unos segundos acabo de ver un video donde asaltan a unos pasajeros de una combi a las cinco de la mañana. Los pasajeros son obreros, van a sus trabajos. ¿Cuánto creen ustedes que puedan traer en las bolsas? Y el ratero abre la puerta y los amaga con una pistola, apunta, es un hijo de puta que no dudaría en jalar el gatillo, imaginen su pasado, imaginen su futuro, es un hijo de puta que en esos momentos es un Dios absoluto: la vida de todos los pasajeros de esa combi depende de él, de sus decisiones, de lo mucho que venga pasado o no de cocaína, de piedra, si lo decide, ¡pum!, te mueres, a él no lo van a detener, y eso lo saben los pasajeros, quienes entregan sus pocas pertenencias, sobre todo los celulares, pues es lo que exige el ratero sin dejar de bajar la pistola. Otro de los rateros tira dos balazos al aire, el sonido de los balazos en el video se escucha justo, frío, macabro, y continúa la violencia verbal: te puedo meter un balazo, te puedo dar. Debería agregar: soy tu puto Dios y tu vida miserable está en mis manos.

Cuando huyen del lugar, la combi cierra sus puertas y… he aquí lo que destaca el sitio que presenta el video del asalto… los pasajeros permanecen en un absoluto silencio, inmóviles, en esos momentos sí son unos cadáveres que se miran entre sí, aceptan que de alguna manera ganaron con su pérdida, porque, bueno, el discurso de “las cosas materiales no importan”, “los celulares… ¡pero que te den un balazo por un IPhone!”,  son de los tantos discursos que se han entretejido con el horror de la cifra alarmante de homicidios en el país. Silencio. Mientras tanto me entero también que en estos momentos queman camiones en una carretera de Guerrero, las imágenes parecerían de una guerra, se los juro, pero no, se me olvida que estamos en México y aquí no hay más guerra que la que tenemos nosotros con nuestra indiferencia. Lo digo por mí y por todos. Yo no he hecho nada; ustedes tampoco. Lo digo por esa clase intelectual que no es capaz ni siquiera de ejercer una crítica contra el gobierno directa, frontal, incendiaria; lo hacen a través de Twitter, los Twitter cambian velozmente, lo que se dice hoy ya no tiene actualidad mañana, no sé si les importan los números de seguidores, pero así parece, se burlan de un gobierno, se ríen de sus medidas, mientras que los asesinos se ríen de nosotros porque comprenden que nos hemos rendido, que así como los pasajeros de la combi sólo esperamos que alguien jale del gatillo, estamos en sus manos, ellos son las nuevas deidades de nuestra horrorosa época. Lo repito: no soy nadie, no tengo alguna autoridad, ni moral ni intelectual, hablo como el obrero que soy, el que cobra sus quincenas puntualmente, el que debe meses sin intereses de una tarjeta de crédito, el que no puede pensar en una cita con alguien porque no llega a fin de quincena. Desde aquí hablo.

Nos merecemos los cadáveres que continuarán apareciendo por el país, y ellos a su vez se merecen que nosotros seamos sus espectadores, que comentemos y nos alarmemos por ellos en nuestras distintas redes sociales mientras el país se va a la mierda. Nos merecemos las muertes, los crímenes, la violencia. También nos merecemos a la clase política soberbia, lujosa e imbécil que tenemos, que sean ellos los que aprieten la mano de quien sostiene el gatillo, ¡pum, pum!, y que nuestras vidas se vayan mucho a la mierda.

FOTO Portada: Captan otro asalto en combi del Estado de México (Diario de México)