Albert Camus: ser siempre un extranjero

Camus es autor de memorables obras como La peste, El extranjero, El mito de Sísifo, entre otras. Algunos analistas de la obra del escritor argelino-francés lo han tildado de “profeta del absurdo”, ya que consideran que su novela expresa la visión de que la existencia humana es absurda, o sea, carente de sentido

POR Adriana Muscillo

Camus es autor de memorables obras como La peste, El extranjero, El mito de Sísifo, entre otras. Algunos analistas de la obra del escritor argelino-francés lo han tildado de “profeta del absurdo”, ya que consideran que su novela expresa la visión de que la existencia humana es absurda, o sea, carente de sentido

“Hoy, mamá ha muerto. O, quizás, ayer. No sé”. Uno de los comienzos más célebres de la literatura universal pertenece a El extranjero, la primera novela del escritor argelino-francés Albert Camus, de cuya muerte se cumplieron, el sábado 4 de enero, 60 años. Y se trata de un comienzo de lo más eficaz porque, en esa frase inicial, parece estar comprendida la esencia del protagonista, el señor Mersault: su indiferencia, su apatía, su desapego.

Camus nació en Argelia, en 1913, en el seno de una familia de colonos franceses, conocidos en Francia como los pieds noirs. En 1914, cuando estalló la Primera Guerra Mundial, perdió a su padre, por lo que creció con su abuela y su madre en un barrio pobre, sin libros ni revistas y con un tío como única figura paterna. Camus fue aficionado al deporte, práctica que tuvo que abandonar cuando enfermó de tuberculosis.

En 1949, visitó a la Argentina, como parte de un viaje que incluía Brasil y Chile. Y el año pasado, al cumplirse los 60 años de esa visita, hubo en el país una serie de homenajes, que incluyó la exhibición del original de La peste en la Biblioteca Nacional.

Ganador del Premio Nobel de Literatura en 1957, Camus fue acusado de imperialista por sus compatriotas y tildado de absurdista, de existencialista y de nietzscheano, aunque él renegó de todo. Fue amigo de Jean-Paul Sartre, de quien luego se distanció. Clarín conversó con la doctora Inés de Cassagne, experta en la obra literaria y filosófica del escritor y directora de la Sección Latinoamérica de la Sociedad de Estudios Camusianos: “Camus ha encarado la realidad concreta en su faz luminosa y en su anverso de dolor”.

–¿No fue ni absurdista ni existencialista ni nihilista?

–Camus es un pensador “objetivo”, no existencialista sino “existencial” en cuanto parte de lo existente para describirlo, profundizarlo, analizarlo, tomando en cuenta la condición esencial de los hombres y también su evolución personal y acorde a su entorno histórico. En propias palabras del autor: “No, yo no soy existencialista. Sartre y yo siempre nos sorprendemos de ver asociados nuestros nombres. Sartre y yo habíamos publicados nuestros libros antes de conocernos. Cuando nos conocimos, fue para constatar nuestras diferencias. Sartre es existencialista”. En la entrevista que cito, Camus continúa explicando que él, por su parte, ya “había publicado El mito de Sísifo, dirigido contra los filósofos llamados existencialistas”.

–¿Por qué se distanció de Sartre? Eran íntimos amigos. Sin embargo, en Les temps modernes ha surgido una disputa entre ellos: Camus acusa a Sartre de ser inmoral por identificarse con el comunismo; Sartre acusa a Camus de ser un iluso y un romántico.

–Sartre se vio contrariado por la afirmación camusiana de la “naturaleza humana” en El hombre rebelde y, probablemente, también porque se había acercado un tanto a grupos literarios pro-marxistas; a diferencia de Camus que, habiendo entrado en Argelia al Partido Comunista, lo abandonó pronto al comprobar que no compartía para nada ni su praxis ni su teoría. Entonces Sartre, como director de Les temps modernes, eligió a un joven principiante Jeanson para demoler el ensayo de su amigo y esto fue tomado como un desprecio por Camus. Así llegó a su fin la amistad entre ambos, si bien Sartre, tras la trágica muerte de Camus, le dedicó un elogio póstumo.

–Camus fue acusado por sus propios compatriotas de estar a favor del imperialismo francés. ¿Por qué los argelinos no lo quieren? Se dice que no hay ni un busto ni una estatua de él en Argelia.

–El que no haya estatua de Camus en Argelia no significa antipatía, ni odio ni desamor. Tampoco he visto en Francia ningún busto o estatua de Camus. Sí hay una calle con su nombre en el pueblito de Lourmarin, en la Provenza, zona mediterránea que le recordaba a su amada Argelia. En Lourmarin, está su sencilla casa y su más que sencilla, más bien pobre tumba, sin siquiera una losa, tierra adonde, según el uso, deposité una piedrita en señal de veneración. Lo que pudo apuntar en su contra es de tipo ideológico: una crítica literaria que se dice “anticolonialista”. Pero esto no lo alcanza a Camus, por más que él haya nacido en el período en que Argelia era una colonia de Francia (desde 1830) y había trasladado su cultura tanto agrícola como intelectual, tanto a los nativos árabes como a los emigrados franceses e hispanos. Camus tenía la doble ascendencia de su madre española y de su padre descendiente de franceses de la Lorena y se educó con programas de Francia. Aun así, en El primer hombre, Camus otorgaba mucha importancia a sus orígenes argelinos, tan apreciados, a los que consideraba “la fuente única y entrañable que alimenta lo que uno es y dice”.

–Sobre el accidente que ocasionó su muerte, se sabe que manejaba el editor Michel Gallimard, que iba muy rápido, pinchó un neumático y el vehículo perdió el control, estrellándose contra un árbol. En su momento se dijo que podría haber sido un atentado. ¿Qué opina?

–Fue un accidente automovilístico, volviendo de las Fiestas en la Provenza, ya cerca de París, el 4 de enero de 1960, a los 46 años, tras habérsele otorgado el Premio Nobel de Literatura dos años antes, es decir a los 44, “por su obra completa”. ¡Lejos estaba él de pensar que la había concluido! Al contrario, estaba desarrollando el tercer ciclo de su obra y llevaba en su mochila una novela bastante adelantada, El primer hombre. Quedó trunca por aquel trágico accidente. Muchos estudiosos de la Sociedad de Estudios Camusianos contribuyeron a recuperar y reorganizar el enorme material de manuscritos, notas sueltas y, bajo la dirección de Catherine Camus, la hija del autor, salió a luz esta obra magna con el título planeado, El primer hombre, en 1995, 35 años después de la desaparición del autor.

Monsieur Mersault, extranjero y extraño

Dans les archives de Match/ Albert Camus, le grand mort du kilomètre 90 (Pinterest)

En 1942 aparece El extranjero, de escritura eficaz desde el título: Mersault –un francés argelino— es un extranjero en su propia tierra pero, también, es un “extraño” –en francés, ambos sustantivos se dicen igual—. ¿Por qué extraño? Porque no se defiende cuando lo acusan de asesino y lo condenan a una ejecución capital: “Todo el mundo sabe que la vida no vale la pena ser vivida”, argumenta, “si todos vamos a morir, que sea ahora o dentro de 20 años, qué más da”.

Cuando está en la celda y piensa en su novia, Marie, dice que más allá de sus cuerpos nada los une. Y cuando están por “cortarle la cabeza en la plaza pública, en nombre del pueblo francés”, se niega a recibir consuelo: “No tengo nada que decir, no tengo ganas de hablar”. Por eso, algunos analistas de la obra de Camus lo han tildado de “profeta del absurdo”, ya que consideran que su novela expresa la visión de que la existencia humana es absurda, o sea, carente de sentido.

FOTO Portada FOTO Portada Extranjero  La ironía en la muerte del gran Albert Camus (El Siglo de Torreón)

Tomado de: Clarín. Enero 4, 2020.