La fealdad imaginaria

Hombres y mujeres son víctimas en igual proporción. Sin embargo, los jóvenes entre 15 y 30 sufren más. “Los que viven con el Trastorno Dismórfico Corporal tienen una preocupación exagerada por algún defecto imaginario en su apariencia física”, explica el psiquiatra Táki Cordás

POR Ana Gómez

Hombres y mujeres son víctimas en igual proporción. Sin embargo, los jóvenes entre 15 y 30 sufren más. “Los que viven con el Trastorno Dismórfico Corporal tienen una preocupación exagerada por algún defecto imaginario en su apariencia física”, explica el psiquiatra Táki Cordás

El escritor checo Franz Kafka (1883-1924) solía referirse a su propia apariencia de una manera despectiva. Para tener una idea del tamaño de su autoestima, “miserable” y “despreciable” fueron algunos de los adjetivos más utilizados en sus diarios. Algunas veces meditaba con “hombros caídos”. Otros, implicaba con “brazos torpes” o “postura doblada”. “Me aterrorizaban los espejos porque reflejaban una fealdad ineludible”, escribió una vez. No por casualidad, en su obra más famosa, La metamorfosis, el protagonista se despierta un buen día y se transforma en un bicho desagradable.

¿Era Kafka tímido, vanidoso o antisocial? Todo lleva a creer que enfrentó el Trastorno Dismórfico Corporal (TDC), que hoy afecta a 2 por ciento de la población, alrededor de 4,1 millones sólo en Brasil. En tiempos de redes sociales y apariencia culta en aumento, la imagen encuentra un terreno fértil para crecer.

Hombres y mujeres son víctimas en igual proporción. Sin embargo, los jóvenes entre 15 y 30 sufren más. “Los que viven con el TDC tienen una preocupación exagerada por algún defecto imaginario en su apariencia física”, explica el psiquiatra Táki Cordás, uno de los organizadores del libro. Trastorno dismórfico corporal: la mente que miente.

“Puede pensar que tiene una nariz tan grande que, si sale a la calle, asustará a todos. O ponerse paranoico porque cree que todos lo están mirando por la barbilla o la oreja”, señala.

En los días en que Kafka se negaba a comprar ropa nueva sólo para no tener que probársela frente al espejo, el TDC lo llamó dismorfofobia, o miedo patológico de estar deforme o deformarse. La condición fue descrita por primera vez en la literatura médica por el psiquiatra italiano Enrico Morselli en 1886. Casi un siglo después, en 1980, la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) reconoció la condición y la incluyó en la tercera edición de la revista: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, el DSM.

De acuerdo con el documento, considerado una guía de psiquiatría, el TDC lleva al individuo a provocar con un rasgo pequeño (una mancha en la cara o una cicatriz en la frente) y hasta el punto de tener que camuflarlo para salir de casa. A veces, el cisma es algo que ni siquiera existe, como una barriga abultada.

“Prevenir el TDC no es fácil porque es una afección con múltiples causas: hereditaria, psicológica y social”, explica el psiquiatra Marcel Higa Kaio, del Centro de Atención a los Trastornos de la Alimentación en la Universidad Federal de São Paulo. “Cualquier cosa que afecte la autoestima de uno, como el trauma o la intimidación, puede contribuir a la aparición de percepciones distorsionadas de la apariencia física”, indica.

Dismorfia corporal, cómo diagnosticarla

Obra de Leonardo Da vinci a carboncillo, perteneciente a una serie de caricaturas llamada Cabezas grotescas, realizada entre 1503 y 1507. (Pedro Molina/ Técnicas secas y húmedas/ Pinterest)

Los primeros signos de TDC generalmente no son detectados por psicólogos o psiquiatras. Son los dermatólogos y los cirujanos plásticos quienes, en la mayoría de los casos, tratan a pacientes que buscan procedimientos estéticos o intervenciones quirúrgicas para corregir los “defectos” que imaginan tener.

Más allá de los consultorios médicos, amigos, familiares e incluso compañeros de trabajo deben estar al tanto de algunas pistas. El principal de ellos es el comportamiento obsesivo y compulsivo, similar al de los pacientes con Trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

Día a día, cuando es hora de salir de la casa, la persona con el trastorno revisa repetidamente su supuesto defecto. Consumido por una fealdad imaginaria, intenta disfrazarla con ropa holgada, gafas de sol o maquillaje pesado. No convencido, él todavía pregunta: “Entonces, ¿estoy bien?” Finalmente, el miedo a la vergüenza es tan devastador que a menudo deja de salir y se aísla.

“El paciente a menudo no desea una preocupación excesiva por la apariencia, pero tiene dificultades para controlar lo que piensa y siente”, señala el psicólogo Rogeria Taragano, del Programa de Trastornos de la Alimentación del Instituto de Psiquiatría del Hospital das Clínicas de São Paulo. “Esta situación ocupa varias horas del día y genera sufrimiento intenso, así como daños a las relaciones personales e impacto en la calidad de vida”, agrega.

Síntomas del trastorno dismórfico corporal

Preocupación patológica: El individuo muestra extrema preocupación por uno o más “fracasos”. Pueden ser reales (e imperceptibles a los ojos de los demás) o imaginarios.

Pensamientos obsesivos: A menudo se pide la opinión de otros o se intenta convencerlos de que existe tal defecto. En comparación con terceros, es normal subestimarse.

Comportamiento repetitivo: el feo imaginario se mira en el espejo varias veces al día, o en un solo momento durante muchas horas. En ausencia del espejo, todo vale: teléfono celular, escaparate e incluso charco.

Sufrimiento exagerado: Tener TDC duele. Para disfrazar su “anomalía”, el usuario usa ropa holgada, gafas de sol o maquillaje pesado. A veces evita salir de casa.

¿Dónde está la insatisfacción en hombres y mujeres?

Mujeres

Piel, cabello, nariz, senos, caderas, piernas, nalgas.

Hombres

Genitales, cabello, masa muscular.

Los dos

Peso, abdomen.

Dismorfia de Snapchat

(IMAGEN: CookieKaryll/ Enfer)

Hubo un tiempo, no hace mucho, cuando las mujeres llegaron a sus oficinas con fotos de modelos de celebridades o revistas. El objetivo era mostrar a los cirujanos cómo les gustaría verse. Hoy, el estándar de belleza ya no lo dictan las celebridades sino los filtros de aplicación.

La advertencia proviene de científicos de la Universidad de Boston, Estados Unidos, que recientemente publicaron un estudio que causó ruido. De acuerdo con el análisis, la nueva generación quiere hacer que el plástico se vea como la versión retocada de sí mismo en la pantalla del teléfono.

El fenómeno incluso se ha ganado un apodo, Snapchat Dysmorphia, aludiendo a la primera aplicación que ofrece características para adelgazar la nariz, aclarar el tono de la piel o resaltar los pómulos.

“Todavía hay pocos estudios que asocian el uso de las redes sociales con el TDC”, explica la psicóloga Grazielle Bonfim, de São Paulo, autora de una revisión sobre el tema. “Sin embargo, la gran cantidad de videos y fotos publicados tiende a hacer que las personas se comparen entre sí, lo que puede aumentar sus preocupaciones de imagen”, indica.

En Brasil, el primero en describir el dismorfismo corporal, coincidencia o no, fue un cirujano plástico: el minero Ivo Pitanguy (1926-2016), en 1976.

Una de las pioneras en diseccionar el trastorno de verdad en Brasil fue la doctora Luciana Conrado, de la Sociedad Brasileña de Dermatología. En 2008, cuando defendió su tesis doctoral sobre el tema, ya estaba enseñando mecanismos de identificación a otros colegas. Después de todo, de cada 100 pacientes atendidos en consultorios de dermatología, al menos 14 tendrían Behavior Driven Development BDD (Desarrollo Dirigido por Comportamiento). En las clínicas de cirugía plástica, el número es más alarmante: 57.

“El cuerpo dismórfico, no importa cuán estéticos sean los tratamientos, nunca está satisfecho. Cuando el médico corrige un supuesto defecto, pronto arregla otro”, añade Luciana.

Por esas y otras razones, el médico aconseja: a la menor señal de BDD, lo indicado es buscar un psiquiatra. En la mayoría de los casos, el tratamiento combina la terapia cognitiva conductual con antidepresivos recetados.

Si bien la psicoterapia crea estrategias de afrontamiento para situaciones de riesgo, como mirarse al espejo o caminar, la medicación ayuda a superar obstáculos como la fobia social, la ansiedad y el síndrome de pánico. La combinación no resuelve la distorsión de la autoimagen, pero atenúa significativamente los síntomas.

Cuanto antes se detecte el trastorno, mejor. “A veces, la familia sólo busca atención cuando la afección empeora. Entonces hay muy poco que hacer más que hospitalizar al paciente”, abunda la psicóloga Joana de Vilhena Novaes, del Centro de Enfermedades de Belleza del Laboratorio Interdisciplinario de Investigación e Intervención Social de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro.

“Sin un seguimiento multidisciplinario, los dismórficos del cuerpo pueden cometer autolesiones e incluso intentar suicidarse”. En la eterna lucha con el espejo, lo que es realmente bueno es vigilar la mente.

Casos famosos

Además del escritor Franz Kafka, otras personalidades ya han mostrado signos de dismorfismo corporal. ¿Quién no recuerda al cantante estadounidense Michael Jackson (1958-2009)? Sufrió tanto plástico que su rostro era irreconocible. Entre otras cosas, se adelgazó la nariz, se aligeró el tono de su piel y se alisó el pelo.

El actor británico Robert Pattison, de 33 años, admitió que debido a que se considera pequeño, odia quitarse la camisa en público o ir a la playa.

En el ala de mujeres, la socialité suiza de 79 años Jocelyn Wildenstein estima que ya ha gastado más de 4 millones de dólares en tratamientos estéticos y plásticos. Y la ex modelo británica Alicia Douvall, de 40 años, perdió gran parte del movimiento de su cara después de someterse a más de 350 cirugías.

FOTO Portada Review: Umberto Eco On Ugliness (Philosophy Matters)

Tomado de: Noticias RTV. Noviembre 9, 2019.