Del terror de las musas a la realidad terrorífica

La literatura de fictut (ciencia ficción como ficción de futuro), este subgénero, muy despreciado en general, a pesar de encontrarse también en él magnífica literatura, ha intentado describir siempre la manera en que seres humanos ordinarios reaccionan ante las excepcionales circunstancias impuestas sobre ellos inesperadamente

POR Martín-Miguel Rubio Esteban*

La literatura de fictut (ciencia ficción como ficción de futuro), este subgénero, muy despreciado en general, a pesar de encontrarse también en él magnífica literatura, ha intentado describir siempre la manera en que seres humanos ordinarios reaccionan ante las excepcionales circunstancias impuestas sobre ellos inesperadamente

El tema literario del fin del mundo tiene, quizás, en el Diario del año de la peste, de Daniel Defoe, el primer gran referente literario. Se trata de una reconstrucción imaginaria de Londres en 1665, en la época en que la peste bubónica fue introducida en el puerto por ratas de los barcos dedicados al comercio con Oriente.

Aunque está escrito como una autobiografía, el sujeto metadiegético no puede identificarse con el autor, que por entonces debería tener cinco años, sino que Defoe utilizó una especie de memoria o apuntes que un tío suyo había escrito, y que había vivido la letífera epidemia en edad adulta.

Antes de arrasar Londres la peste ya había asolado las ciudades de Amsterdam y Rotterdam. Dos franceses fueron las primeras víctimas de la peste en Londres. La peste se extendió rápidamente y causó el exterminio espantoso y horrible de gran parte de la población, pero la ciudad milenaria de Londinum sobrevivió, y extrajo una nueva fortaleza moral de la dura prueba.

Los más ricos huyeron al campo con la esperanza de escaparse de la muerte. Las mismas tablas de muertos que hoy nos exponen diariamente los periódicos, aparecen en esta novela del siempre disidente y amante de la libertad Daniel Defoe. El protagonista-relator decide quedarse en Londres, contra los consejos de su hermano, a fin de no cerrar la empresa de la que vivían algunas familias amigas.

También entonces la gente se confinaba en sus casas, y la experiencia que el protagonista tuvo de aquel horror la quiere brindar a las generaciones futuras, “por si algún día vuelve a ocurrir”, que la tierra se infecte de pecado y enfermedad, como una auténtica Akeldama.

Defoe había tenido una extensa experiencia con la literatura de terror, como prueban sus Historias de fantasmas y de crimen, y aprovecha el terror que sus Musas le inspiraron para subrayar la realidad terrorífica. Esta realidad terrorífica se nos asemeja hoy tanto a la literatura que nos parece “figura” y no realidad.

Calles fantasmas, plazas fantasmas, carreteras desiertas, jardines solitarios, parques huérfanos, y una humanidad aparecida en los supermercados como amenaza siempre y amago de contagio.

Defoe utiliza en esta obra una prosa propia de informe o expediente administrativo, casi sin duda basada en la pulcra descripción que Tucídides, en el Libro II, hace de la peste (limós) que se abatió sobre Atenas, en el segundo año de la Guerra del Peloponeso y que, entre otros acabó con la vida de Pericles. Una prosa que es la madre de la crónica periodística.

Los novios de Manzoni

Diario del año de la peste: el coronavirus hace 350 años (El Periódico)

Manzoni, el segundo nombre de la literatura italiana, también tratará de la peste que asoló Milán, pocos años antes que Londres, en su magnífica novela histórica Los novios. Es evidente que la descripción que Manzoni hace de la mortal pestilencia lo debe todo a las primeras páginas del Decamerón, del humanista Giovanni Boccaccio, libro que, por cierto, nos enseña, a través de la feliz sugerencia que la encantadora Pampinea hace a sus amigas, a pasar el tiempo del mejor modo, proficuamente, mientras dura la pestilente pandemia y, a la vez que corremos tras la salud, gocemos de lindas historias que alejen la mente un poco del duro presente y solacen el corazón.

Porque esta gripe no sólo puede quitarnos la vida, sino también las instituciones invisibles y propias de la civilización. Por eso, hacer literatura fantástica, de entretenimiento, en épocas de pandemia es una forma de mantener viva la cultura. Y hoy Internet puede sustituir a la pequeña comunidad de siete deliciosas chicas y tres chicos, extendiéndola a millones, si bien yo preferiría la comunidad tangible que instauró Boccaccio.

La literatura de fictut (ciencia ficción como ficción de futuro) se ha ocupado, a partir de los magníficos modelos de todas estas obras citadas, de la gran cuestión de los últimos tiempos y de las razones para su fin. Este subgénero, muy despreciado en general, a pesar de encontrarse también en él magnífica literatura, como la de Anthony Burguess, ha intentado describir siempre la manera en que seres humanos ordinarios reaccionan ante las excepcionales circunstancias impuestas sobre ellos inesperadamente.

Una pandemia imparable que arrase poblaciones enteras en pocos días, una invasión de extraterrestres, la deshidratación del globo, un asteroide que sale de su órbita y se desvía hacia la tierra amenazante, la guerra nuclear, la rebelión de las máquinas, una neurosis global de canibalismo… Muchas son las maneras que la literatura ha imaginado un fin del mundo inesperado, antes de que el Sol se enfríe y se apague. Pero lo que nos resulta ya evidente es que el hombre sabe muy bien terminar consigo mismo sin necesitar la ayuda de la Naturaleza.

Por lo demás, las pestes nunca han traído Armagedón ni la Parousía de Jesucristo, entre nuevas trompetas de Jericó, ni lo recomenzaremos todo como después del Diluvio, pero sin duda esta peste nos apela, como las anteriores, sobre nuestro comportamiento, muchas veces egoísta e insolidario, y nos hace salir a la calle a gritar: “¡Viva los médicos, la heroica y verdadera vanguardia de la Humanidad!” Lo recordaremos si seguimos vivos; por los muertos y las profecías del bueno de don Simón, que ha hecho las veces de la rana venusina de Asimov, que es además telépata. Y preferimos, desde luego, las inspiraciones más terroríficas de las Musas a esto.

*Doctor en Filología Clásica

FOTO Portada Diario del año de la peste (Página12)

Tomado de: El Imparcial. Marzo 27, 2020.