Comala: un pueblo más caliente que el infierno

En 1953, Rulfo publicó su libro de cuentos El llano en llamas. “Tuve que regalar las primeras ediciones. No se vendieron nunca”. En 1955 publicó Pedro Páramo. “Se necesitan tres veces leerla para entenderla”, dijo en un reportaje. El escritor la definió como una novela difícil, que su generación no la entendió ni la consideró interesante

POR Daniel Mecca

En 1953, Rulfo publicó su libro de cuentos El llano en llamas. “Tuve que regalar las primeras ediciones. No se vendieron nunca”. En 1955 publicó Pedro Páramo. “Se necesitan tres veces leerla para entenderla”, dijo en un reportaje. El escritor la definió como una novela difícil, que su generación no la entendió ni la consideró interesante

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de lo que haría, pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo”. Así es el comienzo de la novela Pedro Páramo de Juan Rulfo. No se puede agregar más a este primer párrafo.

Pedro Páramo fue publicada en 1955. La escribió en cuatro o cinco meses. Se convirtió en un clásico del realismo mágico latinoamericano. Gabriel García Márquez dijo que “no son más de 300 páginas, pero son casi tantas, y creo que tan perdurables, como las que conocemos de Sófocles”. El mexicano Juan Villoro sintetizó que estas páginas (en su edición eran 159) están atravesadas por ánimas en pena, caballos desbocados, prófugos que regresan a su atroz punto de partida, territorios donde los tiempos se diluyen. Hermoso.

La trama: Juan Preciado llega al pueblo de Comala en busca de su padre llamado Pedro Páramo. Como se describe en el libro, Comala es un pueblo que está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del Infierno. “Con decirlo –dice el libro— que muchos de los que allí se mueren, al llegar al Infierno regresan por su cobija”. El comal –explicó una vez el propio Rulfo— es un recipiente de barro que se pone sobre las brasas para calentar las tortillas.

Rulfo había nacido en 1917 en un pueblo de dos mil habitantes llamado Apulco. Era un pueblo en una barranca con calles torcidas, empinadas, donde su abuelo había construido casi todo el pueblo, como el puente sobre el río y la iglesia. Su infancia estuvo atravesada por la llamada Guerra Cristera (1926-1929) y por muertes en su familia. Recayó en un orfanato en Guadalajara. Dijo que era como una cárcel. Indicó: lo único que aprendí ahí es a deprimirme.

La novela es como si se hablara. Las voces del libro se superponen como fantasmas. Hablan los muertos. Hablan los vivos. O, mejor dicho, por momentos ya no se sabe quién habla en ese coral de voces que es este viaje moderno de Dante al infierno. Es el vagabundeo de las ánimas en busca de la palabra. Los personajes no tienen rostro. La prosa es de una ternura violenta y sencilla.

En la edición de su Biblioteca personal, Borges escribe que Pedro Páramo es una de las mejores novelas de la literatura de lengua hispánica, y aun de la literatura. En esa reseña, básicamente, le destaca dos cosas: elogia que Rulfo apenas haya publicado libros y dice que Pedro Páramo es un texto fantástico. Economía de la palabra y ficciones. Cómo no iba a gustarle a Borges.

Juan Rulfo hizo de todo en su vida. Trabajó diez años en una oficina en un departamento de inmigración que “perseguía” inmigrantes ilegales (“nunca capturé a ninguno”); fue publicista de las cubiertas de autos Goodrich y luego vendedor de esos neumáticos. Recién hacia 1940 comenzó a publicar textos. En 1953 publicó su libro de cuentos El llano en llamas. “Tuve que regalar las primeras ediciones. No se vendieron nunca”.

En 1955, finalmente, publicó Pedro Páramo. “Se necesitan tres veces leerla para entenderla”, dijo en un reportaje. El escritor la definió como una novela difícil y contó que su generación no la entendió ni la consideró interesante. Rechazó que dijeran que no tiene estructura porque, para él, es un texto sostenido en pura estructura. Es un libro –siguió— donde está roto el tiempo y el espacio, y que trabajó con muertos porque eso le permitió no ubicarlos en ningún momento. Resumió: es una novela de fantasmas.

El primer cuento que publicó Juan Rulfo se llamó “La vida no es muy seria en sus cosas”. Ciertamente.

FOTO Portada Juan Rulfo, las obras que debes conocer del escritor mexicano (AD México)

Tomado de: Clarín. Abril 12, 2020.