Saul Bellow: el maestro de la melancolía cómica

La reputación internacional de Saul Bellow queda asentada tras la publicación de Herzog en 1964, relato “autobiográfico” en el que narra su periplo como “cornudo” cuando su mejor amigo le arrebata a su segunda esposa

POR Teresa Amiguet

La reputación internacional de Saul Bellow queda asentada tras la publicación de Herzog en 1964, relato “autobiográfico” en el que narra su periplo como “cornudo” cuando su mejor amigo le arrebata a su segunda esposa

El 5 de abril de 2005 falleció el premio Nobel de Literatura de 1976 Saul Bellow. Contaba 89 años. Maestro de la melancolía cómica, gustaba de afirmar: “He estado muy ocupado desde mi circuncisión”. Cinco esposas, tres hijos y una hija a los 84 años, amén de una premiada vida literaria, daban fe de ello.

“Si estoy como una cabra qué le voy a hacer”, declaraba el Nobel, irónico.

Solomon Bellow nació en Lachine, en el Quebec canadiense. Papá Abram Bellow, harto de vender cebolla egipcia en su San Petersburgo natal, había decidido abandonar su país e instalarse en pleno Canadá francófono. Pero, cuando uno de sus hijos, el pequeño Solomon de sólo ocho años, enferma de tuberculosis y permanece seis meses hospitalizado, el paterfamilia toma la determinación de cruzar la frontera e instalarse en Estados Unidos. La ciudad elegida es Chicago.

Pongámonos en situación: a mediados de los años veinte, Chicago es un nido de inmigrantes. Los Bellow, judíos cuyo primer idioma es el hebreo, se instalan en Humboldt Park, rodeados de vecinos que hablan en polaco, griego o alemán. La urbe es un hervidero de gángsteres: Al Capone es el rey del hampa. Dos grandes negocios, mataderos y mafia, llevan la batuta de la ciudad, con un nexo común: la sangre. Ambos conforman la idiosincrasia de Chicago. La Gran Depresión azota a la sociedad estadounidense.

Solomon cambia su nombre a Saul cuando empieza a publicar en los años 40 y hace de su vida una amalgama de folios que devienen una vasta obra. Pluma en mano, jamás deja de narrar, empecinado en llevar a término su vocación de “historiador social”, como gustaba de definirse, hasta erigirse en uno de los grandes de la literatura norteamericana moderna.

Obras como Las aventuras de Augie March, por la que obtiene en 1954 el primero de los tres National Books Awards de su premiada vida literaria, lo empiezan a encumbrar como autor. Su reputación internacional queda asentada tras la publicación de Herzog en 1964, relato “autobiográfico” en el que narra su periplo como “cornudo” cuando su mejor amigo le arrebata a su segunda esposa. En 1975 se hace con el Pulitzer con El legado Humboldt y tres meses después, en octubre de 1976, recibe el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en el sexto escritor de religión judía en recibir el galardón, por “su comprensión humana y su análisis sutil de la cultura contemporánea”. Bellow cuenta 61 años. Y la vida continúa.

Saul, guerrero de las letras y la vida, protagoniza una existencia plena: se casa cinco veces, tiene tres hijos y, a los 84 años, una hija. Se codea con presidentes como J.F. Kennedy o Lyndon Johnson y con estrellas de Hollywood como Marilyn Monroe o Jack Nicholson.

La voz del humanista judío de Chicago, “maravillosamente lúcido hasta el final”, se extinguió a los 89 años en su casa de Brookline (Massachussets).

FOTO Portada Saul Bellow (Revista SML)

Tomado de: La Vanguardia. Abril 5, 2020.