Ciencia ficción: género para reflexionar sobre los miedos

Esta pandemia puso en evidencia también lo fácil que es para los Estados hacer cumplir órdenes radicales a un nivel masivo en tiempo récord. En este caso son medidas virtuosas para la salud de todos, pero es una experiencia que se puede usar para objetivos menos nobles y democráticos”, explica el periodista Pable Plotkin

POR Télam

«Esta pandemia puso en evidencia también lo fácil que es para los Estados hacer cumplir órdenes radicales a un nivel masivo en tiempo récord. En este caso son medidas virtuosas para la salud de todos, pero es una experiencia que se puede usar para objetivos menos nobles y democráticos”, explica el periodista Pable Plotkin

En momentos en que se discute el paradigma de vigilancia digital implementado por países como China o Corea del Sur para atenuar el avance de la pandemia y la posibilidad de expandir el modelo a los países occidentales a través de una biopolítica que permita tener acceso ilimitado a los individuos, la ciencia ficción, con su bagaje de historias que narran los efectos del control estatal en sociedades articuladas por la tecnología, parece ser el género apropiado para reflexionar sobre los miedos y riesgos que ha instalado el coronavirus.

“Tiendo a sospechar que la literatura jamás refleja la realidad, sino que refracta un estadio fantasmático de la imaginación. Es evidente que desde la digitalización de la vida la ciencia ficción capta mucho mejor ese estado, y la pandemia es sólo una prueba de esto. El futuro es incierto desde la bomba nuclear y esa incertidumbre se maximizó con la inteligencia artificial”, señala el escritor Hernán Vanoli.

“El realismo distópico, que yo prefiero antes que el término ciencia ficción, viene trabajando con cuestiones de biopoder, que es justamente el lugar donde el poder y la tecnología se encuentran para formatear al cuerpo humano. El cuerpo humano es el sujeto de las mejores distopías de los últimos treinta años, y por citar sólo un libro que no es considerado dentro de este género está Las partículas elementales de Michel Houellebecq», abunda.

El autor de Pinamar considera también que el escenario de pandemia ha licuado la identidad de los escritores y su elocuencia para leer este nuevo escenario: “Creo que en contextos devaluatorios para la identidad hay que ir a una moneda segura y la única moneda segura hoy es, quizás, el silencio”, aexplica. Todos sabemos que, al igual que la televisión, un escritor no tiene nada para decir día a día sobre una pandemia como la que vivimos. Cuando hay normalidad el artista puede proponer su excepcionalidad. Pero cuando hay estado de excepción el artista corre el riesgo de develarse como banal”.

“Me parece que es muy pronto para sacar conclusiones en relación a los efectos del virus en nuestras sociedades. Aún más en los efectos sobre la literatura que trabaja desplazando y condensando materia social. Como dice Piglia, es una práctica de lo inactual” –indica el escritor Juan Mattio. Fredric Jameson dice que en la ciencia ficción podemos encontrar vestigios del inconsciente político en determinada coyuntura histórica. Es decir, a partir del género, podemos relevar las inquietudes, las expectativas y los temores con los que una comunidad explora su propio futuro».

El periodista y escritor Pablo Plotkin expresa que es prematuro conjeturar sobre las secuelas que dejará el coronavirus: “Creo que estamos demasiado metidos en el problema como para proyectar. Los efectos de esta pandemia y de esta cuarentena se verán de acá a un tiempo, tanto los psicológicos como los artísticos”, indica. En este momento se hace difícil escribir ficción, y especialmente ficción distópica, parece banal, o que uno corre con desventaja frente a las noticias. Habrá que ver qué pasa cuando volvamos a cierta idea de normalidad”, añade.

“La relación Estado-individuo, o la capacidad de daño de las estructuras de poder sobre las personas también es muy central en la ciencia ficción, de Orwell a M. John Harrison, de Ursula K. LeGuin a China Miéville. Esta pandemia puso en evidencia también lo fácil que es para los Estados hacer cumplir órdenes radicales a un nivel masivo en tiempo récord. En este caso son medidas virtuosas para la salud de todos, pero es una experiencia que se puede usar para objetivos menos nobles y democráticos”, advierte.

Para el escritor Pablo de Santis, el imaginario de la ciencia ficción no está tan emparentado como parece con un accionar implacable de la tecnología: «Solemos relacionar la ciencia ficción con la tecnología; pero en realidad en las novelas es más frecuente el fracaso de máquinas y experimentos que el éxito”, i9ndica.

“H.G.Wells imagina la invención de un procedimiento para volver a los hombres invisibles; de inmediato la vida del invisible se convierte en una pesadilla. Los astronautas de Solaris, de Stanislav Lem, viajan hacia una lejana zona del espacio para encontrarse con su propio pasado, con sus muertos y sus miedos”, señala.

Para el autor de Filosofía y letras, la ciencia ficción no se ocupa, en general, más que del momento en que la tecnología revela sus límites o sus peligros: “Es un género siempre propenso, de un modo velado, a la sátira”, indica. De hecho, nació como sátira, si tenemos en cuenta Micromegas de Voltaire o Viaje a la luna de Cyrano de Bergerac. Y las novelas sobre catástrofes universales muy a menudo están inspiradas en una especie de reconvención moral, propia de la sátira: todas las cosas que juzgamos materialmente valiosas pueden dejar de serlo en un instante”.

FOTO Portada Fotograma de Blade Runner 2049, adaptación de la famosa distopía de Ridley Scott (Columbia Pictures)

Abril 20, 2020.